Tomar café cada mañana es casi un ritual para muchas personas. Para algunos, incluso, el día no empieza hasta que aparece esa primera taza, bendita cafeína mediante. Pero cuando el café se toma todos los días, la pregunta lógica es qué pasa dentro del cuerpo, especialmente en los riñones. Según la información analizada por la Harvard Medical School y la National Kidney Foundation, esta bebida puede influir en la función renal, la eliminación de líquidos y la presión arterial. En adultos sanos, el consumo moderado no se relaciona con un mayor riesgo de daño renal. La clave, como suele ocurrir con casi todo lo que nos gusta, está en no pasarse y en el tipo de café.
¿Qué pasa en los riñones cuando tomas café a diario?
El café tiene un efecto diurético, es decir, favorece que el cuerpo elimine más agua y sal a través de la orina. Dicho de forma sencilla: puedes ir más veces al baño, algo que no sorprende demasiado a quien ya se ha tomado un café antes de una reunión larga.
Este efecto se produce porque el café estimula la función renal e incrementa el filtrado glomerular. El filtrado glomerular es el proceso por el que los riñones filtran la sangre para eliminar sustancias y líquidos que el cuerpo ya no necesita.
Según la Harvard Medical School y la National Kidney Foundation, en adultos sanos este aumento de la orina no supone un riesgo relevante de deshidratación si se mantiene un consumo moderado. Los desequilibrios de líquidos aparecen, sobre todo, cuando se superan ampliamente las cantidades recomendadas y el consumo elevado se mantiene en el tiempo.
¿Cuántas tazas de café al día se consideran seguras?
La referencia indicada por ambas instituciones es de entre tres y cuatro tazas diarias para la mayoría de adultos sanos. Esta cantidad se considera segura siempre que la persona no tenga antecedentes médicos relevantes ni pertenezca a grupos que deban vigilar especialmente la cafeína.
La National Kidney Foundation señala que una ingesta moderada de café no aumenta el riesgo de daño renal en personas sin problemas previos importantes. Por tanto, para un adulto sano, el café puede formar parte de la dieta diaria sin convertirse automáticamente en un enemigo de los riñones.
Eso sí, conviene recordar que moderado no significa barra libre. Si el consumo se dispara por encima de esa referencia, el efecto diurético y la acción estimulante de la cafeína pueden dejar de ser un simple detalle y convertirse en un factor a tener en cuenta.
¿Puede el café proteger frente a la enfermedad renal crónica?
Además de hacer que se orine más, el café se ha asociado con una posible menor incidencia de enfermedad renal crónica. Esta enfermedad implica un deterioro progresivo de la función de los riñones, es decir, que estos órganos van perdiendo capacidad para filtrar correctamente.
La Harvard Medical School y la National Kidney Foundation recogen evidencia que apunta a que los adultos sanos que consumen café de forma regular presentan un menor riesgo de daño renal a largo plazo. Este posible efecto beneficioso se relaciona con los antioxidantes presentes en el café.
Los antioxidantes ayudan a reducir el estrés oxidativo, que es un daño celular vinculado al deterioro renal y a enfermedades crónicas no transmisibles. Además, algunos estudios observacionales citados por la National Kidney Foundation sugieren que el café podría tener efectos protectores frente a los cálculos renales, conocidos de forma más coloquial como piedras en el riñón, aunque esos resultados todavía necesitan más evidencia clínica para considerarse concluyentes.
¿Qué relación tiene el café con la presión arterial?
El café puede provocar aumentos temporales de la presión arterial por el efecto estimulante de la cafeína sobre el sistema nervioso. En palabras sencillas, la cafeína puede activar el organismo durante un rato, y esa activación también puede notarse en la tensión.
Después, su efecto diurético contribuye a reducir el volumen de líquidos corporales. Esa disminución de líquidos podría favorecer una bajada de la presión arterial en ciertos casos, aunque no significa que el café sea una solución médica para controlar la tensión.
Por eso, las personas con hipertensión o hipotensión deben tener especial cuidado. La hipertensión es presión arterial alta, mientras que la hipotensión es presión arterial baja, y en ambos casos conviene no jugar a la ruleta con la cafetera sin consultar antes a un profesional de la salud.
¿Quiénes deberían moderar el consumo de café?
No todo el mundo responde igual a la cafeína. La Harvard Medical School y la National Kidney Foundation recomiendan que determinados grupos consulten con un profesional sanitario antes de consumir café de manera regular.
La precaución es especialmente importante cuando existen condiciones que pueden verse afectadas por el exceso de cafeína. La siguiente tabla resume los casos mencionados y el motivo principal de la recomendación.
| Grupo de personas | Motivo para consultar antes |
|---|---|
| Personas con hipertensión | La cafeína puede provocar aumentos temporales de la presión arterial |
| Personas con hipotensión | El efecto sobre los líquidos corporales puede influir en la presión arterial |
| Mujeres embarazadas | El consumo elevado de cafeína se asocia con bajo peso al nacer y complicaciones gestacionales |
| Personas con baja densidad ósea u osteoporosis | El exceso de café podría afectar negativamente la absorción de calcio |
| Personas con antecedentes de enfermedad renal | La situación individual debe valorarse con un profesional de la salud |
En estos casos, la recomendación no es demonizar el café, sino adaptar el consumo a cada situación. Al final, la misma taza que para una persona sana puede ser parte de la rutina diaria, para otra puede necesitar supervisión médica.
Cómo tomar café cuidando los riñones
La recomendación principal es mantener el consumo entre tres y cuatro tazas diarias en adultos sanos. También se aconseja evitar añadidos como azúcar, crema o jarabes, porque no aportan beneficios para la salud renal y pueden aumentar la inflamación o el riesgo metabólico. Para sacar más partido al café sin complicarse la vida, estas pautas son las más prácticas:
- Mantener el consumo dentro de tres o cuatro tazas diarias si se es un adulto sano.
- Tomarlo preferiblemente solo, sin azúcar, crema ni jarabes.
- Consultar con un médico si hay hipertensión, hipotensión, embarazo, baja densidad ósea o antecedentes renales.
- Vigilar si aumenta demasiado la frecuencia urinaria o aparecen molestias.
- No convertir el café en una solución médica para la presión arterial ni para los riñones.
En conclusión, el café puede integrarse de forma segura en la dieta de adultos sanos si se respetan las cantidades recomendadas. Como tantas cosas de la vida diaria, el problema no suele estar en una taza bien tomada, sino en convertir la cafetera en una extensión del brazo.
