El Ayuntamiento impulsa un pavimento con Biochar, un material elaborado con residuos agrícolas que promete rebajar hasta un 75% el CO₂ asociado a la fabricación del asfalto.
Barcelona quiere cambiar la forma en la que construye sus calles. Y la clave podría estar en un residuo tan cotidiano como el hueso de aceituna. La ciudad ha seleccionado una propuesta que sustituye parte de los componentes tradicionales del asfalto por carbón vegetal obtenido de restos agrícolas, con el objetivo de reducir la huella ambiental del pavimento urbano.
La idea no es menor. Fabricar asfalto convencional exige betún, áridos y filler calcáreo, materiales vinculados a procesos con un alto consumo energético. Frente a eso, el Biochar aparece como una alternativa más sostenible y con resultados iniciales prometedores.
Cómo funciona el asfalto con huesos de aceituna que quiere usar Barcelona
El nuevo pavimento emplea Biochar, un carbón vegetal procedente de huesos de aceituna y restos de pino. Este material sustituye al filler calcáreo que se usa en las mezclas asfálticas convencionales.
¿La ventaja? Según los ensayos iniciales, permite reducir un 75% las emisiones finales de dióxido de carbono asociadas a la fabricación del asfalto. Además, ha mostrado mejoras frente al agua, menos fisuras y una mejor respuesta ante los cambios de temperatura.
El proyecto ha sido desarrollado por Carboliva junto con ELSAN, AMSA y la UPC. También ha sido elegido dentro del reto urbano “La sección de calle del siglo XXI”, impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona, BIT Habitat y la Diputación de Barcelona.
Por qué este nuevo pavimento puede ser importante para las ciudades
El asfalto suele pasar desapercibido cuando se habla de emisiones, pero tiene un peso importante dentro del mantenimiento urbano. De hecho, el sector de la construcción y las infraestructuras representa aproximadamente el 13% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Por eso, reducir un 75% las emisiones en la fabricación de pavimento puede suponer un avance relevante. Y más aún si se consigue con un residuo agrícola abundante en España, primer productor mundial de aceite de oliva, con más de 1,42 millones de toneladas en la campaña 24/25.
En otras palabras: lo que antes acababa como desecho puede convertirse ahora en materia prima. Una jugada redonda dentro de la economía circular.
Cuándo llegarán las primeras calles con este asfalto sostenible en Barcelona
El calendario ya está marcado. Hasta septiembre estarán abiertos los trabajos de I+D+i y la fase de prototipos. Después llegarán las pruebas piloto en obras reales de Barcelona, con seguimiento durante 12 meses para comprobar resistencia, duración y posible extensión.
Los proyectos ganadores recibirán 90.000 euros, una cantidad que cubre alrededor del 80% del coste total del diseño, pruebas y seguimiento. Si todo avanza según lo previsto, las primeras calles con este nuevo asfalto empezarán a instalarse en 2027.
Eso sí, todavía queda camino. Los resultados de laboratorio son buenos, pero falta comprobar cómo responde el material ante el tráfico, el clima, los contaminantes urbanos y la disponibilidad del Biochar a gran escala.
