La cooperativa CASI, situada en Almería, es una de las grandes referencias del tomate fresco europeo gracias a un clima único, agua salina y cultivos de invierno.
El tomate de Almería se ha convertido en uno de los grandes productos agrícolas de España y de Europa. Su éxito no responde solo a la cantidad que se produce bajo los invernaderos del sureste peninsular, sino a unas condiciones naturales muy concretas que permiten cultivar cuando buena parte del continente no puede hacerlo.
En esta provincia se encuentra CASI, una cooperativa nacida en 1944 que agrupa a más de 1.700 socios y gestiona cerca de 1.900 hectáreas de cultivo. Su actividad está centrada especialmente en el tomate fresco, un producto que encuentra en Almería un escenario muy favorable por la luz, la temperatura y la salinidad del agua.
El tomate de Almería se cultiva en invierno gracias a un clima único en Europa
Almería tiene una ventaja que marca la diferencia respecto a otras zonas productoras: sus inviernos cálidos. Mientras en otros países europeos la campaña local termina, los agricultores almerienses empiezan a producir tomates en plena temporada fría.
Federico Castellón, ingeniero agrícola y subdirector del departamento técnico de CASI, explica que la zona reúne unas condiciones excepcionales para este cultivo. La combinación de muchas horas de sol, temperaturas suaves durante el invierno y agua con cierta salinidad favorece la producción de tomate cuando en otros lugares no hay oferta suficiente.
Este modelo permite que el tomate almeriense llegue al mercado europeo durante todo el año. Cuando el calor aprieta en las zonas bajas de la provincia, la producción se desplaza a áreas de sierra, donde las temperaturas resultan más adecuadas.
La salinidad del agua ayuda a conseguir tomates con más sabor
Uno de los factores más importantes del tomate de Almería está en el agua. Según Castellón, la salinidad reduce la productividad, pero favorece el sabor. Esto hace que el fruto tenga más intensidad, aunque el rendimiento por planta pueda ser menor.
El tomate cultivado en invierno también permanece más tiempo en la planta. Al madurar de forma más lenta, desarrolla mejor sus azúcares y adquiere más sabor. Esta combinación explica por qué determinadas variedades almerienses, como el raf, son tan valoradas por los consumidores que buscan un tomate con personalidad.
En CASI se trabajan más de 25 variedades, desde el tomate de ensalada, pera o rama hasta otros más especiales como el corazón de buey, el tomate rosa, el negro, el chocolate, el cherry o el amarillo. Cada variedad responde a una demanda diferente del mercado y a formas distintas de consumo.
Por qué muchos tomates del supermercado pierden sabor antes de llegar a casa
La pérdida de sabor en algunos tomates no se debe solo al origen ni al cultivo en invernadero. Castellón apunta a una razón comercial: las grandes superficies suelen priorizar piezas que resistan más días en el lineal.
Un tomate con más sabor suele tener menos vida útil. Por eso, cuando el mercado exige frutos que aguanten transporte, manipulación y varios días de exposición, el sabor puede quedar en segundo plano. Esta es una de las grandes diferencias entre un tomate pensado para durar y otro destinado a consumirse en su punto óptimo.
También influye la conservación en casa. Los tomates premium, especialmente los de mayor calidad, no deberían guardarse en el frigorífico. Lo recomendable es mantenerlos en un lugar fresco, sin exposición directa al sol, para que no pierdan aroma ni textura.
A la hora de servirlos, cada variedad pide un corte distinto. El raf potencia su sabor cortado en gajos y suele bastar con aceite de oliva y algo de sal. El tomate rosa, más carnoso y arenoso, se disfruta mejor en láminas finas, acompañado de ingredientes como queso, parmesano o anchoas.
El tomate de Almería demuestra que el sabor depende del cultivo, del clima, del agua, del mercado y también de cómo se conserve antes de llegar al plato.
