El joven dejó Barcelona con 18 años para mudarse al campo y construir una vida basada en la autosuficiencia. Se alimenta de su huerto, cría animales y ha creado un negocio de conejos que le permite tener ingresos propios.
La emancipación se ha convertido en un reto para muchos jóvenes en España. Los precios de la vivienda, los alquileres elevados y unos salarios que no siempre permiten ahorrar hacen que independizarse sea cada vez más difícil. Arnau Serrado, de 24 años, eligió un camino muy distinto al de la mayoría.
Con solo 18 años dejó su vida en Barcelona y se mudó al campo. Seis años después, asegura haber encontrado una forma de vivir con menos gastos, mayor autonomía y una alimentación que considera de más calidad. “Me siento el hombre más rico de la Tierra pudiendo vivir así. Te gastas menos y comes por 10 o por 100 de calidad de lo que compras”, afirma en su canal de YouTube.
Arnau dejó Barcelona a los 18 años para empezar una vida autosuficiente
La decisión de Arnau no fue fruto de una moda ni de una escapada temporal. Según explica, su vida en la ciudad le generaba malestar físico y psicológico. Las visitas al campo durante los fines de semana con su familia terminaron convirtiéndose en una vía de escape.
Al cumplir la mayoría de edad decidió mudarse definitivamente. Desde entonces, su rutina se ha alejado de la vida urbana y se ha centrado en producir buena parte de lo que necesita para vivir.
En su día a día corta madera para calentarse, utiliza placas solares y recoge agua de fuentes naturales. También cultiva sus propios alimentos y aprovecha los recursos de su entorno para reducir gastos.
Su negocio de cría de conejos le permite tener ingresos propios
Además de su vida autosuficiente, Arnau ha puesto en marcha un negocio vinculado a la cría, reproducción y aprovechamiento de conejos. Esta actividad le permite obtener ingresos y sostener su independencia económica sin depender de un empleo tradicional en la ciudad.
El joven también cría aves y cabras, y consume productos procedentes de su finca, de la caza para autoconsumo y de los animales que mantiene. Su modelo se basa en gastar menos, producir más y aprovechar cada recurso disponible.
En su finca cuenta con un invernadero construido con ventanas recicladas. Allí cultiva tomates, calabazas, judías, espinacas, ajos y cebollas. Los excedentes de la cosecha y los restos vegetales sirven como alimento para sus animales.
A su vez, los excrementos de los animales se utilizan como abono natural para los cultivos, lo que le permite evitar el uso de fertilizantes químicos y reducir todavía más los costes.
Un estilo de vida en el campo que no todos los jóvenes pueden asumir
Aunque Arnau defiende las ventajas de vivir de esta manera, también reconoce que no es una opción sencilla ni apta para todo el mundo. Requiere aprendizaje constante, esfuerzo físico y una gran capacidad de adaptación.
La autosuficiencia implica renunciar a comodidades habituales y asumir tareas que en la ciudad suelen resolverse pagando por servicios o productos. También supone sacrificar parte de la vida social, algo que puede resultar difícil para muchos jóvenes.
Su caso muestra una alternativa a la emancipación tradicional. Mientras buena parte de su generación busca estabilidad en el empleo y acceso a una vivienda asequible, Arnau ha optado por reducir necesidades y construir una economía propia en el campo.
