La residente de Amira Choice, en Minnesota, impulsó una reforma que permite servir alcohol en actividades para mayores sin una licencia comercial tradicional. Los centros deberán avisar al estado, no podrán vender las bebidas y seguirán sujetos a controles de seguridad.
Una copa compartida al final de la tarde terminó convirtiéndose en una defensa de la autonomía personal. Anita LeBrun, residente de un centro de vida asistida en Champlin, se negó a aceptar que mudarse a una residencia implicara perder una costumbre habitual entre adultos: brindar con amigos y familiares.
Su iniciativa llegó a la Legislatura de Minnesota y acabó incorporada a la ley estatal sobre bebidas alcohólicas. La medida, conocida popularmente como “Grandparents’ Happy Hour”, abre una excepción específica para residencias de mayores y centros asistidos, aunque no reconoce una “happy hour” diaria ni obliga a organizarla.
La protesta de Anita LeBrun que llegó hasta la Legislatura de Minnesota
El conflicto comenzó cuando Amira Choice descubrió que no podía coordinar una recepción con alcohol sin un permiso adecuado. La localidad tampoco disponía de una licencia que encajara con la actividad planteada por el centro, según explicó la Cámara de Representantes de Minnesota.
LeBrun compareció ante el comité de Comercio para reclamar que los residentes mantuvieran libertades similares a las de cualquier otra persona adulta. “Vivir en una residencia no significa que debamos tener menos libertades que los demás”, defendió durante su intervención.
También explicó que esos encuentros servían para recordar experiencias familiares, el servicio militar, los amigos fallecidos y celebrar “la etapa dorada” de sus vidas. Su testimonio ayudó a impulsar la propuesta HF4145, que más tarde quedó integrada en el proyecto general SF2511/HF2027.
La Cámara aprobó el texto por 129 votos frente a uno el 13 de abril de 2026. El Senado dio su visto bueno un día después, por 56 votos contra 10, y el gobernador Tim Walz lo sancionó el 21 de abril como capítulo 48 de las leyes estatales de 2026.
Qué permite realmente la nueva ley de la happy hour en residencias
La norma exime a residencias de mayores, centros de cuidados y establecimientos de vida asistida de obtener una licencia comercial para servir alcohol en determinadas actividades. Antes deberán comunicar su intención al comisionado estatal y mantener en vigor la licencia sanitaria correspondiente.
Las bebidas solo pueden servirse a los residentes y a sus invitados. Estos últimos deberán permanecer acompañados físicamente por un residente durante todo el servicio. Además, el encuentro tendrá que estar organizado principalmente para quienes viven en el centro y celebrarse dentro de sus instalaciones o en la propiedad del establecimiento.
El alcohol no puede venderse, ofrecerse a cambio de dinero ni entregarse mediante ninguna contraprestación. La reforma no convierte las residencias en bares ni establece un servicio abierto al público. Tampoco garantiza una copa diaria: la autorización se limita a actividades o eventos dirigidos a residentes e invitados.
La reforma mantiene controles para proteger a residentes e invitados
Los centros continúan sometidos a inspecciones y a las restantes normas estatales sobre alcohol. La administración podrá actuar ante el suministro a personas visiblemente intoxicadas, el acceso de menores, el almacenamiento inseguro o cualquier otra infracción. También podrá suspender el servicio y exigir formación al personal o planes correctivos.
Walz celebró una firma ceremonial en Amira Choice Champlin el 14 de julio de 2026, acompañado por residentes, cuidadores, legisladores y la propia LeBrun. “Envejecer no debería significar renunciar a las tradiciones y libertades de toda una vida”, afirmó el gobernador. Anita presentó la reforma como un brindis por la independencia.
La historia nació alrededor de una copa de vino, pero su recorrido legislativo ha puesto el foco en la capacidad de decisión de las personas mayores. LeBrun consiguió que una costumbre social pudiera conservarse dentro del lugar que ahora considera su hogar, con límites claros y supervisión pública.
