La trabajadora tenía 47 años cuando contó su historia. Explicó que necesitaba entre 5.000 y 6.000 euros para acceder a otro alquiler en Madrid.
Carmen Naranjo pagaba 480 euros mensuales por una habitación de alquiler en Madrid, pese a tener dos trabajos y querer vivir sola. Tenía 47 años cuando contó su situación en televisión, en octubre de 2025. El Español recogió su testimonio el 29 de octubre y lo recuperó el 5 de septiembre de 2026. Su dificultad no era únicamente afrontar una mensualidad, sino reunir de golpe el dinero que le exigían para entrar en otra vivienda.
Dos trabajos no bastaban para acceder a un alquiler en Madrid
Carmen explicó que sus dos empleos estaban en Madrid, pero sus ingresos no le permitían cumplir las condiciones para alquilar una vivienda. Ni siquiera encontraba una alternativa pequeña que estuviera a su alcance. «No tengo opción a alquiler, ni siquiera un loft pequeño, no alcanzo los requisitos que me piden», relató. El alquiler en Madrid no era una dificultad que pudiera resolver únicamente buscando menos espacio.
Según su explicación, le reclamaban cantidades equivalentes a cuatro meses entre la entrada, la fianza y otras garantías. Calculaba que necesitaba reunir entre 5.000 y 6.000 euros en un solo mes, algo que consideraba imposible. Son los importes que ella relató para las opciones consultadas, no una cantidad exigida de forma general para cualquier alquiler. Tampoco se detalla el precio mensual de esas viviendas, por lo que no puede compararse directamente con los 480 euros de su habitación.
La convivencia en un piso de nueve habitaciones
La vivienda que describía estaba en la zona de Ventura Rodríguez y contaba con nueve dormitorios, una cocina pequeña y un solo baño. Los espacios comunes eran prácticamente inexistentes y compartía la casa con personas de distintas nacionalidades. Aquella habitación era la opción más asumible que había encontrado. Permanecer allí no significaba estar satisfecha con la convivencia, sino disponer de un alojamiento que podía pagar.
La trabajadora contó que solía comer en el trabajo y que, al regresar por la noche, cenaba algo ligero. Por eso apenas utilizaba la cocina. También reconoció que los desacuerdos con otros inquilinos le hacían pensar en marcharse. «Cuando tienes un enfrentamiento en el piso o discutes con alguien, te entran ganas de marcharte», explicó. Sin embargo, abandonar la habitación exigía encontrar antes un destino que pudiera asumir con sus recursos.
Salir del centro solo rebajaba 30 euros la habitación
Buscar fuera del centro tampoco le ofrecía una rebaja suficiente. Carmen aseguró que había consultado habitaciones en Leganés y Getafe, donde le pedían 450 euros al mes. Respecto a los 480 euros de su alojamiento, la diferencia era de 30 euros mensuales. Esa comparación se refiere a las habitaciones que ella encontró entonces, no al precio medio del alquiler en ambos municipios.
El ahorro habría sido de 360 euros al año si los dos precios se hubieran mantenido durante doce meses. El cálculo no incluye posibles diferencias de gastos ni transporte. Carmen daba más importancia al tiempo que evitaba pasar en el trayecto diario. «Prefiero vivir en el centro y ahorrarme una hora de transporte público, aunque me tenga que privar de algunas cosas», señaló.
Volver al pueblo también suponía renunciar a sus empleos
Otra posibilidad era volver con sus padres en su pueblo de Ciudad Real. La trabajadora llegó a plantearlo durante su intervención en El programa de Ana Rosa, según el relato publicado. «Me planteo irme a vivir al pueblo con mis padres y que me mantengan o buscarme la vida allí», confesó. Ese regreso le permitiría apoyarse en su familia, pero también le obligaría a dejar sus dos empleos en Madrid.
La duda que expresó no era solamente dónde vivir, sino de qué trabajar después. «Luego pienso en qué hago yo en el pueblo», admitió. Las publicaciones consultadas no confirman que finalmente se mudara ni permiten conocer su situación actual. El testimonio describe aquella disyuntiva entre seguir compartiendo piso cerca del trabajo o regresar al hogar familiar sin una alternativa laboral definida.
