Un empleado de mantenimiento de la empresa pública de transportes de Francia fue despedido después de 27 años de servicio tras un control rutinario que arrojó un positivo por THC. El trabajador sostiene que el resultado está relacionado con el consumo de CBD recetado por su médico y su psiquiatra para estabilizar su estado de ánimo.
El caso afecta a Jean‑Jacques Modeste, diagnosticado con trastorno bipolar, quien afirma que usa cannabidiol (CBD) con receta para reducir el uso de benzodiacepinas. Pese a presentar justificantes médicos, la empresa le revocó el contrato.
El caso del trabajador de mantenimiento despedido tras un control rutinario de drogas
Los hechos se desencadenaron durante una ronda rutinaria de pruebas de drogas en la que Modeste dio positivo en el test por THC. A partir de ese resultado, la relación laboral se dio por terminada, a pesar de que el empleado aportó documentación médica.
En este sentido, el trabajador sostiene que su consumo no era de cannabis con fines recreativos, sino de CBD prescrito por su médico y su psiquiatra tratante. Según su versión, ese tratamiento le ayuda a estabilizar su estado de ánimo y a disminuir el uso de benzodiacepinas.
Los protocolos de detección de THC que no distinguen el origen del positivo
El episodio vuelve a poner el foco en la compatibilidad entre el uso terapéutico del CBD, que es legal en ese país, y los protocolos laborales basados en la detección de THC. El punto crítico está en cómo se interpreta un resultado positivo cuando el trabajador asegura un uso médico del cannabidiol.
Dado lo anterior, el caso expone una grieta normativa conocida en Francia: aunque la comercialización de productos con CBD es legal siempre que contengan menos de 0,3% de THC, los test salivales detectan la presencia de THC y no de CBD. Esa diferencia técnica puede dejar sin margen a quienes consumen CBD de forma regular y legítima.
La jurisprudencia penal que presume “uso de estupefacientes” solo por detectar THC
A este debate se suma el criterio de la jurisprudencia penal, que establece que la detección de THC basta para presumir “uso de estupefacientes” sin distinguir el origen. Se trata de un enfoque pensado para la seguridad vial, pero que termina permeando políticas internas empresariales.
Por este motivo, la consecuencia no se limita a un resultado analítico, sino a cómo ese resultado se traslada a decisiones laborales. En la práctica, este marco puede impactar en el empleo de personas que utilizan CBD con normalidad y con respaldo médico, cuando el sistema de control no diferencia entre sustancias y contextos de consumo.
La zona gris del CBD legal y los controles en puestos de seguridad sensible
El caso también interpela a otros países donde el CBD se vende legalmente y donde existen empresas con puestos de seguridad sensible que aplican controles de sustancias. La pregunta que queda sobre la mesa es cuándo deben actualizarse los protocolos para distinguir entre psicoactividad y mera detección de metabolitos por umbrales técnicos.
En conclusión, más allá de la situación individual del trabajador, el choque entre pruebas diseñadas para detectar THC y un mercado legal de CBD deja a empleados en una zona gris. Si el objetivo es la seguridad, el foco debería estar en la capacidad funcional y no en una positividad inespecífica, ni en protocolos que castigan sin contexto clínico ni evidencia de riesgo real en el desempeño.
