El arquitecto e ingeniero repasa una trayectoria construida entre el dibujo, la investigación estructural y la búsqueda continuada de nuevas soluciones.
Una conversación de la Fundación Arquia permite a Santiago Calatrava recorrer las decisiones que dieron forma a su carrera como arquitecto, ingeniero, escultor y dibujante. El creador valenciano sitúa el trabajo constante por encima de cualquier explicación extraordinaria. Su trayectoria, desde la formación artística hasta los grandes proyectos internacionales, aparece como una suma de pruebas, errores y aprendizajes. La idea que sostiene el relato es directa: ninguna obra nace de un milagro, sino de la persistencia y la búsqueda de nuevas soluciones.
Del dibujo en Valencia a la ingeniería estructural en Zúrich
Santiago Calatrava nació en 1951 en Benimàmet, entonces una localidad independiente próxima a Valencia. Creció entre el entorno urbano y el paisaje agrícola de la huerta valenciana. Esa convivencia despertó una sensibilidad temprana hacia el territorio, las formas y la construcción. Desde joven se interesó por el dibujo y las artes plásticas. Quiso estudiar Bellas Artes en París, pero los acontecimientos de mayo de 1968 alteraron sus planes. Después comenzó su formación artística en Valencia y se graduó en Arquitectura en 1974.
Su formación continuó en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, donde estudió Ingeniería Civil. En 1981 obtuvo el doctorado con una investigación sobre estructuras plegables. Ese trabajo anticipó una parte esencial de su lenguaje, basado en unir conocimiento técnico y expresión visual. El mismo año abrió su estudio profesional en Zúrich. Su recorrido muestra una formación construida por capas, sin separar el cálculo, el dibujo y la observación. Ese interés por las formas también aparece en investigaciones actuales de ingeniería inspirada en la naturaleza.
La experimentación convirtió cada proyecto en una etapa de aprendizaje
Los primeros encargos ya reflejaron su voluntad de experimentar. El Instituto Wohlen y las puertas del almacén Ernsting le sirvieron para probar soluciones constructivas distintas. Calatrava explica que cada fachada de este último proyecto funcionó como un pequeño ensayo. Esa forma de trabajar evitaba tratar el edificio como un resultado aislado. Cada obra aportaba información para la siguiente. El proceso creativo avanzaba mediante preguntas concretas sobre el movimiento, la resistencia, la luz y la manera de ocupar el espacio.
La estación de Stadelhofen, desarrollada en Zúrich durante la década de 1980, consolidó su reconocimiento internacional. Después, los puentes ocuparon un lugar central en su producción. Entre ellos figuran Bac de Roda, en Barcelona, el Alamillo, en Sevilla, y Lusitania, en Mérida. Calatrava considera que puentes y estaciones pueden impulsar el desarrollo urbano y definir la identidad de un lugar. Esa relación entre diseño y uso también aparece en los debates sobre arquitectura inclusiva.
Las obras que llevaron su lenguaje de Valencia al mundo
La década de 1990 amplió la escala geográfica y técnica de sus encargos. La estación de Lyon-Saint-Exupéry combinó estructura expresiva, movimiento y una intensa experiencia espacial. A ella se sumaron la Torre de Telecomunicaciones de Montjuïc, el aeropuerto de Bilbao y el Auditorio de Tenerife. La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia se convirtió en el conjunto más reconocible de esa etapa. El proyecto condensó su interés por las formas escultóricas, los grandes espacios públicos y la relación entre arquitectura e ingeniería.
Calatrava vincula esas obras con una etapa de transformación de España, desde la dictadura hasta la consolidación democrática. Su actividad internacional continuó con el Museo de Arte de Milwaukee, el Turning Torso de Malmö y el complejo olímpico de Atenas. Más tarde llegaron el Oculus del World Trade Center y la Iglesia Ortodoxa Griega de San Nicolás, ambos en Nueva York. La variedad de escalas no eliminó el hilo común de su obra. Estaciones, puentes, museos y torres parten de una investigación estructural que busca convertir la técnica en experiencia.
Trabajo paciente, dibujo y persistencia como método creativo
La arquitectura no ha sido la única actividad de Calatrava. Dibujos, pinturas, esculturas y relieves han acompañado sus proyectos durante toda su carrera. Esas piezas no funcionan como una producción separada, sino como un laboratorio de ideas. Su obra artística se ha mostrado en instituciones internacionales. Entre ellas figuran el Metropolitan Museum of Art, el MoMA, los Museos Vaticanos y el Palazzo Strozzi. Al citar a Le Corbusier, el arquitecto resume esa actitud mediante la expresión «búsqueda paciente».
Su balance profesional rechaza la imagen del hallazgo repentino. Calatrava describe un avance continuo, formado por un paso después de otro y un edificio después de otro. Cada proyecto se apoya en lo aprendido, pero debe encontrar una respuesta nueva. De ahí surge la frase que concentra su método: «No hay milagros: hay trabajo, hay dibujos y persistencia».
La filmoteca digital de Fundación Arquia reúne contenidos audiovisuales sobre arquitectura y un título dedicado a Santiago Calatrava.
