Tetiaroa contabilizó 567 nidos confirmados en la temporada 2025-2026 y más que triplicó las 15.614 crías estimadas un año antes.
El atolón de Tetiaroa, en la Polinesia Francesa, ha cerrado la temporada de anidación 2025-2026 con el mejor balance registrado desde que comenzó el seguimiento científico en 2007. Según el balance oficial de Te mana o te moana, se estima que 54.264 crías de tortuga verde consiguieron emerger de la arena a partir de 567 nidos confirmados. La tasa estimada de éxito en la salida de los nidos alcanzó el 88,8%.
La cifra de 15.614 crías que había dejado la campaña 2024-2025 queda muy atrás. En un solo año, la estimación se ha multiplicado por 3,47, mientras que el número de nidos confirmados ha pasado de 161 a 567. El resultado convierte a esta temporada en la más favorable documentada en Tetiaroa desde el inicio del programa.
La temporada 2025-2026 supera todos los registros del programa
Los equipos anotaron 1.564 rastros de hembras sobre la arena y distinguieron 64 ejemplares diferentes. Doce ya habían acudido anteriormente al atolón para desovar. Entre ellas apareció la primera tortuga verde observada por cuarta vez en Tetiaroa desde que existen registros, un dato especialmente valioso porque permite comprobar el regreso de estos animales a sus zonas de reproducción.
El trabajo exigió 639 inspecciones diurnas y nocturnas, con la participación de 17 voluntarios. Durante la misma campaña, el equipo atendió a 26 crías débiles o heridas. Ocho seguían con vida y en rehabilitación cuando la asociación publicó el balance, a la espera de que su evolución permita devolverlas al océano.
Identificar a cada hembra no es un detalle secundario. Los investigadores comparan fotografías, marcas y registros anteriores para saber si un ejemplar regresa después de varios años. Es una técnica presente en otros trabajos de seguimiento científico de fauna marina, aunque en Tetiaroa se completa con etiquetas en las aletas y muestras genéticas.
Marlon Brando encontró el atolón durante el rodaje de Rebelión a bordo
Tetiaroa se encuentra unas 33 millas al norte de Tahití, alrededor de 53 kilómetros, y está formado por 12 pequeños islotes de coral que rodean una laguna. Marlon Brando llegó allí en 1961 mientras participaba en el rodaje de Rebelión a bordo. El lugar le impresionó hasta el punto de iniciar años después las negociaciones para adquirirlo.
Las fuentes consultadas difieren en un año sobre la fecha exacta. Smithsonian sitúa la compra formal en 1966, por 200.000 dólares, mientras que la cronología publicada por Tetiaroa Society fecha la culminación de la adquisición en 1967. Ambas fuentes coinciden en que el actor quería conservar el valor natural y cultural del atolón.
Su proyecto no consistía en impedir cualquier actividad turística. Brando imaginaba una reserva natural que también funcionara como laboratorio científico, espacio educativo y alojamiento de bajo impacto. En los primeros años de la década de 1970 llegó a construir un pequeño hotel, aunque la iniciativa nunca fue rentable y sufrió daños por tormentas tropicales.
Tras la muerte del actor en 2004, su patrimonio colaboró con el hotelero Richard Bailey para desarrollar un nuevo complejo y dar continuidad a la vertiente científica. La estación de investigación de Tetiaroa Society abrió en mayo de 2014 y el complejo The Brando, con 35 villas, lo hizo dos meses después. El modelo resultante combina una actividad turística controlada con programas de investigación, educación y conservación.
La protección empieza con recorridos nocturnos por las playas
El programa de seguimiento de las puestas recorre las playas durante la temporada reproductora. Sus equipos identifican a las hembras mediante fotografías, etiquetas colocadas en las aletas y muestras genéticas. También cartografían los nidos, revisan la profundidad y el tiempo de incubación, contabilizan huevos y crías, analizan el éxito de eclosión e identifican posibles depredadores.
La vigilancia permite detectar nidos inundados, zonas erosionadas y cambios asociados a la temperatura de la arena. Estos datos sirven para estudiar la influencia del clima sobre la reproducción y sobre la proporción de machos y hembras. Además, parte de las playas de Tetiaroa se ha mantenido sin alterar para que las tortugas puedan acceder a la arena y anidar sin obstáculos.
El peligro no procede únicamente del mar. Cámaras instaladas en el atolón documentaron que ratas invasoras buscaban las zonas donde estaban a punto de salir las crías y llegaban a devorarlas. La retirada de estos roedores se planteó como una actuación capaz de beneficiar también a aves marinas, cangrejos, reptiles y plantas. El problema conecta con la compleja gestión de especies invasoras en otros ecosistemas, aunque cada territorio exige una respuesta diferente.
El mayor riesgo aparece después de que las crías alcancen el océano
Un estudio de seguimiento por satélite encargado por la Dirección de Medio Ambiente de la Polinesia Francesa reunió información de 41 tortugas marcadas. Sus resultados muestran que las adultas que anidan en Tetiaroa pueden atravesar el Pacífico hacia el oeste y llegar hasta Fiyi, donde se localizan importantes zonas de alimentación. Los ejemplares jóvenes, en cambio, tienden a permanecer cerca de costas y atolones durante su desarrollo.
Fuera de las playas protegidas, las tortugas se enfrentan a capturas accidentales en pesquerías, aparejos perdidos, residuos plásticos, colisiones con embarcaciones y degradación de sus hábitats. El cambio climático añade presión mediante la erosión costera, la subida del nivel del mar, la inundación de los nidos y el aumento de la temperatura de la arena.
Por eso, las 54.264 crías representan una estimación de animales que consiguieron salir de los nidos, no una previsión de cuántas alcanzarán la edad adulta. El récord es una señal favorable, pero su alcance deberá medirse con nuevas temporadas y con el regreso futuro de las hembras que han sido identificadas.
Como ocurre en otros proyectos de restauración ecológica a largo plazo, una primera cifra positiva adquiere valor cuando se mantiene la vigilancia y se comprueba su evolución. La decisión de preservar Tetiaroa creó el espacio necesario, pero el resultado actual responde al trabajo continuado de científicos, autoridades, personal local y voluntarios. Casi seis décadas después de la compra de Brando, el atolón ya no es solo una curiosidad ligada a Hollywood, sino un enclave donde la conservación puede medirse con datos.
