Hay trabajos que te comen el día entero y la hostelería suele estar en ese club. Si además en casa te esperan niños pequeños, la sensación de ir siempre tarde se vuelve casi rutina. A Yoli González le pasó justo eso y, cuando llegó la maternidad, tomó una decisión de las que se notan en la vida diaria. Cambió la bandeja por el campo para poder estar más en casa. Hoy se dedica a una explotación con 60 vacas y se mueve en un modelo muy concreto de venta. Su historia la contó en una entrevista con El Campo de Asturias, medio digital que da voz al sector rural del Principado.
¿Qué cambió cuando fue madre y por qué dejó la hostelería?
Yoli González, madre de dos niñas, vivió en primera persona esa idea tan repetida de que tener hijos te cambia la vida. En su caso, no fue una frase bonita para enmarcar: fue el empujón que le hizo mirar sus horarios y preguntarse si estaba donde quería estar.
Según explicó en esa entrevista, el punto de inflexión llegó con el nacimiento de su primera hija. Ahí se dio cuenta de que no estaba en casa y de que necesitaba una solución para estar más presente en su familia, así que optó por incorporarse a la ganadería y poder compaginar mejor ambas cosas.
¿Qué hace exactamente en su explotación y por qué vende terneros pasteros?
Su explotación se centra exclusivamente en la venta de terneros pasteros. Son los terneros que se venden al destete para que sean otros los que los engorden después.
La elección, por lo que cuenta, no es un capricho ni una moda, sino una cuenta de números muy real. Yoli explicó que cebar no lo pueden asumir económicamente con los precios del pienso y que, al menos ahora, les sale más rentable venderlos como pasteros, aunque deja abierta la puerta a que en el futuro pueda cambiar.
¿Qué le inquieta del acuerdo Mercosur-Unión Europea y los precios de la carne?
Más allá del coste de producción, Yoli puso sobre la mesa otro tema que, en el campo, se comenta con ceño fruncido. Habló del acuerdo comercial entre Mercosur y la Unión Europea y reconoció que le da miedo.
Su preocupación concreta está en los precios de la carne. En su visión, ese acuerdo puede acabar afectándolos, y lo expresó como una incertidumbre que ya está ahí, incluso antes de ver cómo evoluciona la situación. Yoli también señaló un problema que no se arregla con un cambio de pienso ni con una venta mejor. Habló de la despoblación rural y de cómo los pueblos se van quedando vacíos, con lo que eso implica para trabajar y vivir.
Lo explicó con un ejemplo muy de tierra: si te ves apurado en un parto y necesitas que alguien te eche una mano, puede que no tengas a quién llamar, cuando antes eso no pasaba. Esa falta de gente cerca, más que una estadística, es una complicación directa para el día a día.
Qué lección deja su cambio de vida para quien busca conciliación
La historia de Yoli gira alrededor de algo tan básico como el tiempo en casa y la presencia con los tuyos. Lo que cuenta refleja que, a veces, la “conciliación” no es un concepto bonito, sino una decisión que te obliga a cambiar de sector y de rutina para recuperar horas y vida familiar.
También deja otra idea clara: trabajar en el campo, cada paso suele venir condicionado por los costes y por el contexto. Ella lo explica en dos frentes muy concretos, el precio del pienso y la falta de gente en los pueblos, que pueden marcar tanto la rentabilidad como la tranquilidad cuando surgen imprevistos.
