El Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha reconoce el derecho de una trabajadora autónoma con encefalomielitis miálgica a cobrar una pensión vitalicia superior a 2.300 euros al mes. La mujer había visto rechazada inicialmente su solicitud por parte del Instituto Nacional de la Seguridad Social.
Una trabajadora autónoma de 37 años, que también realizaba funciones administrativas, ha conseguido que la Justicia le reconozca una incapacidad permanente absoluta por padecer un cuadro severo de fatiga crónica. La sentencia, difundida por la Sociedad Española de Síndrome de Sensibilidad Central (Sessec), corrige el criterio del INSS y concede a la afectada el derecho a cobrar el cien por cien de su base reguladora.
Una trabajadora autónoma con fatiga crónica logra la incapacidad permanente absoluta
El caso analizado por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha se centra en una auxiliar administrativa residente en Albacete que sufre encefalomielitis miálgica, también conocida como síndrome de fatiga crónica. Según recoge la resolución, la enfermedad le provoca una afectación funcional intensa y persistente.
Entre las limitaciones acreditadas figuran fatiga extrema, episodios de deterioro cognitivo que dificultan la concentración y la memoria, cefaleas intensas y una sensibilidad acusada a los estímulos luminosos. Para el tribunal, este conjunto de síntomas impide a la trabajadora mantener un rendimiento laboral regular.
La clave de la sentencia está en que las limitaciones no afectan solo a su profesión habitual, sino a cualquier actividad laboral. Por este motivo, el tribunal entiende que no puede desarrollar un trabajo con continuidad, eficacia y unas mínimas garantías de rendimiento.
El INSS rechazó la solicitud y los tribunales corrigieron esa decisión
La trabajadora había solicitado el reconocimiento de la incapacidad permanente absoluta, pero el Instituto Nacional de la Seguridad Social denegó inicialmente la prestación al no apreciar el grado de limitación necesario.
Tras acudir a la vía judicial, los tribunales valoraron la documentación médica aportada y concluyeron que existía una afectación grave, permanente y no compatible con el desempeño normalizado de una actividad productiva.
En este sentido, la resolución considera que la enfermedad no se traduce únicamente en cansancio, sino que compromete capacidades esenciales para cualquier empleo, como la atención sostenida, la respuesta al esfuerzo, la tolerancia a los estímulos y la autonomía personal.
La pensión reconocida supera los 2.300 euros mensuales de forma vitalicia
La sentencia reconoce a la trabajadora una pensión vitalicia equivalente al cien por cien de su base reguladora. En este caso, la cuantía supera los 2.300 euros al mes, al tratarse de una incapacidad permanente absoluta.
Este grado de incapacidad se concede cuando la persona no puede desempeñar ningún trabajo con regularidad y eficacia. Por ello, el fallo resulta especialmente relevante para quienes padecen enfermedades invisibles o fluctuantes, siempre que exista un cuadro clínico sólido y bien documentado.
Para la Sessec, la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha supone un paso importante en el reconocimiento de patologías que tradicionalmente han encontrado dificultades en los procesos de incapacidad. La resolución refuerza que la fatiga crónica severa puede dar lugar a la máxima protección económica de la Seguridad Social cuando sus síntomas son persistentes, graves y limitantes.
