Una auxiliar de ayuda a domicilio denuncia los prejuicios que soportan miles de trabajadoras del sector y recuerda que sus funciones están reguladas. El sistema de dependencia atiende ya a casi 1,7 millones de personas en España.
En España, los cuidados a domicilio se han convertido en un apoyo imprescindible para miles de familias con personas mayores o dependientes. Según recoge el BOE con datos del SISAAD, en mayo de 2026 había 1.682.785 personas beneficiarias de alguna prestación o servicio del sistema de dependencia, mientras que el SAAD emplea a más de 500.000 personas, un 80% mujeres.
En este contexto, María Adame, auxiliar de ayuda a domicilio, ha querido responder públicamente a quienes reducen su trabajo a limpiar casas o hacer recados. Su mensaje es claro: “No somos limpiadoras, somos auxiliares de ayuda a domicilio, profesionales del cuidado con funciones reguladas por normativas y planes de atención aprobados por servicios sociales”.
Las auxiliares de ayuda a domicilio denuncian que aún se las confunde con limpiadoras
María explica que muchas profesionales siguen escuchando comentarios que las tratan como si fueran “sirvientas sin criterio, sin formación y sin derechos”. Una imagen que, según denuncia, no se corresponde con la realidad de una profesión que exige responsabilidad, preparación y una atención directa a personas con distintos grados de dependencia.
La ayuda a domicilio no consiste en hacerse cargo de toda una vivienda ni en asumir cualquier encargo de la familia. Su labor se centra en apoyar a la persona usuaria en tareas cotidianas, acompañarla, favorecer su bienestar y atender necesidades concretas marcadas por los servicios sociales.
El Ministerio de Derechos Sociales también ha destacado que las prestaciones en entornos de proximidad tienen cada vez más peso, ya que el 57% de las prestaciones del sistema se dan en hogares y en el entorno cercano.
Qué tareas pueden hacer las cuidadoras según el Plan Individual de Atención
Una de las cuestiones que María quiso aclarar es la diferencia entre ayudar en el domicilio y encargarse de la limpieza completa de una casa. La auxiliar señala que sí pueden limpiar el baño si se ha utilizado, la cocina si se ha usado o hacer la cama cuando forma parte de la atención diaria.
“Eso se llama limpieza funcional y está recogida en la normativa”, explica. Lo que no forma parte de sus funciones, añade, es “limpiar la casa entera, hacer limpieza profunda o ir porque toca”.
También recuerda que tareas como hacer la compra, acudir a la farmacia, acompañar al médico o salir a pasear solo se realizan cuando aparecen autorizadas en el Plan Individual de Atención, con tiempos y objetivos concretos. No son favores ni encargos que puedan imponerse fuera de lo pactado.
Marcar límites en los cuidados a domicilio también es reclamar derechos laborales
María insiste en que llevar bata no significa querer aparentar otra profesión, sino protegerse y mantener unas condiciones mínimas de higiene. “Tener formación sociosanitaria no nos hace médicas, pero tampoco nos convierte en chicas para todo”, afirma.
Su denuncia apunta a una realidad que muchas auxiliares llevan años señalando: asumir más tareas de las que corresponden, soportar desprecios y cargar con un desgaste físico y emocional que pocas veces se reconoce.
“No somos vagas, no queremos cobrar sin trabajar y no nos negamos a cuidar”, defiende. Lo que rechazan, asegura, son los abusos, las exigencias fuera de función y el trato despectivo hacia un trabajo esencial para sostener el sistema de cuidados.
La auxiliar concluye con un mensaje dirigido a quienes aún no entienden estos límites: si una familia necesita a alguien para limpiar toda la casa, hacer recados sin límite y estar disponible para cualquier tarea, no está buscando ayuda a domicilio, sino otro servicio distinto.
