Subir al tranvía suele ser una rutina de esas que hacemos casi en piloto automático. Validamos el billete, buscamos sitio y confiamos en que todo avance con esa suavidad tan de ciudad ordenada. Pero en la cabina no hay piloto automático que valga: hay una persona pendiente de peatones, ciclistas, coches, puertas, frenos y cualquier susto de última hora.
Aida Pérez lleva 15 años conduciendo el Tram y conoce bien esa parte invisible del servicio. Su trabajo empieza antes de arrancar, con revisiones de seguridad, y continúa durante cada trayecto con una atención constante. Y sí, aunque parezca obvio, conviene recordarlo: un tranvía no se detiene como un coche, por mucho que algunas prisas quieran negociar con la física.
Cómo llegó Aida Pérez a conducir el Tram tras obtener el permiso de autobús
Aida Pérez explica que su llegada al Tram fue, sobre todo, una oportunidad que apareció en el momento adecuado. Acababa de obtener el permiso para conducir autobuses, estaba buscando trabajo y su madre, que ya trabajaba allí desde hacía unos años, le avisó de que se iban a convocar plazas.
Se presentó al proceso y, 15 años después, sigue al mando del tranvía. Su primer día lo recuerda con una mezcla de ilusión, nervios y orgullo, especialmente por el momento de cerrar las puertas y arrancar con pasajeros a bordo. Empezó en la línea T1 y todavía guarda muy presente esa primera sensación de responsabilidad.
Por qué conducir un tranvía no es solo ir de un punto A a un punto B
Aunque desde fuera pueda parecer que el tranvía simplemente sigue la vía y ya está, Pérez deja claro que la conducción es solo una parte del trabajo. Además de manejar el vehículo, hay que velar por la seguridad, observar todo lo que ocurre alrededor, coordinarse con el centro de control y gestionar incidencias o averías cuando aparecen.
El centro de control es, explicado de forma sencilla, el equipo que supervisa y coordina el servicio durante la jornada. La conductora también debe aplicar protocolos, que son instrucciones de seguridad fijadas para actuar siempre de forma ordenada. Eso no elimina los imprevistos, claro, porque la calle tiene esa manía tan suya de no comportarse como un manual.
Qué revisa una conductora antes de que el tranvía entre en servicio
La jornada empieza con la recogida del material necesario y el desplazamiento hasta el tranvía asignado. Antes de salir, la conductora realiza una serie de comprobaciones para asegurarse de que el vehículo está listo para entrar en servicio y de que todos los elementos funcionan correctamente.
Entre esas revisiones están los frenos, las puertas, los sistemas de comunicación con el centro de control, la señalización, los sistemas de emergencia y los elementos relacionados con la seguridad. También se comprueba el funcionamiento de los equipos que usan los pasajeros, como las validadoras. En este trabajo, como resume la propia idea de Pérez, nada puede quedar al azar.
Cuáles son las incidencias más habituales: móviles, auriculares, coches mal estacionados y patinetes
Las incidencias más frecuentes no siempre tienen que ver con grandes averías o situaciones espectaculares. Muchas veces nacen de gestos cotidianos: peatones mirando el móvil, personas que cruzan con auriculares, vehículos estacionados donde no deberían estar u objetos que aparecen en la vía.
En los últimos años, Pérez también ha notado un aumento de incidencias relacionadas con los patinetes. Según explica, no siempre respetan la señalización, y eso complica la convivencia con un vehículo que necesita anticipación y distancia para reaccionar. La escena puede parecer pequeña, pero en la cabina se vive en cuestión de segundos.
Por qué las horas punta, la lluvia y los grandes eventos hacen más difícil la conducción
Los momentos más complicados del día suelen concentrarse en las horas punta, cuando hay más tráfico y más movimiento de personas. A esa presión se suman los días de lluvia, en los que la conducción exige una atención todavía mayor.
También influyen las jornadas con grandes eventos en la ciudad, porque generan mucha afluencia de pasajeros. En esos casos, la cabina se convierte en un punto de observación constante: peatones que cruzan, ciclistas, coches, pasajeros que suben y bajan, y cualquier imprevisto que pueda aparecer en la vía.
Qué puede hacer cada pasajero para viajar con más seguridad en el Tram
La conductora insiste en una idea clave: la seguridad no depende solo de quien va al mando del tranvía. Los usuarios de la vía pública también tienen una responsabilidad individual, porque sus actos afectan a quienes les rodean y pueden crear situaciones de riesgo.
- Evitar cruzar mirando el móvil, aunque el tranvía parezca lejos.
- No invadir la plataforma por la que circula el Tram.
- Respetar la señalización, también cuando se circula en patinete.
- No estacionar vehículos donde puedan obstaculizar el paso.
- Prestar atención si se usan auriculares cerca de la vía.
En consecuencia, pequeños gestos pueden evitar sustos importantes. Y aquí no hablamos de grandes heroicidades, sino de algo bastante más simple: mirar, respetar la vía y no confiarse pensando que el tranvía frenará igual que un coche.
Qué situaciones humanas vive una conductora más allá de la cabina
El trabajo de Pérez no se limita a conducir. También se encuentra con personas desorientadas, pasajeros que necesitan ayuda e incidencias médicas. Con el calor, por ejemplo, se producen algunos desmayos, y en esos casos intenta mantener la calma, ayudar dentro de sus posibilidades y coordinar la llegada de asistencia.
Después de 15 años, reconoce que la responsabilidad de transportar a cientos de personas cada día impresiona al principio. Con el tiempo se aprende a convivir con ella, pero nunca desaparece del todo. Por eso considera positivo que esa responsabilidad esté más compartida entre todos los usuarios de la vía pública.
Los momentos de tensión: cuando alguien invade la plataforma
Pérez admite que ha vivido momentos de miedo real. Los más tensos se producen cuando alguien invade la plataforma o aparece una situación inesperada y hay que reaccionar en segundos.
Aunque se consiga evitar el problema, el susto no se borra de inmediato. Ese estrés, explica, puede acompañar durante un tiempo. De ahí que insista en que todavía falta conciencia sobre las particularidades del tranvía y sobre su forma de frenar.
Los niños, los saludos y los pequeños gestos que compensan una jornada
Entre los recuerdos que guarda con más cariño están los niños que la ven llegar, sonríen o le piden que haga sonar la campana para saludar. Son momentos sencillos, pero muy valiosos dentro de un trabajo que exige atención continua.
También aprecia a los pasajeros que saludan, dan los buenos días o agradecen el trabajo. Son detalles pequeños, sí, pero pesan mucho en una jornada. Para Pérez, la profesión le ha dado estabilidad, tranquilidad y también esos gestos humanos que ayudan a volver al día siguiente con ganas de seguir trabajando.
El mensaje de Aida Pérez para quienes suben cada día al Tram
La conductora quiere que los pasajeros se queden con una idea clara: detrás de cada trayecto hay responsabilidad, atención y mucho trabajo. Aunque el viaje parezca automático desde el asiento, en la cabina hay una vigilancia constante sobre lo que ocurre dentro y fuera del tranvía.
También pide colaboración para que la convivencia sea más segura. Su mensaje final resume bien el espíritu de la entrevista: «Cuando cada persona hace su parte, el viaje es mejor para todos.»
