La URSS liberó más de 12.000 cangrejos para crear una industria y 65 años después han alterado el fondo del mar de Barents

El experimento iniciado en 1961 pareció fracasar durante décadas. En 2025, Noruega exportó este crustáceo por 1.200 millones de coronas.

Se cumplen 65 años del inicio de una de las introducciones de fauna marina más ambiciosas de la etapa soviética. En 1961, científicos de la URSS liberaron 1,5 millones de larvas de cangrejo real rojo (Paralithodes camtschaticus) en la bahía de Murmansk y, hasta 1969, añadieron 10.000 juveniles y 2.609 adultos procedentes del Pacífico. La operación buscaba crear un nuevo recurso pesquero en el mar de Barents, pero terminó originando una población estable que se extendió hasta aguas noruegas.

El resultado combina rentabilidad y daño ambiental. El cangrejo se convirtió en una captura valiosa para Rusia y Noruega, mientras las investigaciones detectaron efectos importantes sobre los ecosistemas del fondo marino allí donde la especie se mantuvo durante años en grandes concentraciones. La dimensión económica también ha seguido creciendo: solo Noruega exportó 1.844 toneladas de cangrejo real por 1.200 millones de coronas noruegas en 2025, su mayor valor anual registrado.

Un traslado desde el Pacífico que comenzó con millones de larvas

Los primeros intentos soviéticos para llevar el cangrejo real rojo al Ártico se remontan a la década de 1930, aunque no lograron establecer una población. El proyecto se retomó con éxito en los años 60. Los ejemplares procedían principalmente de la bahía de Pedro el Grande, en el mar de Japón, y de la costa suroccidental de Kamchatka, en el mar de Ojotsk. Su destino fue el entorno de Murmansk, conectado con el mar de Barents.

La cifra suele resumirse como una liberación de 12.000 cangrejos, pero el desglose oficial es más preciso: fueron 10.000 juveniles y 2.609 adultos entre 1961 y 1969, además de 1,5 millones de larvas soltadas en 1961. Los primeros ejemplares se capturaron en la zona de Murmansk en 1974 y poco después aparecieron en aguas noruegas. Durante años, la escasez de avistamientos hizo pensar que la introducción no había prosperado, aunque la población continuaba aclimatándose y reproduciéndose.

La expansión del cangrejo real rojo por el mar de Barents

Una vez asentada, la especie avanzó hacia el este y el oeste por el sur del mar de Barents y siguió la costa del norte de Noruega. Un estudio de marcaje calculó que su área de distribución hacia el oeste había aumentado más de 430 kilómetros desde las primeras observaciones en aguas noruegas, con una progresión media de unos 13 kilómetros al año. Algunos ejemplares pueden recorrer distancias mucho mayores en periodos cortos, aunque ese comportamiento no representa el movimiento diario de toda la población.

Su capacidad de adaptación se une a una dieta muy amplia. El cangrejo real rojo consume moluscos, equinodermos, gusanos poliquetos y otros crustáceos del fondo. En las zonas con densidades elevadas durante periodos prolongados se han documentado cambios relevantes en las comunidades bentónicas y en la calidad del sedimento. El caso ayuda a entender por qué las especies exóticas invasoras pueden modificar un ecosistema incluso cuando su introducción persigue una finalidad económica.

Una industria pesquera rentable con un coste ecológico duradero

El proyecto soviético consiguió el propósito comercial que motivó las liberaciones. El Instituto de Investigación Marina de Noruega considera al cangrejo real rojo un recurso pesquero importante tanto para Rusia como para Noruega. Los datos de exportación noruegos de 2025 muestran la magnitud del mercado: 1.844 toneladas por 1.200 millones de coronas, un 46 % más de valor que en 2024. Estados Unidos, Canadá y Vietnam fueron los principales destinos de esas ventas. Además, la Dirección de Pesca noruega registró 1.038 embarcaciones con acceso a la captura en el área sometida a cuotas durante 2026.

Ese éxito obliga a gestionar una especie que es al mismo tiempo recurso económico y organismo introducido. Su expansión no puede valorarse únicamente por los ingresos de la pesca, porque los efectos sobre la fauna del fondo marino permanecen donde alcanza altas concentraciones. Otras historias sobre el cangrejo de río ibérico muestran el contraste entre proteger especies autóctonas y controlar las que alteran nuevos hábitats.

Sesenta y cinco años después de la primera liberación, el mar de Barents conserva las dos consecuencias del experimento: una pesquería de gran valor y un ecosistema marino modificado por una decisión humana.

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