Hay noticias que parecen lejanas hasta que acaban tocando el bolsillo, la fábrica o el móvil que usamos cada día. La visita oficial de Pedro Sánchez a China entra justo en esa categoría. Mientras en Europa se repite que toca reducir dependencias, los números cuentan una historia bastante menos épica y bastante más contable. La UE compra a China mucho más de lo que le vende, y España no se queda precisamente al margen. De hecho, el caso español destaca porque refuerza esa relación mientras su déficit comercial sigue creciendo. La diplomacia pone las fotos y los comunicados, pero la calculadora, que suele ser menos sentimental, va por otro lado.
¿Por qué el discurso del desacople con China choca con la realidad comercial?
En los medios y en buena parte del discurso político se ha repetido una idea: Occidente se está desacoplando de China, es decir, intenta separar cadenas de suministro y reducir su dependencia. La tesis suena bien, encaja en la geopolítica del momento y transmite sensación de control. No obstante, cuando se mira la evolución del comercio, el relato empieza a hacer aguas.
Entre 2014 y 2024, las importaciones de la UE procedentes de China aumentaron un 101,9 %, mientras que las exportaciones europeas hacia China crecieron solo un 47 %. Esto quiere decir que la relación no se ha enfriado, sino que se ha intensificado y, además, con más desequilibrio. China sigue siendo, con diferencia, el mayor proveedor de la UE y representa el 21,3 % de todas las importaciones extracomunitarias, por delante de Estados Unidos, con el 13,7 %, y de Reino Unido, con el 6,8 %.
Por tanto, la distancia entre el mensaje político y la realidad comercial es evidente. Una cosa es hablar de dependencia estratégica y otra, bastante menos decorativa, es seguir comprando a China a ese ritmo.
¿Qué dicen las cifras de la UE y España sobre el comercio con China en 2024?
La aritmética comercial suele ser más seca que la diplomacia, pero también bastante más clara. En 2024, la UE exportó a China bienes por valor de 213.300 millones de euros e importó 517.800 millones. El resultado fue un déficit comercial, es decir, comprar bastante más de lo que se vende, de 304.500 millones de euros. España se movió en la misma dirección: exportó 7.467 millones e importó 45.174 millones, con un déficit de 37.706 millones. Para ver mejor el tamaño del desequilibrio, conviene ordenar las cifras principales en una sola tabla.
| Ámbito | Exportaciones a China | Importaciones desde China | Déficit comercial |
|---|---|---|---|
| Unión Europea | 213.300 millones de euros | 517.800 millones de euros | 304.500 millones de euros |
| España | 7.467 millones de euros | 45.174 millones de euros | 37.706 millones de euros |
Además, dentro de la UE los mayores importadores de productos chinos en 2024 fueron Países Bajos, con 109.000 millones de euros, Alemania, con 96.000 millones, e Italia, con 50.000 millones. El caso alemán resulta llamativo porque lidera el discurso de reducir dependencias estratégicas y, al mismo tiempo, es el segundo mayor comprador europeo de productos chinos. Los únicos países con superávit comercial, o sea, con más ventas que compras frente a China, fueron Irlanda y Luxemburgo. En España, por si faltaba una cifra incómoda, las importaciones crecieron todavía más en 2025 hasta alcanzar 50.250 millones de euros.
¿Por qué España estrecha la relación con China mientras el déficit sigue al alza?
La última visita de Pedro Sánchez a China dejó una imagen muy visible: el selfie con el CEO de Xiaomi. También incluyó una parada en la Universidad de Tsinghua, en Pekín, señalada en el texto como cantera de talento en inteligencia artificial, y una reunión con Xi Jinping. No fue un viaje aislado: Sánchez ha visitado China en marzo de 2023, septiembre de 2024, abril de 2025 y abril de 2026. Según el propio balance, ningún otro líder europeo ha viajado al gigante asiático con esa frecuencia en este periodo.
En primer lugar, esto refuerza una continuidad política clara. Todos los presidentes del Gobierno desde Felipe González han viajado al menos una vez a China, y José Luis Rodríguez Zapatero también hizo cuatro viajes, aunque repartidos entre 2005 y 2011. En segundo lugar, el acercamiento ya no es solo español: Friedrich Merz, Keir Starmer y Emmanuel Macron también han visitado China en los últimos meses. El texto relaciona ese movimiento con los aranceles que Donald Trump activó en 2025 y con la conversación europea sobre la necesidad de reducir la dependencia de Washington.
No obstante, el mayor problema para España no está en la foto, sino en el saldo. Las visitas han traído acuerdos de cooperación y comunicados de inversión en energías renovables, pero no han corregido el desequilibrio comercial a corto plazo. España vende a China componentes de automoción, productos químicos y jamón serrano, mientras compra maquinaria industrial, equipos de telecomunicaciones y motores. Dicho de forma sencilla, China vende a España bienes que sostienen producción, y ahí la asimetría, es decir, el desequilibrio de fondo, pesa todavía más.
¿Cómo afecta esta dependencia de China y qué conviene vigilar desde ya?
Aunque el asunto parezca de alta política, tiene consecuencias bastante terrenales. El Banco de España advirtió en 2024 que China es el gran punto débil comercial tanto para España como para la UE. Lo es por el volumen de las importaciones, por su concentración, es decir, por el peso que se acumula en un mismo proveedor y en productos clave, y por su naturaleza, ya que buena parte de lo que llega desde China alimenta la producción española. De ahí que el problema no se resuelva con discursos: harían falta cadenas de suministro alternativas, y el propio texto señala que todavía no se están creando a la escala necesaria.
Para no perderse entre tanta visita oficial, tanto titular solemne y tantos millones arriba y abajo, hay tres señales muy concretas que conviene mirar de cerca.
- Fijarse en qué productos llegan desde China. Maquinaria industrial, equipos de telecomunicaciones y motores no son compras menores, sino piezas que sostienen actividad económica.
- Comparar qué vende España y qué compra. España coloca componentes de automoción, productos químicos y jamón serrano, pero adquiere bienes mucho más ligados al tejido industrial.
- Seguir la evolución de las importaciones españolas. Pasaron de 45.174 millones de euros en 2024 a 50.250 millones en 2025, mientras que en 2024 el déficit ya alcanzó 37.706 millones.
La conclusión es incómoda, pero bastante nítida. La retórica del desacople y de la soberanía digital, o sea, de controlar la tecnología y los sectores clave sin depender de fuera, choca de frente con una realidad en la que Europa sigue importando productos de China a gran escala. España, además, no parece esconder ese acercamiento, y esa franqueza puede tener valor estratégico. El problema es que, por ahora, el déficit sigue ahí.
