La temperatura se desploma hasta los -84,1 grados en uno de los lugares más aislados del planeta donde ni los aviones pueden volar y los científicos quedan aislados durante varios meses

La estación científica Concordia alcanzó este valor el 18 de julio de 2026 durante el invierno austral, aunque permanece lejos del récord mundial de -89,2 grados.

Una estación de investigación situada en el interior de la Antártida registró una temperatura de -84,1 grados Celsius el 18 de julio de 2026. Se trata del valor atmosférico más bajo medido en la Tierra desde 2012. La lectura se produjo en la base Concordia, una de las instalaciones científicas más aisladas del planeta.

Los termómetros alcanzaron los -84,1 grados en dos ocasiones, a las 6:25 y a las 6:34, hora local. Aunque durante el invierno austral no resulta extraño que el interior del continente baje de los -80 grados, los responsables de la estación consideran especialmente llamativa una temperatura inferior a -84 grados.

La estación Concordia alcanzó los -84,1 grados en dos mediciones

La base Concordia está situada en la meseta antártica, a más de 3.200 metros de altitud y a una distancia superior a 1.000 kilómetros de la costa. Su ubicación favorece unas condiciones atmosféricas extremas, especialmente durante los meses de invierno, cuando el sol desaparece durante largos periodos.

Gabriele Carugati, coordinador italiano de la estación, explicó que incluso en un entorno acostumbrado a temperaturas muy bajas, superar el umbral de los -84 grados resulta notable. La medición refleja, según señaló, la variabilidad que puede presentar el clima antártico en episodios concretos.

Los contrastes térmicos registrados en distintas zonas del planeta coinciden con otros episodios de temperaturas extremas en Europa, donde el calor ha llegado a afectar al funcionamiento de infraestructuras.

El valor registrado en julio quedó cerca del mínimo histórico de la propia estación Concordia. La base alcanzó -84,7 grados Celsius en 2010, seis décimas menos que la lectura de 2026.

No obstante, el récord mundial oficial continúa en poder de la estación Vostok. Allí se midieron -89,2 grados Celsius el 21 de julio de 1983, una cifra que sigue reconocida como la temperatura atmosférica más baja registrada directamente por una estación meteorológica.

La altitud y la ausencia de nubes explican el descenso extremo

Las características geográficas y meteorológicas de Concordia ayudan a explicar por qué los termómetros pueden caer hasta niveles tan bajos. La estación se encuentra en una zona elevada, remota y alejada de la influencia moderadora del océano.

Durante el invierno austral, el sol no aparece durante varios meses. La atmósfera permanece extremadamente seca y estable, mientras que los cielos despejados facilitan una pérdida continua del calor acumulado en la superficie.

Las nubes pueden actuar como una capa que retiene parte de la radiación térmica. Cuando están ausentes, el calor se libera con mayor facilidad hacia el espacio. La combinación de cielos despejados, aire seco, estabilidad atmosférica y elevada altitud permite que la temperatura caiga a valores extraordinarios.

Carugati explicó que Concordia reúne precisamente todos estos factores. La ubicación a más de 3.200 metros, la distancia respecto a la costa y la falta de radiación solar durante el invierno crean uno de los ambientes más fríos y hostiles de la Tierra.

El episodio de frío no contradice el calentamiento global

Los investigadores señalaron que esta medición puntual no contradice las tendencias asociadas al calentamiento global. El cambio climático se analiza a partir de patrones globales y periodos prolongados, mientras que la meteorología puede producir episodios locales de frío extremo.

La Antártida está sometida a procesos atmosféricos complejos que pueden provocar grandes variaciones entre diferentes regiones y momentos del año. Una temperatura excepcionalmente baja en una estación concreta no permite extraer conclusiones sobre la evolución global del clima.

Los científicos diferencian así entre un episodio meteorológico y una tendencia climática. La lectura de Concordia describe las condiciones registradas en un lugar y momento determinados, pero no altera por sí sola los datos globales obtenidos durante décadas.

El episodio antártico se produjo mientras otras regiones afrontaban valores excepcionalmente elevados. En España, las previsiones recientes de temperaturas de hasta 44 grados mostraron la amplitud de los contrastes meteorológicos existentes en el planeta.

Las observaciones recogidas en la base servirán para estudiar mejor el funcionamiento de la atmósfera antártica. También ayudarán a mejorar las previsiones y los modelos climáticos utilizados para analizar la evolución de las temperaturas en las regiones polares.

Los científicos permanecen aislados durante meses en la base

Las condiciones de Concordia son tan extremas que, durante el invierno, los vuelos dejan de operar y los investigadores quedan aislados durante varios meses. La estación científica más próxima se encuentra a unos 600 kilómetros de distancia.

Los miembros del equipo reciben el apodo de “astronautas de hielo” debido a la falta de contacto directo con el exterior. La oscuridad prolongada, la altitud, las bajas temperaturas y el confinamiento convierten a Concordia en un entorno adecuado para estudiar situaciones similares a las de una misión espacial de larga duración.

Un médico de la Agencia Espacial Europea supervisa los efectos que estas condiciones pueden tener sobre las personas que trabajan en la estación. Los estudios analizan cómo influyen el aislamiento, la ausencia de luz solar y el ambiente extremo en la salud y el comportamiento humano.

Los satélites han detectado en algunas zonas de la Antártida Oriental temperaturas superficiales del hielo próximas a -98 grados Celsius. Sin embargo, estas observaciones no son directamente comparables con las mediciones del aire realizadas por estaciones meteorológicas.

La diferencia se debe a que los satélites calculan la temperatura de la superficie del hielo, mientras que los registros oficiales se basan en la temperatura atmosférica medida con instrumentos situados en condiciones normalizadas. Por esta razón, los valores de alrededor de -98 grados no se consideran récords meteorológicos oficiales.

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