El impacto de un dron en Chernóbil obliga a una operación de alto riesgo para proteger el reactor destruido en 1986

Un grupo de rescatistas ucranianos trabajó sobre la estructura dañada tras el impacto de un dron en el Nuevo Confinamiento Seguro. El ataque no provocó una fuga radiactiva inmediata, pero reabrió el temor a que una central nuclear civil se convierta en objetivo de guerra.

Chernóbil volvió a mirar al borde del desastre casi 40 años después de la explosión del reactor 4. El 14 de febrero de 2025, un dron con explosivos golpeó el Nuevo Confinamiento Seguro, la enorme cubierta construida para aislar los restos del accidente de 1986. El OIEA confirmó que no hubo liberación de material radiactivo, aunque el impacto causó daños importantes en la función de confinamiento y en la vida útil prevista de la estructura.

Cómo fue la operación para tapar el agujero de Chernóbil tras el ataque

La intervención obligó a los equipos de emergencia a subir a una instalación radiactiva, con viento, hielo y fuego oculto entre las membranas del techo. Según The Wall Street Journal, los trabajadores escalaron una estructura más alta que la Estatua de la Libertad y trabajaron durante más de dos semanas mientras el agua de las mangueras se congelaba por las bajas temperaturas.

Oleksiy Chuprov, uno de los rescatistas que participó en la operación, lo resumió con frialdad: “Simplemente hicimos nuestro trabajo”. Después añadió una frase que marca el alcance de aquella misión: “El destino nos dio una oportunidad de ponernos a prueba hasta el límite”.

No fue una escena simbólica. Si el incendio se extendía o dañaba zonas críticas, el problema podía dejar de ser local y entrar de lleno en una crisis de seguridad nuclear.

Por qué el nuevo sarcófago de Chernóbil vuelve a preocupar a Europa

El Nuevo Confinamiento Seguro fue levantado para proteger los restos radiactivos del reactor 4 y permitir el futuro desmontaje del viejo sarcófago soviético. Associated Press señala que la estructura, terminada en 2019, costó 2.100 millones de dólares y cubre el reactor destruido en 1986. Tras el ataque, no se detectó un aumento de radiación fuera del arco ni hubo heridos, pero el OIEA advirtió de que el daño puede acortar su vida útil y afectar a sus funciones principales.

La Comisión Europea ha calculado que las reparaciones definitivas requerirán al menos 500 millones de euros. El riesgo no es solo económico: sin una restauración completa, aumentan los problemas vinculados a la corrosión, la humedad y la paralización del desmantelamiento del viejo sarcófago.

La guerra en Ucrania convierte las centrales nucleares civiles en objetivos estratégicos

El historiador Serhii Plokhy sitúa Chernóbil dentro de una amenaza más amplia. Según explicó, “la verdadera amenaza nuclear hoy viene mucho más de los átomos para la paz que de los átomos para la guerra”, una advertencia que encaja con el nuevo papel de las instalaciones nucleares en el conflicto.

La central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa, sigue bajo control ruso y no genera electricidad, pero necesita suministro externo para mantener funciones esenciales de refrigeración y seguridad. Reuters informó el 26 de junio de 2026 de nuevas reparaciones en líneas eléctricas clave vinculadas a la planta, bajo supervisión del OIEA.

Chernóbil demuestra que un reactor apagado puede seguir siendo una amenaza si la guerra golpea el lugar equivocado. Los hombres que subieron al nuevo sarcófago no solo apagaron un fuego: ayudaron a cerrar, aunque sea de forma provisional, una puerta que Europa no puede permitirse ver abierta otra vez.

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