Científicos pintan seis vacas como cebras y obtienen un efecto extraordinario para proteger al ganado de los insectos

El experimento con seis vacas japonesas negras apunta a que el patrón blanco y negro actúa como una barrera visual contra los insectos picadores.

Científicos japoneses pintaron vacas negras con rayas blancas similares a las de una cebra y comprobaron que los animales recibían casi un 50% menos de moscas picadoras. Los bovinos también movían menos la cola, las patas y la cabeza para ahuyentar a los insectos, un resultado que refuerza la hipótesis de que la coloración de las cebras funciona como una defensa visual.

Así fue el experimento con seis vacas japonesas negras en pastoreo

El estudio se realizó con seis vacas japonesas negras mantenidas en una zona de pasto. Cada animal pasó por tres situaciones diferentes para que los investigadores pudieran distinguir el efecto de las rayas de cualquier posible influencia de la pintura.

En una primera fase, las vacas fueron pintadas con franjas negras y blancas semejantes a las de una cebra. En otra, recibieron únicamente rayas negras. La tercera situación consistió en observarlas sin pintura. Esta comparación permitía comprobar si la reducción de moscas dependía del contraste visual o simplemente del olor y la presencia del producto sobre la piel.

Las franjas blancas medían aproximadamente entre cuatro y cinco centímetros de anchura y se realizaron con pintura a base de agua. Tras cada periodo de observación, el equipo utilizó fotografías para contar los insectos posados sobre el cuerpo y las patas de los bovinos.

El diseño resultaba especialmente relevante porque las vacas con rayas negras también habían sido pintadas. Si la pintura actuara como repelente por su olor o composición, ese grupo debería haber mostrado una reducción parecida. Sin embargo, los resultados fueron distintos.

Las rayas blancas redujeron casi a la mitad los aterrizajes de moscas

Las vacas con franjas negras y blancas presentaron casi la mitad de moscas que los animales sin pintar y que aquellos marcados únicamente con rayas negras. La ausencia de una diferencia apreciable entre estos dos últimos grupos indicó que la pintura, por sí sola, no explicaba el descenso.

El efecto se observó tanto en el cuerpo como en las patas. Los investigadores también analizaron los movimientos empleados por los animales para librarse de los insectos. Las vacas pintadas como cebras balancearon menos la cola, golpearon menos con las patas y movieron menos la cabeza.

Estas conductas son una respuesta habitual ante las moscas picadoras. Cuando aumentan, los bovinos dedican más tiempo y energía a sacudirse, pisotear o mover las orejas y la cola. El menor número de movimientos registrado en los ejemplares rayados coincide con el descenso de insectos posados sobre ellos.

Los datos no demuestran que las moscas dejaran de acercarse por completo. El patrón parece afectar sobre todo a la fase final de la aproximación, cuando el insecto debe reducir la velocidad, calcular la distancia y encontrar una superficie sobre la que aterrizar.

El contraste visual podría dificultar la maniobra final de los insectos

El mecanismo exacto todavía no está completamente aclarado. Una de las explicaciones planteadas es que la alternancia entre zonas claras y oscuras interfiere en la visión de las moscas durante los últimos instantes del vuelo. El insecto podría calcular mal la distancia o la velocidad respecto a una superficie rayada y fallar al intentar posarse.

Otros experimentos realizados con cebras, caballos y mantas con franjas habían observado un comportamiento semejante. Los insectos continuaban acercándose, pero conseguían completar menos aterrizajes sobre las superficies con rayas. Por ese motivo, no se trataría de un repelente químico, sino de una barrera visual que dificulta la aproximación final.

Durante décadas se han propuesto varias explicaciones para la coloración negra y blanca de las cebras:

  • Camuflar al animal en la vegetación africana.
  • Confundir a leones y otros depredadores durante la huida.
  • Facilitar el reconocimiento entre los miembros del grupo.
  • Ayudar a controlar la temperatura corporal bajo el sol.
  • Dificultar que las moscas picadoras consigan posarse.

La reducción de los ataques de insectos es la hipótesis que reúne mayor respaldo experimental entre las comparadas en esta investigación. Aun así, el ensayo con seis vacas no permite reconstruir por sí solo toda la evolución de las cebras. Sus resultados añaden una prueba de campo a las observaciones anteriores con animales y superficies artificiales.

La técnica abre una posible alternativa a los insecticidas en ganadería

Las moscas picadoras no solo provocan molestias. En infestaciones intensas, los bovinos pueden reducir el tiempo dedicado a alimentarse y agruparse para escapar de los insectos. Estos comportamientos elevan el estrés y pueden aumentar el riesgo de lesiones entre los animales.

Pintar el ganado con un patrón de rayas podría inspirar métodos de protección que reduzcan la dependencia de insecticidas. La investigación muestra que una modificación visual externa puede disminuir los aterrizajes y las respuestas defensivas de las vacas sin recurrir a un producto destinado a matar o repeler químicamente a las moscas.

La principal limitación es la duración. La pintura utilizada desaparecía en pocos días y debía aplicarse de nuevo, mientras que la temporada de moscas puede prolongarse durante meses. Llevar esta técnica a rebaños grandes exigiría materiales duraderos, seguros para los animales y compatibles con el manejo diario de las explotaciones.

El experimento de este estudio japonés no convierte todavía las rayas en una solución lista para su uso generalizado, pero sí muestra una vía de investigación concreta. Las futuras aplicaciones dependerán de que el patrón pueda mantenerse durante más tiempo y aplicarse sin elevar de forma excesiva el trabajo o los costes para los ganaderos.

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