Las prendas sin salida comercial llegan a Alto Hospicio, donde los vertidos y las quemas contaminan el entorno y afectan a sus vecinos.
Una montaña de más de 60.000 toneladas de ropa desechada se acumula junto a Alto Hospicio, en el desierto de Atacama, y su extensión ya puede apreciarse mediante imágenes de satélite. La aplicación SkyFi ha confirmado la existencia y el crecimiento de este depósito textil, mientras que la ONU lo ha calificado como una “emergencia ambiental y social para el planeta”.
La ropa procede en buena medida del comercio internacional de prendas usadas. La Unión Europea aparece como el principal exportador mundial de textiles desechados, con un 30% del total, por delante del Reino Unido, con un 16%, y Estados Unidos, con un 15%, según un informe de Naciones Unidas publicado en 2024.
El Parlamento Europeo estima, además, que cada uno de los casi 450 millones de habitantes de la UE compra 26 kilos de textiles al año y descarta otros 11. Una parte de ese excedente recorre miles de kilómetros hasta acabar acumulada bajo el sol del norte de Chile.
Cómo termina la ropa desechada de Europa en el desierto de Atacama
El recorrido comienza con fardos de ropa que salen de Europa y llegan al puerto chileno de Iquique. La ciudad forma parte de una zona franca, por lo que las mercancías no tributan mientras permanecen en tránsito. Los importadores trasladan después las prendas a Alto Hospicio con la intención de venderlas en Chile o distribuirlas hacia otros mercados de América Latina.
El problema surge cuando una parte de esos artículos no encuentra comprador. Muchas prendas son de tercera calidad o carecen de valor comercial suficiente para cubrir los costes de clasificación, almacenamiento y transporte. Cuando la reventa fracasa, ningún operador asume el gasto de retirarlas y los fardos terminan abandonados en terrenos del desierto.
La dimensión del flujo supera ampliamente las 60.000 toneladas ya acumuladas. Según los datos difundidos en enero de 2026, el puerto de Iquique recibe entre 120.000 y 180.000 toneladas de ropa usada cada año. Este volumen sitúa a Chile como el cuarto importador mundial de indumentaria de segunda mano y ayuda a explicar por qué el vertedero continúa creciendo pese a la atención internacional.
Las marcas y prendas que aparecen entre las montañas textiles abandonadas
Las investigaciones de la ONG Ekō y del colectivo chileno Desierto Vestido han identificado entre los montones prendas de H&M, Zara, Hugo Boss, Adidas, Levi’s, Old Navy, Under Armour, Tommy Hilfiger y Nike, entre otras firmas. En el desierto aparecen jerséis navideños, botas de esquí y artículos que todavía conservan sus etiquetas.
La presencia de marcas conocidas no significa que toda la ropa tenga una posible salida comercial. Gran parte corresponde a prendas clasificadas como de tercera calidad o sin valor para el mercado local. El vertedero se ha convertido así en una muestra visible de la sobreproducción vinculada a la moda rápida y de los límites del comercio internacional de segunda mano.
La acumulación comenzó a adquirir notoriedad mundial en 2020, cuando Bastian Barria y sus dos socias difundieron las primeras fotografías del lugar. Después, un estudio basado en imágenes del programa Copernicus de la Agencia Espacial Europea analizó la evolución del depósito entre noviembre de 2016 y noviembre de 2024 y constató que la superficie ocupada por los residuos textiles seguía aumentando.
Los incendios de ropa agravan la contaminación y afectan a Alto Hospicio
Una parte de las prendas es enterrada o quemada por operadores informales para reducir el volumen acumulado. Los incendios funden tejidos sintéticos, plásticos y otros materiales hasta formar una capa oscura sobre el terreno. Barria describió ese residuo con una imagen contundente: “Parece petróleo solidificado, pero en realidad son los restos de ropa que se ha fundido con el fuego”.
La mayoría de los tejidos sintéticos contiene poliéster derivado del petróleo. Su combustión libera compuestos tóxicos que afectan al aire y pueden alcanzar el agua subterránea. La Scientific Plastic Pollution Alliance of Chile y Desierto Vestido han documentado que la quema simultánea de prendas y plásticos genera mezclas químicas cuyas consecuencias sanitarias todavía resultan imprevisibles.
Los episodios de humo también alteran la vida cotidiana de los barrios próximos. Los residentes de Alto Hospicio se ven obligados a permanecer en sus casas y cerrar las ventanas durante las quemas. El alcalde del municipio, Patricio Ferreira, resumió el sentimiento de abandono de la población al afirmar: “Tenemos la sensación de que nuestra tierra ha sido sacrificada. Somos la basura del mundo”.
La acumulación también ha dañado la imagen de la ciudad. Karla Aviles, integrante de Desierto Vestido, explicó que Alto Hospicio aparece en internet asociado a vídeos que lo presentan como uno de los lugares más desagradables del planeta, una notoriedad que sus habitantes nunca buscaron.
Chile prepara nuevas obligaciones mientras la reparación ambiental sigue pendiente
La presión social ha llegado a los tribunales. En 2025, el Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta reconoció la responsabilidad del Estado chileno por no prevenir ni fiscalizar la disposición ilegal de residuos textiles en terrenos fiscales de Alto Hospicio. La resolución ordenó elaborar un plan de reparación ambiental con una duración de diez años.
El fallo todavía no es definitivo. El Consejo de Defensa del Estado presentó un recurso ante la Corte Suprema, por lo que la decisión final permanece pendiente. La sentencia se refiere a la actuación del Estado en este caso concreto y no implica que las miles de toneladas enterradas o abandonadas vayan a retirarse de forma inmediata.
Chile también ha incorporado la industria textil a su ley de responsabilidad ampliada del productor. Esta medida obliga a los importadores a hacerse cargo de los residuos generados por los productos que introducen en el país. La regulación deberá afrontar un mercado en el que, según el Observatorio de la Sostenibilidad de la Universidad de Chile, cerca del 70% de las prendas posconsumo se dona o se tira y apenas el 1% se recicla.
El problema ha crecido al mismo ritmo que el comercio mundial de ropa usada. Un informe de Naciones Unidas sostiene que la expansión de la moda rápida y la renovación constante de las colecciones han multiplicado por siete el intercambio de prendas de segunda mano durante las últimas cuatro décadas.
Algunas iniciativas privadas buscan aprovechar estos residuos. La empresa EcoFibra fabrica paneles aislantes con ropa abandonada, aunque encuentra dificultades por la presencia de productos químicos que impiden tratar los textiles como residuos municipales convencionales. Mientras se resuelven las obligaciones legales y el recurso judicial, nuevos fardos procedentes de los armarios europeos continúan llegando cada semana a Atacama.
