Europa ya puede crear eclipses solares de hasta seis horas sin esperar a que pase la Luna

Proba-3 bloquea la luz directa del Sol desde el espacio para observar la corona durante horas. La misión ya ha alcanzado su eclipse artificial número 62.

La Agencia Espacial Europea ha conseguido convertir los eclipses solares en una herramienta de observación que puede activarse desde el espacio. El 10 de agosto de 2026, la ESA informó de que Proba-3 había alcanzado el eclipse artificial número 62 de sus operaciones nominales. El sistema usa dos satélites separados unos 150 metros y puede mantener el ocultamiento hasta seis horas. Cada órbita dura 19 horas y 36 minutos.

Un satélite hace de Luna y otro fotografía la corona solar

Proba-3 está formada por dos naves que funcionan conjuntamente como un único instrumento de unos 150 metros de longitud. El satélite Occulter se sitúa delante del Sol y porta un disco de 1,4 metros. Este elemento proyecta una sombra de unos ocho centímetros sobre el segundo satélite. Coronagraph lleva el instrumento ASPIICS, cuyo telescopio tiene una abertura de cinco centímetros y permanece dentro de esa pequeña zona oscura.

La configuración reproduce el principio de un eclipse natural, pero elimina una de sus principales limitaciones científicas. Los coronógrafos convencionales también bloquean el disco solar, aunque parte de la luz bordea el elemento ocultador por difracción. Separar físicamente el disco y el telescopio permite observar regiones de la corona mucho más próximas al Sol. ASPIICS puede estudiar zonas situadas desde unos 70.000 kilómetros sobre la superficie solar.

La diferencia temporal quedó especialmente clara tras el eclipse total del 12 de agosto. España fue atravesada por la franja de totalidad y la ESA retransmitió desde Javalambre, en Teruel. Allí estaban previstos un minuto y 21 segundos de oscuridad total, frente a las horas disponibles con Proba-3. España también había preparado estos fenómenos mediante un plan para los eclipses entre 2026 y 2028.

La precisión milimétrica mantiene el telescopio dentro de una sombra de ocho centímetros

Conseguir esta alineación exige que las dos naves mantengan sus posiciones relativas con una precisión cercana a un milímetro. Cualquier desviación permitiría que la luz directa del Sol alcanzara el telescopio y ocultara la tenue corona. El sistema combina rastreadores de estrellas, GPS, enlaces de radio, cámaras que siguen patrones LED y sensores específicos de posicionamiento.

La medición más precisa procede de un sistema láser instalado en Occulter. El haz rebota en un reflector colocado en Coronagraph y permite determinar la distancia relativa con precisión milimétrica. Las propias naves ejecutan las correcciones necesarias sin depender continuamente de órdenes desde Tierra. La formación se mantiene cerca del punto más elevado de la órbita, por encima de 60.000 kilómetros, donde disminuyen las perturbaciones y el consumo de propelente.

Proba-3 ya supera las 250 horas observando la corona del Sol

La actualización publicada por la ESA el 10 de agosto añade un detalle relacionado directamente con el reciente eclipse español. Una de las últimas imágenes correspondía al eclipse artificial número 62 de las operaciones nominales. Había sido tomada aproximadamente dos semanas antes del fenómeno natural. Según el investigador Andrei Zhukov, invertir horizontalmente aquella imagen permitía anticipar la estructura general de la corona que posteriormente podría observarse desde la Tierra.

Los resultados acumulados muestran la diferencia que supone disponer de horas continuadas de observación. Hasta abril de 2026, Proba-3 había reunido más de 250 horas de vídeo de alta resolución. La ESA equipara ese tiempo con unas 5.000 campañas terrestres de eclipses totales. Los primeros análisis también detectaron estructuras del viento solar lento desplazándose entre 250 y 500 kilómetros por segundo. Los modelos anteriores situaban algunas de esas velocidades cerca de 100 kilómetros por segundo.

La corona tiene especial interés porque allí se encuentran procesos asociados al clima espacial. Entre ellos aparecen el viento solar y las eyecciones de masa coronal. Estas últimas pueden alterar satélites, comunicaciones y redes eléctricas terrestres. La capacidad de observar durante horas una región difícil de estudiar ofrece nuevos datos sobre cómo se acelera y evoluciona ese material solar.

España aporta el 38% de una misión espacial de 200 millones de euros

Proba-3 cuenta con un presupuesto de 200 millones de euros dentro del programa GSTP de la ESA. España es el principal contribuyente, con el 38% de la financiación, mientras Bélgica aporta el 34%. Polonia y Rumanía rondan el 4% cada una. Austria, Luxemburgo, Suiza y Reino Unido participan con porcentajes próximos al 3%.

El núcleo industrial incluye a Sener Aerospace, Redwire Space, Airbus Defence and Space, GMV y Spacebel. La participación española resulta especialmente relevante en sistemas, estructuras y tecnologías de vuelo en formación. Este desarrollo se suma a otros proyectos vinculados con la industria espacial española, que está ampliando su capacidad industrial y tecnológica.

La demostración tecnológica también puede trascender la observación solar. Mantener varias naves alineadas como partes de un único instrumento permitiría repartir grandes equipos científicos entre diferentes satélites. Proba-3 demuestra que esa arquitectura puede funcionar durante horas y con precisión milimétrica, una capacidad que la ESA considera relevante para futuras misiones espaciales.

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