Delikatessen abrió en 1999 en Santa Perpètua de Mogoda y hoy reúne a dos generaciones de la misma familia. El trabajo de madrugada, la formación constante y una oferta que combina recetas clásicas con nuevos sabores sostienen su crecimiento.
A las tres de la mañana, cuando buena parte del municipio todavía duerme, los hornos de Delikatessen ya están encendidos. Las masas, preparadas durante la jornada anterior y fermentadas en frío, comienzan a hornearse para que la vitrina esté completamente llena a las 7.30. “El mostrador tiene que estar a reventar”, explica Susana López sobre una de las señas de identidad del establecimiento.
Una panadería familiar de éxito que comenzó en 1999 con dos hermanas
Susana López y su hermana Yolanda abrieron esta panadería de Santa Perpètua de Mogoda después de trabajar durante años en otros establecimientos del municipio. Aquel pequeño proyecto iniciado en 1999 fue creciendo hasta incorporar a una nueva generación de la familia.
Nuria y Gerard, hijos de Susana, trabajan actualmente en el negocio. Nuria mostró desde pequeña un especial interés por la pastelería y terminó desarrollando su profesión dentro del obrador familiar.
La formación también ha acompañado cada etapa del establecimiento. Durante el cierre provocado por la pandemia en 2020, la familia aprovechó para ampliar los conocimientos de Yolanda en repostería.
Antes de la crisis sanitaria llegaron a gestionar tres locales y una plantilla de hasta 18 trabajadores. Posteriormente concentraron toda la producción y la venta en un único establecimiento, donde trabajan seis personas.
El obrador comienza de madrugada para abrir con el mostrador lleno
La producción se organiza desde el día anterior, aunque no siguen un catálogo completamente cerrado. El equipo decide las elaboraciones según la temporada, las ideas disponibles y la respuesta de los clientes.
Esta flexibilidad permite que la vitrina cambie con frecuencia. Cuando una bandeja se termina, el personal procura reponerla con rapidez para mantener la imagen abundante que buscan desde el momento de la apertura.
La organización de la jornada también ha evolucionado. La panadería, que antiguamente permanecía abierta hasta las ocho de la tarde, baja ahora la persiana a las cuatro. La familia ha preferido reducir el horario antes que ampliar una plantilla que quiere mantener pequeña y cohesionada.
La bollería artesanal convive con sabores actuales sin abandonar los clásicos
En el mostrador se pueden encontrar tartaletas de limón, palmeras, cookies, cinnamon rolls y donuts clásicos o cubiertos con ingredientes como Kinder y Oreo. Los cruasanes también ocupan un lugar destacado, desde el tradicional de mantequilla hasta versiones de pistacho y fresa, cheesecake o bacon con queso cheddar.
Pese a esta variedad, la familia mantiene su apuesta por los procesos artesanales, los ingredientes naturales y las recetas tradicionales. Las elaboraciones con cabello de ángel comparten espacio con productos dirigidos a un público más joven.
Para Susana, el cruasán representa especialmente la exigencia del oficio. Su preparación requiere precisión, tiempo y experiencia, aunque continúa siendo uno de los productos que mejor resiste el paso de las modas.
Las redes sociales llevan clientes de fuera hasta esta panadería familiar
La actividad de Delikatessen ya no se limita a Santa Perpètua de Mogoda. Sus perfiles sociales, donde enseñan el trabajo diario del obrador y sus nuevas elaboraciones, reúnen cerca de 300.000 seguidores.
Susana sostiene que alrededor del 70% de los clientes procede actualmente de fuera del municipio. La familia también organiza talleres dirigidos a profesionales interesados en ampliar sus conocimientos sobre panadería y repostería.
Tras más de 25 años de actividad, el negocio conserva el carácter familiar con el que comenzó. Hermanas, hijos y trabajadores comparten largas jornadas basadas en la coordinación, el respeto y una forma artesanal de entender el oficio.
