La historia de Nala, la perrita que se tumba junto a otros perros antes de la eutanasia

La veterinaria australiana Lauren McNamara empezó a recurrir a ella durante la pandemia y asegura que muchos animales se relajan al tener otro perro cerca.

La veterinaria australiana Lauren McNamara, de 26 años, encontró durante las restricciones de la pandemia una forma de acompañar a los perros cuyos dueños no podían estar presentes durante la eutanasia. Nala, su perra de ocho años y cruce de Staffordshire Bull Terrier y kelpie, comenzó a quedarse junto a ellos. McNamara asegura que observó cómo algunos animales se relajaban y confiaban más en ella cuando Nala estaba en la habitación.

La presencia de Nala nació durante las restricciones de la pandemia

McNamara llevaba años acudiendo a trabajar acompañada de Nala. Inicialmente, la perra simplemente permanecía junto a ella durante las jornadas en la clínica. La situación cambió durante la pandemia, cuando las restricciones impedían en ocasiones que los propietarios acompañaran a sus animales durante determinados procedimientos.

La veterinaria recuerda que aquello resultaba especialmente complicado durante una eutanasia. Los perros podían encontrarse enfermos, con dolor y en un espacio desconocido. A esa situación se añadían mascarillas y personas con las que el animal apenas tenía relación. “Aunque quería abrazarlo y mimarlo, eso lo habría estresado aún más”, explicó McNamara a Newsweek.

La veterinaria observó que otros perros se relajaban cuando Nala estaba cerca

Con el paso del tiempo, McNamara comenzó a permitir que Nala entrara en la habitación cuando un perro debía pasar por una eutanasia sin su familia. Fue entonces cuando detectó un comportamiento que terminaría cambiando la forma en la que afrontaba estos procedimientos.

“Los perros son animales de manada; están programados para buscar protección y guía entre sí. Cuando Nala está en la habitación, los veo relajarse y calmarse”, explicó. Según su relato, Nala llegaba a tumbarse al lado del otro animal mientras ella preparaba el procedimiento y colocaba el catéter intravenoso.

La veterinaria sostiene que esa proximidad también modificaba la relación del paciente con ella. “Al ver el vínculo que tenía con Nala, el otro perro confiaba más en mí”, señaló. Para McNamara, la reacción era especialmente importante en animales debilitados o asustados por encontrarse fuera de su entorno habitual.

Su experiencia describe lo observado en los perros tratados en su clínica veterinaria. McNamara no plantea la presencia de Nala como un sustituto de la familia. Tampoco presenta su experiencia como una fórmula aplicable del mismo modo a todos los animales. El elemento diferencial está en cómo otro perro conocido por la veterinaria puede aportar compañía cuando el propietario no puede permanecer allí.

Nala no sustituye a los dueños y la veterinaria prioriza que puedan quedarse

McNamara mantiene que, siempre que sea posible, los propietarios deben poder permanecer junto al animal durante la eutanasia. El vínculo construido durante años entre un perro y su familia sigue teniendo un papel diferente al de cualquier otro acompañamiento.

La veterinaria distingue, sin embargo, entre esa relación aprendida y la interacción que observa entre los propios perros. “Existe una conexión innata entre perros que yo jamás podría igualar”, aseguró. También explica que “la conexión entre humanos y perros requiere tiempo y confianza”, mientras que la relación con otros perros responde, según su interpretación, a un comportamiento con el que nacen.

Nala cuenta además con una circunstancia particular. Lleva años acompañando a McNamara durante su trabajo y está acostumbrada al entorno de una clínica veterinaria. La profesional considera que la confianza que existe entre ambas influye en la forma en que otros animales perciben su presencia.

“Gracias al vínculo que tengo con Nala, ella confiaba en mí y sabía lo que estaba pasando y por qué. Ella les transmitía esto a mis pacientes”, relató McNamara. Se trata de la explicación que ofrece la propia veterinaria sobre un comportamiento observado durante su actividad profesional.

La compañía de Nala también cambió las despedidas para la propia veterinaria

El papel de Nala no solo afecta a los animales que acompaña. McNamara reconoce que la eutanasia continúa siendo uno de los momentos más difíciles de su trabajo y que le preocupaba especialmente que un perro muriera asustado junto a una persona desconocida.

“Odiaba la idea de que su último recuerdo fuera estar conmigo, una desconocida, y tener miedo”, explicó. En esas situaciones, Nala permanecía tumbada al lado del otro perro. “Fue un momento de paz, y ver el consuelo que les brindó también me consoló a mí”, añadió.

La veterinaria decidió contar esta experiencia en sus redes sociales para mostrar una parte poco visible de su profesión. Según explicó, quería enseñar que también puede existir acompañamiento en uno de los momentos más duros para las familias y los profesionales veterinarios.

“La eutanasia es una parte desgarradora pero importante del trabajo veterinario”, afirmó McNamara. La veterinaria resume la importancia que ha adquirido su compañera con una frase que ahora forma parte de su rutina profesional: “no podría hacer mi trabajo sin Nala”.

Deja un comentario