El giro que nadie esperaba en los parques solares donde ahora se cuentan más aves que fuera

Durante años, muchos han mirado los parques solares con cierta desconfianza, como si cada panel fuese una losa negra sobre el campo. La imagen es fácil de imaginar: hectáreas de placas, sol a plomo y ni un pájaro asomando el pico. Pero los datos recogidos en España empiezan a contar otra historia bastante distinta.

Según un informe de la Unión Española Fotovoltaica, UNEF, avalado por la consultora ambiental independiente EMAT, algunos recintos fotovoltaicos tienen más especies de aves dentro que los terrenos agrícolas de alrededor. En 2025, las cifras analizadas en Minglanilla, Revilla Vallejera y Trujillo apuntan en la misma dirección. Y sí, parece que debajo de los paneles hay más movimiento del que muchos imaginaban.

¿Por qué algunos parques solares tienen más vida que los campos de alrededor?

La clave está en comparar bien. Un parque solar no es mejor que un bosque virgen, eso parece bastante evidente. El punto importante es otro: muchos de estos terrenos venían de explotaciones de agricultura intensiva, con suelos empobrecidos, uso de herbicidas y un paisaje mucho más silencioso para aves e insectos.

Al instalar una planta fotovoltaica, el terreno cambia de dinámica. Según la información aportada, dentro de estos recintos no se utilizan pesticidas ni herbicidas, se prohíbe la caza, no hay laboreo de la tierra y la presencia humana se reduce a visitas de mantenimiento muy puntuales. Vamos, justo lo contrario de ese trajín constante que suele dejar al campo bastante tieso.

Además, Martín Behar, director de Estudios y Medio Ambiente de UNEF, apunta que esa falta de químicos, unida a la gestión natural de la vegetación mediante pastoreo extensivo, está generando resultados fantásticos sobre la biodiversidad. Dicho de forma sencilla: si se deja respirar al terreno y se gestiona con cabeza, el campo responde.

Qué dicen los datos de UNEF en Cuenca, Burgos y Cáceres

El informe de UNEF, avalado por EMAT, analizó distintas instalaciones en 2025 y encontró un patrón repetido: dentro de los parques solares había más especies que en el área agrícola de control situada fuera. No hablamos de una impresión bonita para una presentación, sino de conteos concretos en tres provincias. Estos son los datos principales recogidos en Minglanilla, Revilla Vallejera y Trujillo:

LugarEspecies dentro de la planta solarEspecies en el área agrícola exterior
Minglanilla (Cuenca)3219
Revilla Vallejera (Burgos)3934
Trujillo (Cáceres)3125

La diferencia más llamativa aparece en Minglanilla, donde se contabilizaron 32 especies dentro de la planta solar frente a 19 en el área agrícola de control. En Revilla Vallejera fueron 39 frente a 34, y en Trujillo, 31 frente a 25. En los tres casos, el balance cae del mismo lado: más aves dentro que fuera.

Y no se trata solo de aves comunes. También se ha documentado la presencia de especies protegidas o en declive como el alcaraván, el sisón, la carraca, el mochuelo y el cernícalo primilla. A partir de ahí, la cadena trófica hace su trabajo: crece vegetación salvaje, llegan insectos, después aparecen pájaros y, con más presas disponibles, también se acercan rapaces como águilas, buitres, halcones y lechuzas.

Qué son los sistemas «conservoltaicos» y por qué no funcionan solos

La ciencia empieza a llamar sistemas «conservoltaicos» a la unión entre generación renovable y conservación activa. Es decir, producir energía limpia y, al mismo tiempo, gestionar el terreno para favorecer la biodiversidad. No es solo poner paneles y confiar en que la naturaleza haga horas extra gratis, que ya bastante tiene.

España no es el único ejemplo. En el Reino Unido, un estudio liderado por el RSPB y la Universidad de Cambridge analizó seis parques solares en East Anglia y concluyó que albergaban mayor riqueza de aves que los cultivos cercanos. En los parques mejor gestionados, con setos sin podar y vegetación variada, se encontró casi el triple de pájaros que en los campos vecinos.

También aparece un caso curioso en Australia. Un estudio de Lightsource bp siguió durante tres años a 1.700 ovejas merinas: la mitad vivía en campos de pasto tradicionales y la otra mitad, entre paneles fotovoltaicos. El resultado fue llamativo, porque las ovejas que pastaban en el parque solar producían lana de mejor calidad.

La explicación está en el microclima bajo los módulos. Ese entorno permitía a los animales alternar entre forraje fresco, pasto seco y heno varias veces al año, algo inviable en un potrero normal a pleno sol. En otras palabras, los paneles no solo daban sombra: también cambiaban las condiciones del terreno.

Qué debe hacer un parque solar para ayudar realmente a la biodiversidad

Los propios investigadores advierten de un punto clave: que un parque solar pueda beneficiar al ecosistema no significa que siempre lo haga. Si se corta la hierba al ras y se deja un «hábitat simple», no habrá milagro. La biodiversidad no aparece por apretar un botón, por mucho que a veces la burocracia energética nos haga pensar que todo funciona con sellos y papeles.

Para que estos espacios funcionen mejor, la gestión activa es fundamental. Según la información aportada, estas son las medidas que marcan la diferencia:

  • Mantener cubiertas vegetales dentro de las instalaciones.
  • Usar vegetación autóctona en los márgenes.
  • Crear corredores ecológicos.
  • Apostar por las ovejas como cortacésped natural mediante pastoreo extensivo.

Estas medidas ayudan a que el parque solar no sea solo una instalación energética, sino también un refugio para insectos, aves y otras especies. De ahí que UNEF haya impulsado un Sello de Excelencia en Sostenibilidad, elaborado mano a mano con expertos de WWF y SEO/BirdLife, para empujar a la industria hacia este tipo de gestión.

Por qué el debate sobre energía fotovoltaica y campo está cambiando

El mensaje de fondo es bastante claro: el problema no está únicamente en los paneles, sino en qué se hace con el suelo que los rodea. Un parque solar mal gestionado puede quedarse en una superficie pobre y simple. Uno bien gestionado, en cambio, puede convertirse en una zona con vegetación, insectos, aves y menos presión humana.

Por lo tanto, el debate sobre la fotovoltaica empieza a moverse. Ya no se trata solo de preguntar si los paneles ocupan campo, sino de analizar cómo se gestionan esos terrenos y qué había antes en ellos. La diferencia entre una amenaza territorial y un aliado para la biodiversidad está, en buena parte, en las decisiones que se tomen después de instalar la planta.

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