Arturo Rafael Jerónimo Valiente aprendió a trabajar la tierra en una ladrillera artesanal. Ahora fabrica adobes especiales para preservar el complejo arqueológico peruano de Chan Chan, inscrito como Patrimonio Mundial en 1986.
Su conocimiento del barro, adquirido durante la infancia, sostiene hoy una labor especializada. Arturo prepara piezas que protegen muros, relieves y otros sectores vulnerables de la antigua capital chimú, donde la conservación exige materiales compatibles con la arquitectura original.
Arturo transformó un oficio aprendido de niño en protección del patrimonio peruano
Arturo comenzó a fabricar ladrillos cuando era niño. En una ladrillera artesanal aprendió a reconocer la tierra adecuada, preparar la mezcla y moldear cada pieza, sin imaginar que esa experiencia terminaría vinculada a uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de Perú.
Hace unos 15 años, un amigo le informó de que Chan Chan necesitaba adoberos. Se incorporó al proyecto denominado Laberinto y continuó trabajando en el complejo hasta la actualidad, según el testimonio difundido por la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad.
“Lo que más me impresiona de Chan Chan es pensar cómo nuestros antepasados pudieron construir una ciudad tan grande hecha de barro”, relata. Después de tres lustros, la magnitud del lugar continúa causándole admiración.
Así prepara los adobes especiales que refuerzan las estructuras de Chan Chan
La técnica que empleaba en la ladrillera fue un punto de partida, pero las necesidades del yacimiento son diferentes. La mezcla utilizada en estas labores incorpora tierra, arena y confitillo para obtener adobes más resistentes y adecuados para proteger las estructuras arqueológicas.
Las piezas nuevas no reemplazan indiscriminadamente el material antiguo. Forman parte de intervenciones dirigidas por especialistas, que incluyen la reposición en zonas dañadas, la protección de cabeceras y el levantamiento de barreras de adobe frente a superficies expuestas. El complejo también desarrolla investigaciones sobre materiales, morteros y enlucidos para orientar los trabajos.
Esta tarea resulta especialmente delicada porque la lluvia puede abrir grietas, erosionar la base de los muros y favorecer filtraciones. También influyen la salinidad, el viento, la humedad del subsuelo y los cambios de temperatura.
Chan Chan necesita conservación continua frente al clima, las invasiones y el vandalismo
Chan Chan fue la capital del reino Chimú y su extensión histórica ronda los 20 kilómetros cuadrados. El núcleo monumental ocupa cerca de seis y reúne diez recintos amurallados, además de caminos, canales, cementerios y pirámides.
La Unesco incorporó la zona arqueológica a la Lista del Patrimonio Mundial y a la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro en 1986. Su arquitectura de tierra es vulnerable a los episodios asociados al fenómeno de El Niño, mientras que las ocupaciones ilegales y la expansión urbana siguen comprometiendo su protección.
A estos riesgos se suman las agresiones humanas. En mayo de 2025, el Ministerio de Cultura condenó unas pintadas con aerosol sobre muros originales. Un mes después, las autoridades retiraron estructuras instaladas de forma ilegal en unos 10.000 metros cuadrados del sector Los Huachaques.
La trayectoria de Arturo muestra cómo un oficio tradicional puede convertirse en una herramienta esencial para conservar la memoria histórica. Cada adobe que prepara ayuda a prolongar la vida de una ciudad levantada con tierra hace siglos.
