Cuatro jóvenes reabren un quiosco abandonado en Madrid para dar empleo a personas en riesgo de exclusión social

Un pequeño quiosco del distrito de Arganzuela reabre con una finalidad social: ofrecer trabajo a personas sin hogar, víctimas de violencia o migrantes sin red de apoyo. El proyecto Somos Talita nace de la inversión personal de dos parejas de amigos.

En pleno corazón de Arganzuela, en Madrid, un quiosco ha vuelto a levantar la persiana, pero no solo para vender prensa y café. Detrás está Somos Talita, una iniciativa impulsada por Javier y María y por Jesús García Melgares y Marta, cuatro jóvenes que decidieron invertir sus ahorros para generar oportunidades laborales a personas en riesgo de exclusión social.

Un quiosco en Arganzuela que da empleo y recupera la vida de barrio

La idea surgió en un momento en el que muchos quioscos de Madrid están cerrando. Sin embargo, los fundadores vieron en este negocio una oportunidad para crear empleo con un enfoque distinto. ¿Y si un quiosco pudiera ser algo más que un punto de venta?

Jesús García Melgares recuerda que Javier le llamó en julio y le planteó la propuesta: “Javi me llamó en julio, me dijo, ‘Jesús, hay que dar empleo a las personas que tenemos en las casas’”. Su primera reacción fue de sorpresa: “Le dije, ‘estás loco’”.

Aun así, la idea siguió adelante. El resultado es un espacio que combina trabajo, cercanía y vida de barrio. Vamos, un proyecto pequeño en apariencia, pero con mucha intención detrás.

Clave del proyectoInformación proporcionada
NombreSomos Talita
UbicaciónDistrito de Arganzuela, Madrid
ImpulsoresJavier, María, Jesús García Melgares y Marta
ObjetivoDar empleo a personas en riesgo de exclusión social
Primer beneficiarioAbdul

Tras esta primera puesta en marcha, el quiosco se ha convertido también en un lugar donde los vecinos se encuentran y donde las personas mayores, según destacan los fundadores, se sienten queridas.

Abdul, el primer trabajador que encontró una oportunidad tras dormir en la calle

El primer beneficiario del proyecto es Abdul, un joven marroquí que pasó noches durmiendo en la calle tras llegar a España. Su incorporación fue posible gracias a la colaboración con Mundo Justo, organización que ayudó a los fundadores a encontrar un perfil adecuado para el puesto.

Abdul buscaba una oportunidad y, según explican los impulsores, tenía un gran deseo de tener algo propio. Ahora, el quiosco le ha permitido avanzar hacia una vida normalizada: trabaja por las mañanas, practica boxeo por la tarde, se está sacando el carnet de conducir y tiene novia.

Uno de los fundadores resume el cambio afirmando que Abdul está teniendo “una vida normal”, como la de cualquier otra persona. ¿No es precisamente eso lo que muchas veces falta, una primera oportunidad real?

El proyecto quiere crecer con café, libros y más contrataciones sociales

Somos Talita no quiere quedarse solo en esta primera experiencia. Sus impulsores buscan ampliar el negocio con café para llevar y libros de segunda mano, con el objetivo de poder contratar a más personas en situación vulnerable.

Entre las líneas de crecimiento previstas por los fundadores destacan:

  • Venta de café para llevar.
  • Venta de libros de segunda mano.
  • Incorporación de más personas en riesgo de exclusión social.

No obstante, el proyecto se encuentra con un obstáculo legal. La normativa actual del Ayuntamiento de Madrid solo permite la gestión de un quiosco por persona. Por ello, los fundadores ya han trasladado a la asociación de vendedores de prensa la posibilidad de solicitar un cambio en la regulación.

Para Jesús García Melgares, la iniciativa no se entiende como un voluntariado tradicional, sino como una relación de fraternidad. En sus palabras, “Jesucristo no trabajaba por causas, sino por personas”. Esa es, precisamente, la base del proyecto: volver a lo sencillo y a un lugar donde nadie sea un número más.

Deja un comentario