De inmigrante a productor de referencia: así es la historia de quien encontró en la cebolla una oportunidad para salir adelante

Javier Novoa llegó al Valle de Viedma con tres años junto a sus padres, que dejaron Chile en busca de una oportunidad. Medio siglo después, produce cebolla en unas 100 hectáreas, exporta a Brasil y apuesta por la tecnología para mejorar los rindes.

La historia de Javier Novoa resume el recorrido de muchas familias productoras que hicieron crecer el Valle de Viedma, en Río Negro. Nació en Chile en 1971 y llegó a Argentina en 1974, cuando todavía era un niño. Sus padres emigraron con la intención de empezar de nuevo y encontraron en la producción cebollera una forma de vida.

Los primeros años estuvieron marcados por el esfuerzo. La familia no tenía tierras propias ni maquinaria, por lo que comenzó trabajando en campos de otros productores. El acuerdo era a porcentaje: el dueño aportaba la tierra y ellos el trabajo, para después repartir la producción.

De trabajar a porcentaje en campos ajenos a producir 100 hectáreas

Novoa recuerda que todo empezó “de a poquito”. Primero trabajaron “a medias” y, con el paso de los años, lograron consolidar su propio emprendimiento familiar. Hoy produce junto a su hermano y también comparte parte de la actividad con un socio.

En total, manejan alrededor de 100 hectáreas de cebolla, entre tierras propias y campos trabajados mediante acuerdos con terceros. En algunos casos, el pago no se realiza con un alquiler fijo, sino con el 15% de la producción obtenida.

Este sistema también permite rotar los lotes. Tras una campaña, los propietarios pueden destinar la tierra a otras actividades o dejarla descansar antes de volver a sembrar cebolla. Para Novoa, esa dinámica forma parte del modo en que se organiza la producción en la zona.

El riego por goteo elevó los rindes de la cebolla patagónica

Uno de los cambios más importantes llegó hace tres temporadas, cuando la familia incorporó el riego por goteo. Hasta entonces, el cultivo se regaba con métodos tradicionales, pero la tecnología permitió mejorar de forma notable los resultados.

Según explicó el productor, antes obtenían entre 2.000 y 3.000 bolsas por hectárea. Ahora superan las 4.000 bolsas. Los rindes actuales se ubican entre 70.000 y 80.000 kilos por hectárea, aunque la meta es llegar a los 100.000 kilos.

La calidad de la producción también acompaña. Novoa sostiene que todavía hay margen de mejora, especialmente en el uso de semillas híbridas, que ofrecen mejores resultados pero tienen un coste mucho más alto. Según indicó, pueden valer casi siete veces más que otras variedades.

Brasil sostiene las ventas y el precio devuelve optimismo al sector

Buena parte de la cebolla producida en el Valle de Viedma tiene como destino Brasil, que se mantiene como el principal mercado exterior para la zona. Además de los envíos, también llegan compradores brasileños directamente al establecimiento para adquirir mercadería.

El mercado interno ocupa un lugar menor y suele tomar más relevancia cuando bajan los precios o cambia la demanda externa. Novoa recuerda que años atrás también se exportaba cebolla a Europa, un destino que hoy permanece cerrado, aunque confía en que pueda recuperarse si vuelven empresas interesadas en comprar.

El precio cambió el ánimo del sector. El productor recordó que en la campaña anterior una bolsa llegó a venderse a 500 pesos. Este año, el kilo se comercializa entre 250 y 350 pesos, lo que lleva la bolsa a valores cercanos a los 5.000 pesos.

Hoy, con maquinaria, riego tecnificado y una producción orientada en gran parte a Brasil, Novoa mira hacia adelante sin olvidar sus comienzos. Aquella familia que empezó trabajando en campos ajenos logró construir una empresa cebollera que ya forma parte de la identidad productiva del Valle de Viedma.

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