La jubilada se instaló en una pequeña casa móvil situada en la propiedad de su hija menor, en Florida. La vivienda le permite conservar su privacidad, tener a su familia cerca y afrontar esta etapa con menos obligaciones domésticas.
Jane Post llevaba más de tres décadas viviendo en el mismo hogar cuando su mantenimiento empezó a exigirle demasiado esfuerzo. Acostumbrada a vivir sola, no quería perder su autonomía, pero necesitaba una vivienda más sencilla. La solución apareció en el terreno de su hija: una casa prefabricada de tamaño reducido que terminó convirtiéndose en su residencia permanente.
Jane dejó su casa de 31 años cuando mantenerla resultó demasiado difícil
Al llegar a mediados de los setenta, Jane comenzó a sentir que su antigua vivienda suponía más trabajo y responsabilidad de los que podía asumir. Así lo relata en un testimonio publicado por Business Insider, donde reconoce que necesitaba encontrar una alternativa adaptada a sus circunstancias como jubilada.
Tras abandonar la casa, pasó unos meses viviendo con una amiga. En 2020 se trasladó desde Florida hasta Nueva York para instalarse con su hija mayor, aunque aquella convivencia tampoco terminó de encajar con la forma de vida independiente que deseaba mantener.
Un par de años después regresó a Florida sin tener decidido dónde residir. Su hija menor le ofreció entonces una casa móvil ubicada en su propiedad mientras buscaba una solución definitiva. La estancia iba a ser temporal, pero Jane se sintió cómoda desde el primer momento y decidió quedarse.
La casa prefabricada de su hija reunió recuerdos, animales y tranquilidad
Jane bautizó su nuevo hogar como ‘La Tetera’. El nombre procede de una historia sobre una diminuta vivienda inglesa en la que apenas había espacio para una mesa y dos sillas. Aquella descripción le recordó a su casa móvil y le hizo sentir que había encontrado el lugar que buscaba.
El reducido interior alberga sus libros, recuerdos, conchas fosilizadas y trabajos artesanales. También comparte la vivienda con varios perros, gatos y gallinas, animales que marcan buena parte de su rutina diaria y le proporcionan compañía.
El tamaño tiene además una ventaja para Jane. Sus pertenencias se encuentran al alcance de la mano y siempre dispone de una pared, una mesa o una encimera cercana donde apoyarse si pierde el equilibrio. La falta de enchufes es uno de los pocos inconvenientes que encuentra en la vivienda.
Vivir cerca de su familia le permite conservar una jubilación independiente
Su hija menor está cerca cuando necesita ayuda o compañía, pero Jane continúa viviendo sola y mantiene su intimidad. También recibe las visitas de sus dos bisnietos, de cuatro y ocho años, que disfrutan pasando tiempo con ella y con sus animales.
La vivienda llegó a convertirse en un refugio durante una enfermedad reciente. Desde la cama podía observar sus objetos más queridos y recordar los momentos asociados a cada uno de ellos.
Jane admite que vivir en pocos metros cuadrados no resulta adecuado para todas las personas. En su caso, el cambio le ha permitido liberarse de las exigencias de una casa convencional sin renunciar a la familia, los animales, la privacidad y la tranquilidad que buscaba para su jubilación.
