La casa de paja cubierta de cal y arena que permite a Erika y Pedro reducir al mínimo sus gastos

La familia construyó la vivienda con materiales locales, obtiene electricidad mediante placas solares y cultiva buena parte de sus alimentos.

Erika Yurre y su familia dejaron la ciudad para instalarse en el valle de Karrantza, en Bizkaia, donde levantaron una vivienda con fardos de paja y madera del entorno. Un reportaje emitido por EITB el 17 de febrero de 2023 mostró cómo producían su propia electricidad, aprovechaban el calor del sol y planificaban la huerta para reducir sus visitas al supermercado a aproximadamente una cada tres meses.

La vivienda fue construida con fardos de paja y materiales del entorno

Las paredes de la casa no se levantaron únicamente con ladrillos o bloques de hormigón. La familia empleó fardos fabricados con la paja que queda después de cosechar el centeno, un material que permite crear cerramientos gruesos y mejorar el aislamiento.

La construcción se desarrolló mediante un proceso comunitario. Una publicación de Gazteaukera, portal dependiente del Gobierno Vasco, documentó en 2011 que más de 50 personas participaron como voluntarias en la edificación de una vivienda bifamiliar en Karrantza. Entre ellas había profesionales de la arquitectura, la ingeniería y la biología.

El uso de materiales alternativos no exime del cumplimiento de las normas urbanísticas o técnicas aplicables. La situación guarda relación con otras experiencias de personas que han decidido rehabilitar construcciones rurales, aunque cada proyecto depende de la clasificación del terreno, las licencias municipales y las características de la obra.

El obrador familiar también fue construido con balas de paja y revestido con una mezcla de arena y cal. Ama Orea, la empresa artesanal vinculada a la familia, explica que el edificio utiliza energía renovable y que la madera de su horno procede de trabajos de entresaca, árboles secos y material reciclado.

La cubierta vegetal y el sol ayudan a calentar la casa

El tejado está cubierto por una capa de tierra sobre la que crece la hierba. Esta cubierta vegetal protege la vivienda de las temperaturas exteriores y contribuye a conservar una temperatura más estable durante las distintas estaciones.

En verano, la tierra reduce la exposición directa de la construcción a la radiación solar. Durante el invierno ayuda a conservar el calor acumulado en el interior. La vivienda dispone además de una superficie acristalada orientada para permitir la entrada del sol durante los meses fríos.

La radiación solar calienta las estancias sin depender constantemente de un sistema mecánico. Cuando las temperaturas bajan, la familia utiliza una chapa de leña que sirve tanto para cocinar como para proporcionar calefacción.

Estas técnicas también aparecen en proyectos recientes de viviendas de bajo consumo, donde se combinan aislamiento, generación renovable y almacenamiento energético. No obstante, el ahorro final depende del clima, la orientación, los materiales, el consumo y la inversión realizada.

Las placas solares abastecen la vivienda y el obrador

Erika explicó durante el reportaje que una instalación fotovoltaica proporcionaba la electricidad utilizada tanto en la casa como en el obrador. La familia no recibía una factura mensual de suministro eléctrico, aunque había asumido previamente una inversión elevada para adquirir e instalar los equipos.

La ausencia de un recibo ordinario no significa que el sistema no genere costes. Una instalación aislada puede requerir baterías, sustitución de componentes, revisiones y un equipo auxiliar para situaciones en las que la producción solar resulte insuficiente.

La página de Ama Orea confirma que la electricidad del obrador procede de una instalación fotovoltaica aislada. También señala que el agua caliente se obtiene mediante energía solar térmica y que el horno funciona con madera recogida o reciclada en el entorno.

Las posibilidades de acceso a la energía solar no se limitan a las viviendas unifamiliares. También existen programas dirigidos al autoconsumo colectivo y a las comunidades de propietarios, como las ayudas para placas solares recogidas por Talent24h. Las condiciones y cuantías dependen de cada convocatoria.

La huerta reduce las compras, pero no elimina la dependencia exterior

La autosuficiencia de la familia también alcanza parte de su alimentación. Erika explicó que planifican la huerta calculando cuántas cebollas, puerros y verduras necesitarán durante el año. La parcela incluye además árboles frutales.

Los productos que no pueden cultivar se adquieren principalmente a agricultores y ganaderos de Karrantza. La carne, la miel y los lácteos proceden de productores cercanos, mientras que las legumbres se compran a granel en sacos que pueden durar varios meses.

Este sistema les permitía acudir al supermercado aproximadamente una vez cada tres meses. En esas visitas compraban artículos domésticos y otros productos que no podían obtener mediante la huerta o los proveedores locales.

La actividad del obrador muestra, sin embargo, que la independencia no es absoluta. La producción de trigo ecológico disponible en Euskadi no cubría toda la harina necesaria, por lo que una parte debía proceder de otros territorios.

Ama Orea se presenta actualmente como un pequeño obrador artesanal de Karrantza que produce pan y repostería mediante masa madre y largas fermentaciones. Su página oficial también recoge puntos de venta en Karrantza, Bilbao y otras localidades vizcaínas.

La experiencia de Erika combina arquitectura bioclimática, energía fotovoltaica, calefacción con leña, cultivo de alimentos y colaboración con productores locales. No representa una desconexión completa del exterior, sino una reducción planificada del consumo y de la dependencia de suministros convencionales.

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