El vallisoletano produce, envasa y comercializa su miel desde Torrelobatón, con colmenares en Valladolid, Zamora y Palencia. El negocio le permite mantenerse, aunque soporta costes elevados y una rentabilidad ajustada.
Francisco José González García, conocido como Fran, dejó atrás 20 años trabajando como jefe de obra de instalaciones para dedicarse profesionalmente a la apicultura. Desde febrero de 2020 vive de unas 400 colmenas distribuidas entre Valladolid, Zamora y Palencia. Produce su propia miel, la envasa bajo la marca Mielegante y la vende a precios que oscilan entre los 10 y los 12 euros, según explicó en una entrevista.
Dejó un empleo de 20 años para convertirse en apicultor
Antes de dedicarse a las abejas, Fran trabajó durante dos décadas como jefe de obra de instalaciones. Su relación con el campo, sin embargo, venía de mucho antes. Nació en Valladolid, pero pasó buena parte de su infancia y sus veranos en Torrelobatón, localidad de la que procede su familia paterna. De pequeño quería ser veterinario o desarrollar algún trabajo relacionado con los animales.
Su cambio profesional comenzó en 2016 y terminó consolidándose el 17 de febrero de 2020, cuando se dio de alta para dedicarse exclusivamente a la apicultura. Su trayectoria recuerda a otros profesionales que han abandonado una ocupación anterior para trabajar en el campo. En su caso, creó Mielegante y estableció el centro de la explotación en Torrelobatón.
Así trabaja con sus 400 colmenas repartidas por tres provincias
La explotación de Fran está formada por unos 15 colmenares. Dos se encuentran en Torrelobatón y el resto están distribuidos por distintos puntos de Valladolid, Zamora y Palencia. En total trabaja con alrededor de 400 colmenas. Es él mismo quien se desplaza hasta ellas, recoge la miel y posteriormente la traslada hasta su nave para continuar el proceso.
En Torrelobatón dispone de un obrador donde extrae la miel, además de una zona destinada al envasado y etiquetado. También cuenta con un espacio para almacenar el producto terminado. Todo el proceso depende directamente de él. Es una forma de autoempleo vinculada al medio rural que también aparece en historias como la de una joven ganadera de Salamanca que decidió continuar con la explotación familiar.
Fran comercializa distintas variedades. Entre ellas se encuentran la miel de flores, lavanda, castaño y brezo. En determinadas ocasiones también produce pequeñas cantidades de miel batida de flores o lavanda. A estos productos suma miel en panal y licor de miel, elaborado mezclando orujo con miel.
Vende su miel entre 10 y 12 euros pero los gastos reducen el beneficio
Los tarros de miel se venden por precios comprendidos entre 10 y 12 euros. La cantidad depende de la variedad porque los costes de producción no son iguales en todos los casos. Fran explica que obtener miel de brezo, por ejemplo, implica un gasto superior al de producir determinadas mieles de flores.
El apicultor es el único trabajador de Mielegante y apuesta fundamentalmente por la venta directa y los pequeños establecimientos. Sus productos se comercializan en alrededor de 20 puntos de venta. Pese a que actualmente puede vivir de esta actividad, reconoce que la rentabilidad es ajustada. Según explica, el negocio le permite «comer y darse cuatro caprichos».
Los ingresos deben cubrir una lista importante de costes. Entre ellos figuran el gasóleo necesario para desplazarse entre los distintos colmenares, el mantenimiento de la nave, los gastos corrientes, los tarros, las etiquetas y las propias colmenas. También necesita cajas de núcleos destinadas a realizar reproducciones.
La situación refleja una característica habitual de determinados proyectos rurales: obtener menos ingresos puede compensarse para algunos profesionales con la posibilidad de desarrollar una actividad propia. Es una experiencia parecida a la de quien decidió cambiar Madrid por el campo y aseguró haber ganado libertad pese a reducir sus ingresos.
Fran teme que la falta de jóvenes haga desaparecer el oficio
A los costes económicos se suman otros factores sobre los que el apicultor tiene poco control. Fran menciona la muerte de colmenas, el precio de los productos y, especialmente, la meteorología. Para mantener una buena producción necesita lluvias durante la primavera y también algunas precipitaciones durante el verano.
El relevo generacional es otra de sus preocupaciones. «Creo que estos oficios van a desaparecer», asegura. Considera que la juventud muestra poco interés por convertirse en apicultora debido al sacrificio que exige la profesión y a su rentabilidad limitada. Es un problema que también afecta a otras actividades del sector primario, donde la continuidad de las pequeñas explotaciones depende de que nuevas generaciones quieran incorporarse.
Pese a las dificultades, Fran no se plantea abandonar. Define la apicultura como su trabajo y también como su «hobby». Su intención es continuar atendiendo sus colmenas y viviendo de la producción y comercialización de miel natural.
