Nikki, 77 años, explica cómo vive sola en un velero donde cultiva, cose, repara averías y navega durante semanas

Dejó su empleo a comienzos de los años ochenta y aprendió a mantener su barco sin tripulación. Durante el verano puede pasar hasta cuatro semanas sin ver otra embarcación.

Nikki tiene 77 años y lleva 44 años viviendo y navegando sola a bordo de un velero en Alaska. Su historia ha vuelto a difundirse tras una entrevista del canal The Alaskan Gypsy Life y un artículo publicado el 1 de agosto de 2026. En el vídeo cuenta cómo dejó su trabajo y aprendió a navegar cerca de Anchorage. Con los años terminó asumiendo todas las tareas de su hogar flotante, desde el gobierno del barco hasta la mecánica y la electricidad.

Dejó su empleo y aprendió a navegar para no depender de una tripulación

Para Nikki, la decisión inicial no consistió en retirarse del mundo, sino en ganar independencia. A comienzos de la década de 1980 dejó su empleo y recibió sus primeras nociones de navegación en Big Lake, cerca de Anchorage. Después compró una pequeña embarcación y se trasladó a Valdez. Su trayectoria comparte un punto con otras personas que dejaron un trabajo estable para reorganizar por completo su vida.

Al principio navegaba acompañada, pero depender de amigos o tripulantes la obligaba a permanecer amarrada cuando nadie podía acompañarla. Por eso fue aprendiendo cada tarea necesaria para salir sola. La decisión despertó recelos entre algunos navegantes. Según su relato, uno de sus instructores llegó a escribir que nunca debía estar al mando de un barco. Nikki no convirtió aquella opinión en una prohibición y continuó formándose.

Su barco funciona como vivienda, taller y antiguo negocio de costura

Después de cuatro décadas, Nikki se encarga del gobierno, el mantenimiento y las reparaciones. Ha aprendido mecánica, electricidad marina, fontanería, calefacción diésel y sistemas hidráulicos. Lo resume con una frase: «Soy de todo. Esto es un trabajo para una sola persona». También reconoce que aceptaría ayuda, un matiz que evita presentar su autosuficiencia como una tarea sencilla.

Muchos equipos fueron adaptados por ella para ajustarse a sus necesidades. La embarcación incorpora propulsión hidráulica, calefacción hidrónica, un gran banco de baterías y depósitos personalizados de agua y combustible. Conserva una máquina Sailrite para reparar velas y tejidos, cultiva un pequeño jardín y durante años dirigió un negocio de costura desde el barco. Es una forma de vivir de manera nómada, aunque ligada a un puerto base y a continuas tareas de mantenimiento.

Pasa hasta cuatro semanas sola entre los fiordos de Prince William Sound

Durante el verano fondea en distintos puntos de Prince William Sound. En algunas travesías puede permanecer entre tres y cuatro semanas sin ver otra embarcación. Valdez sigue siendo su puerto base cuando necesita provisiones, piezas o realizar gestiones. La ausencia de compañía no equivale, en su caso, a quedarse incomunicada por accidente. Según su relato, esas semanas forman parte de una navegación planificada. Las fuentes consultadas no detallan sus gastos, las reparaciones ni la ubicación exacta de cada fondeadero.

El entorno ayuda a entender esa distancia. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos sitúa Prince William Sound al sureste de Anchorage. El organismo calcula una superficie aproximada de 2.500 millas cuadradas, unos 6.475 kilómetros cuadrados. El territorio combina islas, bosques, glaciares, pequeñas comunidades y puertos. Esa escala permite comprender por qué una embarcación puede pasar días sin cruzarse con otra.

A los 77 años sigue reparando sistemas y tomando todas las decisiones a bordo

La historia de Nikki no parte de una formación técnica completada antes de embarcarse. Según la entrevista, desarrolló esas competencias mediante práctica, errores y miles de horas en el agua. Esa experiencia le permite diagnosticar averías, modificar instalaciones y decidir cuándo puede navegar. Su recorrido coincide con el de otras personas mayores que optaron por aprender un oficio nuevo, aunque sus circunstancias sean distintas.

Su caso tampoco se parece al de quienes eligieron vivir jubilados en cruceros, con servicios, tripulación y rutas organizadas. Nikki dirige su propia embarcación y responde por cada sistema. La descripción original habla de más de 44 años viviendo a bordo de barcos en Alaska, no de 44 años en la misma unidad. El dato central no es solo que viva sola, sino que conserva el conocimiento operativo necesario para sostener ese modo de vida. Su relato muestra que la edad no elimina el aprendizaje, aunque tampoco borra la exigencia física y técnica de mantener un barco en Alaska.

La entrevista original de Nikki puede verse completa en The Alaskan Gypsy Life.

Deja un comentario