Los supermercados venden el tomate hasta por 3 euros mientras el agricultor asegura cobrar solo 1 euro

Comprar tomate se ha convertido en uno de esos gestos cotidianos que ahora obligan a mirar dos veces la etiqueta. Antes se cogían varios kilos casi sin pensarlo, pero ahora el bolsillo manda, y bastante. Los agricultores denuncian que el aumento de las materias primas, a raíz de la guerra, está ahogando a un sector que también nota la caída del consumo.

El tomate, uno de los productos nacionales que más se produce en España, ha subido un 72,7% en las últimas veinte campañas. Mientras tanto, los productores aseguran que la gran distribución vende mucho más caro de lo que se les paga en origen. Y claro, entre fertilizantes, combustible y transporte, la cuenta sale cada vez más cuesta arriba.

Por qué ha subido tanto el precio del tomate en España

El sector apunta a que el precio del tomate ha aumentado un 72,7% en las últimas veinte campañas. Una de las causas señaladas es la guerra de Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz, que ha encarecido materias primas como los fertilizantes, esenciales para este cultivo.

El problema no se queda ahí. También influye el precio del petróleo, porque afecta directamente al transporte y a la maquinaria agrícola. Es decir, no solo cuesta más producir, también cuesta más mover el producto. Y cuando todo sube a la vez, el campo se queda haciendo números con cara de pocos amigos.

Cuánto se paga al agricultor y cuánto cuesta en el supermercado

Los agricultores y fruteros denuncian que supermercados y grandes superficies obtienen más margen por la venta de tomate, mientras que en el campo apenas se compensan los costes de producción. Juan Carlos Parejo, productor y agricultor de tomate, lo resume así: «Vas a una gran superficie y el precio puede estar a 2’50 euros o 3 euros, cuando al agricultor se le está pagando 1 euro».

La diferencia entre el precio en origen y el precio final es el punto que más malestar provoca en el sector. Estos son los datos concretos que aparecen en la información aportada:

Dato mencionadoCifra concreta
Precio al agricultor1 euro
Precio en gran superficie2’50 euros o 3 euros
Subida del tomate en veinte campañas72,7%
Reducción de ventas españolas a la UE34%
Cuota de Marruecos como proveedor de tomates de la UE70,6%
Cuota de Turquía en ventas a la UE22,1%

Por lo tanto, la queja no va solo de que el tomate esté caro, sino de cómo se reparte ese precio. El consumidor paga más, el agricultor cobra poco en comparación y el frutero también nota que vende menos. Negocio redondo, desde luego, no parece para todos.

Cómo afecta la guerra al campo y a las fruterías

En un reportaje de los servicios informativos de Antena 3, Juan Carlos Parejo insiste en que la guerra ha tenido impacto directo en su profesión. Según explica, el encarecimiento del combustible golpea al transporte y a la maquinaria, mientras que los fertilizantes también se han disparado.

El productor lo expresa de forma clara: «Con esta nueva guerra, el tema del combustible está por las nubes. Al igual que las personas que van a comprar, a nosotros se nos encarece todo también». Dicho de otra manera: lo que nota el consumidor en la cesta de la compra también lo nota el agricultor antes de que el tomate llegue a la tienda.

Por qué los clientes compran menos tomate

Said, propietario de la frutería San Juan, explica que el aumento de las materias primas ha obligado a subir las tarifas. El resultado ha sido una reducción de las ventas, porque el cliente ajusta la compra cuando el precio aprieta.

El propio frutero lo cuenta así: «La gente ahora compra menos tomate, antes llevaban tres o cuatro kilos, ahora máximo 1 kilo o un kilo y medio». Es un cambio sencillo de entender: cuando el precio sube, la bolsa se llena menos. Y en productos de consumo habitual, esa diferencia se nota rápido en el mostrador.

Qué ha pasado con España y el liderazgo en la venta de tomate

En este contexto, España ha perdido el liderazgo en la venta de esta fruta a favor de Marruecos. Rabat es ahora el principal proveedor de tomates de la Unión Europea, con un 70,6% de cuota, por delante de Turquía, que alcanza el 22,1% de las ventas totales al espacio comunitario.

En España, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, las ventas a la UE se han reducido un 34%. Aun así, el país sigue siendo uno de los principales productores. Gran parte del tomate español se planta en Almería, Granada, Valencia, Murcia, Cataluña y Extremadura, con producción que cumple los estándares europeos en materia de sostenibilidad.

Qué puede hacer el consumidor ante la subida del tomate

Para el comprador, la situación tiene una consecuencia muy práctica: conviene mirar más el precio y ajustar la compra a lo que realmente se va a consumir. No se trata de dejar de comprar tomate, sino de evitar que la subida termine pesando más de la cuenta en la cesta semanal. Estas son algunas medidas sencillas, basadas en el propio escenario descrito:

  • Comparar el precio del tomate entre fruterías, supermercados y grandes superficies.
  • Revisar el precio por kilo antes de comprar, no solo el importe final.
  • Ajustar la cantidad a lo que se vaya a consumir, especialmente si antes se compraban tres o cuatro kilos.
  • Preguntar en la frutería por el origen del producto cuando se quiera priorizar tomate producido en España.
  • Tener en cuenta que el encarecimiento afecta también al productor, no solo al comprador final.

En consecuencia, el tomate se ha convertido en un ejemplo muy claro de lo que ocurre cuando suben los costes en cadena. Fertilizantes, combustible, transporte, menor consumo y diferencias entre precio en origen y precio final forman un cóctel complicado. Y, como suele pasar, el consumidor y el agricultor acaban mirando la misma etiqueta, aunque desde lados muy distintos del mostrador.

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