Paco vive solo entre 14 casas vacías en una aldea de Jaén donde es el alcalde, el policía y el de mantenimiento

RTVE grabó su historia en abril de 2022. El padrón de 2025 sitúa a Santiago-Pontones en 2.629 habitantes, un 47,6% menos que en 1996.

El testimonio de Paco, emitido por Comando Actualidad el 28 de abril de 2022, ha recuperado difusión en agosto de 2026. El reportaje lo mostraba como único residente permanente de una pequeña aldea de Santiago-Pontones, en la Sierra de Segura. Allí cuidaba las viviendas, vigilaba el entorno y resolvía las tareas cotidianas sin otros vecinos. La recuperación del caso permite contrastar aquel relato con los datos demográficos disponibles. Las fuentes consultadas no confirman si su situación personal continúa igual cuatro años después.

Paco asumía solo el cuidado diario de las 14 viviendas

La aldea, cuyo nombre no aparece en las fuentes consultadas, estaba formada por 14 casas y se encontraba a unos 1.200 metros de altitud. Paco había nacido allí y rondaba los 70 años cuando fue grabado. Años atrás funcionaron una escuela, una tienda, una herrería y una modista, según sus recuerdos. El antiguo horno de leña permanecía junto a las viviendas, aunque ya estaba cubierto por escombros y maleza. Las casas cerradas conservaban la huella de familias que habían abandonado la sierra.

El programa resumió su papel con una fórmula coloquial: alcalde, policía y personal de mantenimiento. No eran cargos oficiales, sino una manera de describir que todas las responsabilidades recaían sobre el único vecino. Parte de la población había emigrado a Cataluña y la Comunidad Valenciana cuando disminuyó el trabajo. Su experiencia recuerda a otros vecinos únicos que sostienen núcleos casi vacíos. En invierno, el frío podía acercarse a 20 grados bajo cero y la nieve había aislado la zona durante semanas.

La compra mensual y los temporales marcaban la vida cotidiana

El supermercado más cercano se encontraba a unos 30 kilómetros, por lo que Paco organizaba la compra aproximadamente una vez al mes. La vivienda conservaba jamones y chorizos, además de un gran congelador preparado para los temporales. Parte de los alimentos procedía de la tierra o del intercambio con habitantes de otras aldeas. Esa planificación reducía los desplazamientos y permitía afrontar varios días sin salir. Paco recordaba que generaciones anteriores almacenaban provisiones para periodos mucho más largos.

A varios kilómetros vivía Javier, otro residente solitario al que solo se llegaba por una pista sin asfaltar. Su casa obtenía electricidad mediante placas solares y agua desde un manantial. Durante la borrasca Filomena permaneció 19 días incomunicado, una experiencia que describió como especialmente dura. La falta de comunicación convirtió aquel aislamiento en el recuerdo más difícil de su vida en la sierra. Ambos defendían la tranquilidad del entorno, aunque reconocían los costes del gasóleo, las averías y el mal estado de algunos caminos.

Santiago-Pontones perdió un 47,6% de habitantes desde 1996

El caso de Paco encaja en una tendencia demográfica sostenida. El padrón del INE registra 5.021 habitantes en Santiago-Pontones en 1996 y 2.629 en 2025. La reducción alcanza el 47,6% en 29 años. Durante la última década también perdió 709 residentes, pues tenía 3.338 habitantes en 2015. Esa segunda caída equivale al 21,2% y muestra que el descenso no pertenece únicamente al pasado lejano.

El término municipal ocupa 684 kilómetros cuadrados, por lo que su densidad ronda los 3,8 habitantes por kilómetro cuadrado. La población se distribuye entre casi un centenar de aldeas y núcleos del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Esta dispersión complica el mantenimiento de carreteras, comunicaciones y servicios próximos. La Junta incluyó Santiago-Pontones entre los municipios andaluces con problemas de despoblación durante 2025. Iniciativas como la labor de los ganaderos de Santiago-Pontones buscan unir actividad rural, conservación del monte y permanencia de población.

La naturaleza explica su elección, pero no elimina los riesgos

Paco no describía su vida como una renuncia. Valoraba el silencio, la seguridad y la posibilidad de dejar la puerta abierta. También aseguraba que nunca se aburría y que los días pasaban deprisa. Explicaba su decisión con una frase directa: «He elegido vivir aquí porque amo la naturaleza, por eso me he quedado». Sin embargo, veía su modo de vida como una realidad amenazada. «Cuando termine yo, se acabó el pueblo», afirmaba al hablar del futuro de la aldea.

Su historia muestra que la despoblación no consiste solo en perder habitantes. También reduce la ayuda inmediata, encarece los servicios y deja el patrimonio cotidiano sin relevo. Proyectos para recuperar pueblos abandonados buscan nuevas fórmulas, pero cada territorio exige vivienda, empleo, conectividad y atención pública. En Santiago-Pontones, la Junta ha previsto 250.000 euros durante 2026 para conservar carreteras y caminos municipales mediante un acuerdo piloto.

El caso de Paco conserva valor informativo, aunque no exista una actualización pública sobre su residencia en 2026.

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