De cruzar el Atlántico en cayuco a triunfar como conductor de Cabify por las calles de Madrid

Llegó a España con 19 años, sin documentación, dinero ni conocimientos de español. Tras trabajar como repartidor y cocinero, Papa Dia ha logrado rehacer su vida como uno de los conductores mejor valorados de Cabify en Madrid.

Papa Dia recorrió en cayuco los miles de kilómetros que separan Senegal de las costas españolas. Casi dos décadas después, trabaja como conductor para Vecttor, empresa filial de Cabify, y se ha convertido en uno de los profesionales más destacados de la plataforma en Madrid.

Papa llegó a Madrid sin papeles, dinero, amigos ni conocimientos de español

Con 19 años, Papa se embarcó junto a su hermano y otras 83 personas para cruzar el océano Atlántico. El viaje duró una semana. Uno de los pasajeros perdió la vida antes de alcanzar las costas españolas. Tras ser rescatado por Cruz Roja en La Gomera, fue trasladado a Madrid. Su hermano, la única persona que conocía en España, acabó destinado a Barcelona.

“Me sentía perdido porque llegué sin papeles, sin amigos, sin dinero y sin idioma. Me tocaba luchar día a día para conseguir mi futuro”, recuerda. Las dificultades para comunicarse aparecían en situaciones cotidianas, como hacer la compra. Papa comenzó a estudiar castellano durante los fines de semana en una asociación, aunque sus horarios laborales terminaron impidiéndole acudir a las clases.

Aun así, continuó aprendiendo por su cuenta. “Para integrarse en un país tienes que luchar como sea para poder aprender el idioma”, sostiene. Actualmente habla wolof, francés, español y chino.

De repartir comida y cocinar en un restaurante chino a conducir en Madrid

Sus primeros ingresos llegaron trabajando como repartidor. Más tarde entró en la cocina de un restaurante chino, donde empezó realizando las tareas más básicas y terminó ejerciendo como cocinero especializado en comida asiática.

Durante aquella etapa aprendió chino, ahorró dinero y obtuvo el permiso de conducir. Después decidió abandonar la cocina para comenzar una nueva trayectoria profesional al volante.

Papa todavía recuerda su primer servicio con Cabify. Cuando llegó al punto de recogida, no sabía cómo deslizar la pantalla de la aplicación para confirmar que el pasajero había subido al vehículo.

Los nervios se apoderaron de él, pero el propio cliente le explicó cómo debía utilizarla. “Con su paciencia y su comprensión, logré dejarlo bien en su destino. Con aquel viaje empezó de verdad mi día a día como conductor”, relata.

La actitud y el trato al pasajero le hicieron destacar en Cabify

Casi tres años después de aquel primer servicio, Papa figura entre los conductores mejor valorados de la plataforma en Madrid. Su manera de trabajar parte de tres normas: vestir correctamente, mantener el vehículo limpio y cuidar el ambiente dentro del coche.

También concede especial importancia a una conducción tranquila. “Cuando alguien sube a mi coche tiene que sentir que el servicio es distinto, porque soy la imagen de mi empresa y de Cabify”, afirma.

Su prioridad es adaptar el trayecto a cada pasajero. Si una persona prefiere permanecer en silencio, respeta esa decisión. Si desea hablar, mantiene la conversación. Cuando recoge a jóvenes durante el fin de semana, recurre a una selección de música española.

“Un conductor de VTC es más que un conductor, es casi un psicólogo”, explica. Para Papa, el estado de ánimo personal debe quedarse fuera del vehículo cuando comienza la jornada laboral.

El viaje por carretera a Dakar que cerró un círculo personal

Al recordar al joven que llegó solo y asustado a Madrid, Papa tiene claro qué consejo le daría: “Que luche y que no se rinda. España es un país donde, si de verdad quieres salir adelante y buscas un buen futuro, puedes conseguirlo”.

Años después de cruzar el Atlántico en cayuco, decidió recorrer en sentido contrario los 3.750 kilómetros que separan Madrid de Dakar. Esta vez viajó conduciendo su propio coche y completó la ruta en solitario durante cinco días.

“He hecho la ruta entre España y Senegal por el mar, en avión y también por tierra, conduciendo yo solo”, cuenta con orgullo.

Su historia comenzó en el océano, continuó entre repartos y fogones y ahora transcurre sobre cuatro ruedas por las calles de Madrid.

Deja un comentario