La historia de Boris y Rosa, la pareja que levantó su hogar con tierra, paja y materiales reciclados en una finca abandonada

La pareja comenzó el proyecto con apenas 20 años y ha convertido una finca abandonada de 7.000 metros cuadrados en un hogar con energía solar, agua de pozo y producción propia de alimentos.

Boris y Rosa empezaron a trabajar en el terreno hace 16 años. Actualmente viven allí junto a su hijo Riu y desarrollan Permacultura por la Tierra, una iniciativa que combina vivienda sostenible, cultivo ecológico, aprovechamiento de recursos y divulgación ambiental.

Una finca abandonada convertida en casa autosuficiente tras dieciséis años de trabajo

Boris tenía alrededor de 20 años cuando comenzó a levantar las primeras construcciones. Mientras otros jóvenes de su generación dedicaban el tiempo libre a salir, él acudía a la finca abandonada para avanzar en un proyecto que terminaría convirtiéndose en su hogar.

Una de las primeras edificaciones fue la denominada Casa de la Seta, una pequeña cabaña construida con tierra procedente del terreno y diferentes elementos reutilizados. Emplearon paja, botellas de vidrio y una antigua lona de camión para impermeabilizar el tejado. Boris sostiene que no tuvo que gastar dinero en los materiales utilizados para aquella primera construcción.

Con los años, el terreno fue incorporando nuevas instalaciones. La vivienda principal cuenta con muros de barro y termoarcilla, espacios abiertos, cubierta vegetal y zonas destinadas al cultivo y al cuidado de animales.

La permacultura organiza la vivienda, el huerto y la crianza familiar

La familia obtiene electricidad mediante placas solares y utiliza el agua de un pozo que ya existía en la parcela. También dispone de huertos elevados, cultiva parte de los alimentos que consume y cría gallinas para obtener huevos.

Para Boris y Rosa, la permacultura no se limita a producir verduras sin tratamientos industriales. Su planteamiento incluye la alimentación, la construcción, el uso responsable de los recursos, la salud y la educación de su hijo, que mantiene un contacto diario con los ciclos naturales.

La pareja comparte la evolución de la finca en redes sociales y organiza talleres relacionados con la bioconstrucción y los cultivos ecológicos. Su experiencia ha despertado interés por mostrar una forma de vida con menor dependencia de los suministros tradicionales.

Construir una vivienda sostenible en suelo rústico exige permisos y proyecto técnico

Utilizar barro, madera, paja o materiales recuperados no permite levantar una vivienda al margen de la normativa. La Ley de Ordenación de la Edificación incluye los inmuebles residenciales de carácter permanente y establece que su proyecto debe ser redactado por un profesional con la titulación correspondiente. En los edificios destinados a vivienda, esa competencia recae en un arquitecto.

El Código Técnico de la Edificación exige acreditar condiciones de seguridad estructural, protección contra incendios, salubridad, aislamiento, accesibilidad y eficiencia energética. La norma admite soluciones constructivas alternativas, pero el proyectista debe justificar documentalmente que ofrecen unas prestaciones equivalentes a las contempladas en sus documentos básicos.

La clasificación del terreno también resulta determinante. La legislación estatal establece que cualquier edificación necesita la autorización administrativa correspondiente, mientras que los usos permitidos en suelo rural dependen de las normas autonómicas, el planeamiento municipal y las características concretas de la parcela. Comprar una finca rústica no concede por sí solo el derecho a construir una residencia permanente.

Las informaciones publicadas sobre Boris y Rosa no precisan la clasificación urbanística de la finca ni las licencias concedidas, por lo que no cabe atribuir ninguna irregularidad a su proyecto. Su historia muestra las posibilidades de la bioconstrucción, pero también la necesidad de que cualquier iniciativa similar cuente con respaldo técnico y autorización urbanística.

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