Seguro que alguna vez te has preguntado cuánto cobra realmente un cura en España, más allá de rumores de barra de bar y comentarios rápidos. Hay quien está convencido de que tienen un sueldo muy alto y quien piensa justo lo contrario, que apenas llegan al salario mínimo interprofesional. La realidad, sin embargo, es que no existe un sueldo único y fijo para todos los sacerdotes.
La nómina suele moverse entre unos 900 y 1.300 euros al mes, generalmente repartidos en 14 pagas. Eso se traduce en unos ingresos anuales brutos que oscilan aproximadamente entre 12.600 y 18.200 euros. Y todo esto, además, depende de factores como la diócesis, el tamaño de la parroquia o las responsabilidades que asumen dentro de la Iglesia católica.
¿Cuál es el sueldo medio de un sacerdote en España?
Lo primero que conviene aclarar es que no hay una tarifa oficial única para todos los curas del país. No existe un sueldo cerrado que marque exactamente cuánto va a cobrar un sacerdote nada más ser ordenado. Lo que sí se sabe es el rango en el que normalmente se mueve su salario mensual: entre unos 900 euros y 1.300 euros, repartidos en 14 pagas a lo largo del año. Para que tengas una imagen clara de esas cantidades, este sería el rango habitual de ingresos brutos que se manejan para un sacerdote en España:
| Concepto | Importe mínimo aproximado | Importe máximo aproximado |
|---|---|---|
| Salario mensual (14 pagas) | 900 euros | 1.300 euros |
| Salario anual bruto (14 pagas) | 12.600 euros | 18.200 euros |
Estas cantidades son siempre brutas y sirven como referencia general, no como una cifra cerrada que se aplique igual en todas partes. Por lo tanto, un cura puede quedarse cerca de los 900 euros mensuales o acercarse a los 1.300, según su situación concreta. No es precisamente el típico sueldo de lujo, pero tampoco está garantizado que se ajuste al salario mínimo interprofesional en todos los casos.
¿De qué depende el salario de un cura: diócesis, parroquia y experiencia?
Si te estás preguntando por qué un sacerdote cobra más en unos sitios que en otros, la clave está en una mezcla de factores internos y externos a la propia Iglesia. Igual que en cualquier otra profesión, no cobran lo mismo quienes acaban de empezar que quienes llevan muchos años, ni quien lleva una parroquia pequeña que quien está en una gran ciudad. A grandes rasgos, los elementos que influyen en el sueldo de un cura son los siguientes:
- Antigüedad y experiencia: como en cualquier carrera laboral, los años de servicio cuentan. En el caso de los sacerdotes, esa trayectoria puede traducirse en incentivos adicionales o complementos salariales sobre la base que marca la diócesis.
- Responsabilidades extra: los curas que, además de su labor pastoral habitual, asumen tareas administrativas, educativas o encargos pastorales especiales pueden recibir una cuantía complementaria añadida a su salario mensual.
- Tamaño de la parroquia: las parroquias más grandes suelen disponer de más recursos económicos, de ahí que puedan ofrecer salarios más altos a los sacerdotes que trabajan en ellas. Las pequeñas, en cambio, suelen manejar presupuestos más ajustados.
- Diócesis: la diócesis concreta marca una diferencia importante. Las diócesis grandes, como Madrid o Sevilla, tienen mayor capacidad económica y pueden ofrecer sueldos más elevados. En las diócesis pequeñas, lo habitual es que los salarios sean más contenidos.
En consecuencia, dos sacerdotes con la misma formación pueden cobrar cantidades diferentes simplemente por estar en diócesis distintas o en parroquias con presupuestos muy dispares. De ahí que no se pueda hablar de un “sueldo estándar” único para todo el país, sino más bien de un esquema común que luego cada diócesis adapta a su realidad económica.
¿Quién paga realmente el sueldo de los sacerdotes?
Llegados a este punto, la pregunta lógica es: ¿de dónde sale el dinero para pagar esos 900 a 1.300 euros mensuales? Aunque la diócesis es determinante a la hora de fijar la cuantía concreta, el esquema de financiación se repite en toda España. Las principales fuentes de ingresos son las aportaciones de los fieles, los ingresos patrimoniales, las subvenciones y ayudas públicas y la asignación tributaria.
La importancia de cada vía puede variar según la diócesis, pero el modelo es el mismo: se combinan recursos que vienen directamente de los creyentes, rentas de bienes de la Iglesia y dinero procedente de la declaración de la renta, entre otros. Vamos a ver cómo se reparte todo esto en la práctica.
Aportaciones de los fieles: donativos, colectas, legados y herencias
En primer lugar están las aportaciones de los fieles, es decir, el dinero que llega a través de donativos, colectas en misa, legados y herencias. Es la vía más directa: personas que, por convicción religiosa o por apoyo a la actividad de la parroquia, aportan dinero de forma puntual o mediante decisiones como dejar una parte de su patrimonio a la Iglesia.
Aun así, estas aportaciones no suponen más de un tercio de los recursos de la diócesis. Esto quiere decir que, aunque son importantes, por sí solas no bastan para sostener todos los gastos, entre ellos los salarios de los sacerdotes.
Ingresos patrimoniales y actividades de la diócesis
Por otro lado, las diócesis pueden obtener ingresos patrimoniales y derivados de determinadas actividades económicas propias. Aquí entran, por ejemplo, alquileres de inmuebles o rendimientos de bienes eclesiásticos. Este tipo de ingresos es más habitual en las diócesis grandes, que disponen de más propiedades y capacidad para generar rentas.
En las diócesis pequeñas, en cambio, este capítulo suele ser más modesto, de modo que la dependencia de otras fuentes, como las aportaciones de los fieles o la asignación tributaria, puede ser mayor. En cualquier caso, se trata de una vía complementaria que ayuda a cuadrar las cuentas.
Subvenciones, ayudas públicas y asignación tributaria
Además de lo anterior, las diócesis pueden recibir subvenciones y ayudas públicas, que forman parte del esquema general de financiación junto con el resto de recursos. A esto se suma la asignación tributaria, que es la parte del dinero que llega a través de la declaración de la renta.
Los contribuyentes pueden marcar la casilla 105 en su declaración y, al hacerlo, destinan el 0,7% de su cuota íntegra a sostener económicamente la Iglesia católica. La “cuota íntegra” es, en términos sencillos, el importe total sobre el que se calcula el impuesto antes de aplicar deducciones concretas. El dinero recaudado por esta vía se distribuye a través del Fondo Común Interdiocesano y llega después a las distintas diócesis. Esta asignación puede suponer hasta un 25% de la financiación de las diócesis, por lo que tiene un peso significativo en el pago de los gastos ordinarios, incluidos los sueldos de los sacerdotes.
¿Qué puedes hacer si quieres sostener económicamente a tu parroquia?
Si eres de los que se preguntan qué parte de todo esto está en tu mano, la respuesta es bastante sencilla y va muy ligada a las vías de financiación que ya hemos visto. Por un lado, puedes contribuir mediante las aportaciones directas a tu parroquia: donativos, colectas, legados o herencias son precisamente algunos de los gestos que alimentan el presupuesto diocesano, y se utilizan para sostener la actividad diaria, incluidos los salarios de los curas.
Por otro lado, si haces la declaración de la renta, tienes la opción de marcar la casilla 105 para destinar el 0,7% de tu cuota íntegra a la Iglesia católica, sabiendo que ese dinero se canaliza a través del Fondo Común Interdiocesano y acaba formando parte de la financiación de las diócesis. En definitiva, el sueldo de un sacerdote no se decide en un despacho aislado, sino que depende en buena medida de cómo se combinan todas estas fuentes de ingresos que, directa o indirectamente, salen del bolsillo de los contribuyentes y de los fieles.
