Joan trabaja todo el verano para poder estudiar fuera y sus padres le pagan el alquiler

Su parte del alquiler era de 200 euros, sin suministros. Estudiar fuera de casa exigía sumar los ahorros del verano y el apoyo familiar.

Joan Marqués Pascual trabajaba durante el verano en Menorca para pagar sus gastos mientras estudiaba Fisioterapia en Manresa. Sin embargo, necesitaba que sus padres cubrieran los 200 euros mensuales de su parte del alquiler. Lo contó a La Vanguardia el 27 de octubre de 2025, cuando tenía 20 años. Su caso permite separar el precio de una habitación del coste de estudiar fuera de casa. También ofrece un contraste con el precio de las habitaciones, recogido en el informe de Fotocasa publicado en septiembre de 2026.

Los 200 euros de alquiler no cubrían el coste de estudiar fuera de casa

El piso costaba 800 euros al mes y se repartía entre cuatro personas. A los 200 euros de renta se añadían otros diez de wifi. Por tanto, alquiler e internet sumaban 210 euros mensuales, antes de pagar suministros y alimentación. Joan mencionaba además unos 60 euros de gastos cada tres meses. Las compras comunes, como jabón o productos de limpieza, se abonaban entre todos y después ajustaban las cuentas mediante Bizum.

Para medir el peso del apoyo familiar, nueve mensualidades de 200 euros equivalen a 1.800 euros solo en alquiler. Es un cálculo orientativo para un periodo de septiembre a mayo, no el gasto anual confirmado de sus padres. La entrevista no precisa cuántos meses pagaban la vivienda ni aporta el presupuesto completo del estudiante. Por eso, aquellos 200 euros no permiten afirmar que estudiar en otra ciudad costara únicamente esa cantidad. La comida, los suministros y los desembolsos personales quedaban fuera.

El trabajo del verano financiaba la compra y los gastos del curso

Su organización consistía en aprovechar la temporada turística en Menorca y guardar dinero para los meses de estudio. Situaba el trabajo entre junio y septiembre, y las clases entre septiembre y mayo. Con ese ahorro pagaba la compra, las salidas y sus necesidades personales. “Lo cubro con lo que ahorro en verano”, explicaba. La entrevista no detallaba su salario ni cuánto lograba ahorrar. Sí dejaba claro el reparto: sus ingresos cubrían los gastos cotidianos, mientras la familia asumía la renta del alojamiento.

El traslado había empezado con la decisión de dejar Ciutadella para estudiar la carrera que quería. Buscó alojamiento en la web de la universidad y escribió por WhatsApp al primer anuncio que le encajó. Estaba cerca del centro de estudios y no conocía a sus futuros compañeros. Encontrar ese piso le resultó sencillo, según contó. La proximidad también importa frente a los largos desplazamientos para estudiar, que otros jóvenes asumen al no poder pagar una habitación cerca de sus clases.

Las habitaciones promediaron 505 euros en julio, pero no bajaron en todas partes

El contexto de 2026 añade un dato que no aparecía en aquella entrevista. Fotocasa situó el alquiler medio de una habitación en España en 505 euros mensuales en julio, según su informe de septiembre. Aunque el promedio nacional descendió un 1,1% interanual, los precios aumentaron en 54 de las 67 ciudades con comparación disponible. La bajada de la media, por tanto, no significaba que todos los estudiantes pudieran encontrar alojamiento más barato.

En Cataluña, la media del estudio alcanzó 611 euros al mes. Ese dato no equivale al precio de una habitación en Manresa ni demuestra una subida del alquiler de Joan. Se están comparando una renta individual contada en 2025 y un promedio autonómico de julio de 2026. Él ya comentaba que algunos conocidos pagaban 300 o 350 euros, pero aquello era una observación personal. No era una estadística del mercado local.

Vivir con compañeros no evitó la soledad de las primeras semanas

El dinero no fue la única dificultad de la mudanza. Las primeras dos semanas lejos de su familia y sus amigos fueron especialmente duras. “Lloré bastante y me sentía desubicado”, reconocía. Con el tiempo se adaptó y encontró un buen ambiente en el piso. Compartía vivienda con dos chicos y una chica; los dos compañeros estudiaban también Fisioterapia. Las discusiones cotidianas existían, pero valoraba poder hablarlas y mantener una convivencia respetuosa. Lo más difícil seguía siendo no ver a su familia cuando quería.

Su proyecto era continuar unos años fuera, aprender y ahorrar antes de regresar a Menorca con una actividad vinculada a la Fisioterapia. Comprar una casa aparecía como una aspiración, no como algo inmediato. Para quienes preparan una mudanza universitaria, UManresa reúne información de alojamiento y permite contactar con otros estudiantes mediante un foro. Ese recurso facilita buscar opciones. Antes de comparar ofertas, hay que comprobar el precio y la duración del contrato, además de los gastos incluidos.

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