Por qué conservar pescado en plástico durante semanas puede acabar pasando factura incluso a -18 °C

Guardar pescado en casa parece una de esas tareas sin misterio: se compra, se mete en una bandeja, una bolsa o papel film, y al frigorífico o al congelador. Pero, según una investigación del IDAEA-CSIC, el envase no siempre se queda quietecito haciendo de simple envoltorio. El estudio muestra que el pescado puede absorber sustancias químicas de bandejas, films transparentes y bolsas de congelación durante la conservación doméstica. Y no hablamos solo de la nevera: también ocurre en el congelador, incluso a -18 °C. Cuanto más tiempo está el pescado en contacto con el envase, más contaminantes pueden pasar al alimento. De hecho, los niveles más elevados se detectaron tras un mes de congelación.

¿Por qué el pescado absorbe sustancias químicas del envase?

La investigación del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, realizada junto con la Universidad de Florencia y publicada en Environment International, ha comprobado por primera vez qué ocurre cuando el consumidor guarda pescado en casa durante varios días o semanas. Hasta ahora, según explica Maria Vittoria Barbieri, investigadora del IDAEA-CSIC y autora principal del estudio, la mayoría de trabajos analizaban la presencia de contaminantes en los alimentos en el momento de la compra.

En este caso, las investigadoras han estudiado hasta 49 sustancias químicas utilizadas habitualmente en plásticos y envases alimenticios. Entre ellas se incluyen plastificantes y bisfenoles, presentes en bandejas, films transparentes y bolsas de congelación que se usan de forma habitual en pescaderías y supermercados.

¿De qué depende que pasen más contaminantes al pescado?

Los resultados indican que la cantidad de sustancias que pasan del envase al pescado depende de varios factores. Influyen el tipo de envase, el tiempo de conservación, la temperatura y también las características del propio pescado. Dicho de forma sencilla: no todos los envases se comportan igual, ni todos los pescados absorben lo mismo.

Las muestras de pescado envasado analizadas presentaban niveles de contaminantes claramente superiores a las muestras que no habían estado en contacto con plásticos. Por eso, el estudio apunta a los envases como una vía importante de exposición a estas sustancias a través de la alimentación, algo que conviene tener en cuenta sin caer en el drama, pero tampoco mirando para otro lado.

Por qué el bisfenol A preocupa más que otros compuestos

Las investigadoras han visto que la transferencia de sustancias químicas varía mucho según el compuesto. En algunos casos es casi inapreciable, pero en otros puede ser muy elevada. Uno de los plastificantes que migra con más facilidad es el DEHA, una sustancia que se añade a los plásticos para hacerlos más flexibles y que aparece a menudo en papel film, bolsas de congelación y otros envases alimenticios.

En algunos casos, especialmente en el salmón, los índices de migración del DEHA superaron el 95%. Migración significa, explicado sin palabreja técnica de por medio, el paso de una sustancia desde el envase hasta el alimento. Según el estudio, el DEHA es un compuesto nuevo que la industria ha incorporado para sustituir a los ftalatos, aunque las autoras advierten de que todavía no se conoce su impacto en la salud.

La principal preocupación, sin embargo, se centra en el bisfenol A, también conocido como BPA. Esta sustancia está relacionada con alteraciones hormonales, es decir, con cambios en el funcionamiento normal de las hormonas del cuerpo. A pesar de que se detectaron decenas de compuestos diferentes, el BPA concentra casi todo el riesgo potencial para la salud identificado en el estudio.

Los compuestos solubles en grasa tienden a acumularse con más facilidad en pescados grasos como el salmón. En cambio, algunos bisfenoles pasan con mayor facilidad a especies con más contenido de agua, como la merluza. Vamos, que el tipo de pescado también cuenta, y bastante.

Qué pasa con la normativa del bisfenol A en los envases alimentarios

España empezó a restringir el uso de bisfenol A en envases alimenticios en 2022. Posteriormente, la Unión Europea aprobó en 2024 una prohibición general en los materiales en contacto con alimentos, que entró en vigor en enero de 2025. Sobre el papel, la dirección está clara: retirar el BPA de los envases alimentarios.

No obstante, los fabricantes cuentan con moratorias para adaptarse a la nueva normativa. En algunos tipos de envases, estos plazos se alargan hasta 2028. La directora del IDAEA-CSIC pide que las leyes aprobadas se cumplan realmente y reclama a los fabricantes que aprovechen este periodo de adaptación para retirar cuanto antes el bisfenol A, ya que eso reduciría la exposición de la población y contribuiría a mejorar la salud de todos.

¿Son mejores las bandejas compostables para guardar pescado?

Aquí llega uno de los puntos más llamativos del estudio, y también uno de los más incómodos. Las bandejas compostables no han obtenido los mejores resultados. El caso más preocupante fue el de la merluza conservada durante un mes en el congelador en este tipo de envase, donde se registraron los niveles de exposición más elevados.

Según las investigadoras, estos materiales también pueden contener aditivos químicos capaces de pasar a los alimentos. Por tanto, una alternativa más sostenible desde el punto de vista ambiental no implica necesariamente una menor exposición a contaminantes. Verde por fuera no siempre significa más seguro por dentro, que la etiqueta bonita no hace milagros.

Ethel Eljarrat, directora del IDAEA-CSIC, explica que este tipo de envase tiene más plastificantes que los fabricados con derivados del petróleo. La razón es que el material compostable no ofrece las mismas prestaciones que los plásticos convencionales, por lo que se añaden más compuestos químicos para mejorar su funcionamiento.

Además, las investigadoras alertan de que los consumidores no disponen de información detallada sobre las sustancias químicas presentes en los envases alimenticios. Esto dificulta saber qué materiales son realmente más seguros y elegir con criterio en el supermercado, más allá de confiar en lo que parece más moderno, más ecológico o más apañado.

Por qué congelar a -18 °C no evita la contaminación

Hasta ahora, el calor era considerado uno de los principales factores que favorecían el paso de contaminantes desde los envases a los alimentos. Sin embargo, este estudio demuestra que el fenómeno también se produce a temperaturas de congelación, incluso a -18 °C. Es decir, el congelador conserva el pescado, pero no bloquea por completo la transferencia de sustancias químicas desde el envase.

Las autoras concluyen que es necesario revisar con más atención los materiales utilizados para conservar alimentos, sobre todo cuando se trata de productos congelados o almacenados durante periodos largos. También recomiendan ampliar la investigación a otros alimentos, como productos lácteos y carnes, para comprobar si se producen procesos similares.

Ethel Eljarrat subraya además que hacen falta más datos toxicológicos sobre los nuevos aditivos que se están introduciendo en el mercado. Los datos toxicológicos son, explicado de forma sencilla, la información que permite saber si una sustancia puede causar efectos negativos en la salud. En el caso del bisfenol A, la investigadora defiende que debe eliminarse de todos los envases alimentarios.

Qué pueden hacer los consumidores para conservar pescado con menos riesgo

El estudio también pone el foco en los colectivos más vulnerables. Los bebés y los niños pequeños reciben una dosis proporcionalmente mayor de contaminantes en relación con su peso corporal, aunque consuman menos pescado. Por eso, las decisiones de conservación en casa importan especialmente cuando el alimento va destinado a menores.

Por ahora, las investigadoras señalan que los recipientes de vidrio siguen siendo una de las alternativas más seguras para conservar alimentos en casa. También plantean usar bolsas de tela sin aditivos plásticos y reducir al mínimo el tiempo que el pescado pasa congelado.

  • Usar recipientes de vidrio para conservar pescado en casa.
  • Evitar mantener el pescado durante meses en el congelador.
  • Reducir el contacto prolongado con bandejas, papel film o bolsas de plástico.
  • Valorar bolsas de tela sin aditivos plásticos cuando sea posible.

La idea práctica es sencilla: cuanto menos tiempo esté el pescado en contacto con determinados envases, menor será la exposición potencial. No se trata de entrar en pánico cada vez que abrimos el congelador, pero sí de revisar hábitos cotidianos que parecían inocentes y que, según este estudio, pueden tener más miga de la que pensábamos.

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