La ciencia descubre el asombroso origen de los gatos actuales con un felino que desapareció hace 30 millones de años

Este felino extinto, de entre 7 y 10 kilos en dos de sus especies, habitó Europa y Asia y está considerado el antepasado basal de la familia Felidae.

Proailurus recorrió los bosques de Eurasia hace entre 30 y 25 millones de años. Sus características anatómicas han llevado a considerarlo el primer felino verdadero y uno de los animales que permiten reconstruir el origen evolutivo de los gatos domésticos, leones, tigres, leopardos y otros miembros actuales de la familia Felidae.

Su nombre procede de las palabras griegas pro, que significa “antes”, y ailuros, que significa “gato”. El género apareció durante el Oligoceno tardío, después de que los feliformes se separaran de otros grupos de mamíferos carnívoros.

Aunque guardaba un evidente parecido con los gatos actuales, presentaba varias características más primitivas. Tenía el cuerpo alargado, las patas relativamente cortas y una cola larga y flexible que habría resultado especialmente útil para desplazarse entre las ramas.

Proailurus tenía el tamaño de un gato doméstico y vivía entre los árboles

Los fósiles conocidos han permitido identificar tres especies diferentes de Proailurus. Dos de ellas, Proailurus lemanensis y Proailurus bourbonnensis, pesaban aproximadamente entre 7 y 10 kilos, una cifra comparable a la de un gato doméstico de gran tamaño.

La tercera especie, denominada Proailurus major, habría superado ampliamente esas dimensiones. Los investigadores estiman que podía ser más del doble de grande, aunque únicamente se ha encontrado un ejemplar, por lo que todavía existen muchas incógnitas sobre su anatomía y comportamiento.

Su apariencia habría recordado a la de un puma en miniatura. La espalda larga y baja, las extremidades cortas y la cola flexible apuntan a que estaba adaptado a una vida principalmente arborícola. Podía subir a los árboles para cazar, descansar o protegerse de otros animales, aunque también habría buscado alimento en el suelo.

Este diseño corporal presenta similitudes con el de la fosa de Madagascar, un depredador actual de apariencia felina. Sin embargo, ambos animales pertenecen a familias diferentes. Su parecido se explicaría mediante la evolución convergente, un proceso por el que especies alejadas desarrollan soluciones anatómicas similares para adaptarse a condiciones ambientales parecidas.

Sus fósiles revelan una expansión desde Europa hasta Asia y quizá Norteamérica

Los primeros restos de Proailurus fueron descritos en 1879 por el naturalista francés Henri Filhol. El investigador encontró varios fósiles de pequeño tamaño en Saint-Gérand-le-Puy, un conocido yacimiento paleontológico situado en el centro de Francia.

Posteriormente aparecieron restos atribuidos a este género en España, Alemania y Mongolia. La distancia entre los yacimientos muestra que Proailurus tuvo una distribución geográfica muy extensa y que pudo ocupar diferentes zonas boscosas de Europa y Asia con pocos competidores directos.

También se han localizado en Norteamérica fósiles pertenecientes a animales muy similares. Uno de los ejemplares más conocidos es el llamado gato de la cantera de Ginn, representado por un cráneo completo cuya dentición se parece a la de Proailurus lemanensis.

Los especialistas todavía no han determinado si este animal pertenecía realmente al género Proailurus. La semejanza de sus dientes plantea, no obstante, la posibilidad de que los primeros gatos o animales cercanos a ellos ya se hubieran desplazado desde Eurasia hasta Norteamérica durante aquella etapa.

La dieta de Proailurus incluía pequeñas presas y conservaba rasgos dentales antiguos

La forma de las mandíbulas y los dientes indica que Proailurus era un depredador. Su alimentación estaría compuesta principalmente por pequeños mamíferos, aves y lagartos que podía capturar tanto en el suelo como entre las ramas.

Su comportamiento habría sido parecido al de algunos felinos arborícolas actuales, como el margay y el gato jaspeado. Estos animales presentan un tamaño similar y utilizan su agilidad para perseguir pequeñas presas en entornos forestales.

Proailurus era principalmente carnívoro, pero conservaba algunos premolares adicionales que no aparecen en los felinos modernos. Esos dientes robustos podían servirle para triturar alimentos más duros y constituirían un vestigio de antepasados carnívoros con una dieta más variada.

Su anatomía representa una etapa temprana dentro de la evolución de los felinos. Los primeros miembros del orden Carnivora habían aparecido mucho antes, hace unos 52 millones de años, y probablemente eran pequeños depredadores nocturnos parecidos a comadrejas o ginetas.

De aquellos mamíferos surgieron dos grandes grupos, los caniformes y los feliformes. Proailurus apareció dentro de los feliformes hace unos 30 millones de años y dio comienzo a una línea evolutiva caracterizada por cuerpos ágiles, dientes especializados y una alimentación predominantemente carnívora.

El retroceso de los bosques pudo impulsar su desaparición hace 25 millones de años

Los últimos ejemplares de Proailurus vivieron al comienzo del Mioceno, hace aproximadamente 25 millones de años. Durante aquel periodo, los bosques de Eurasia comenzaron a reducirse mientras aumentaban las praderas y los espacios abiertos.

Este cambio del paisaje pudo perjudicar a un animal especialmente adaptado a desplazarse y cazar entre los árboles. La pérdida progresiva de su hábitat habría obligado a las poblaciones a buscar nuevos territorios para los que no estaban tan bien preparadas.

La desaparición de Proailurus coincidió con una etapa especialmente llamativa en Norteamérica, conocida como el “periodo sin gatos”. Durante unos siete millones de años, el registro fósil norteamericano no muestra una presencia clara de felinos ni de animales similares.

Entre las posibles explicaciones se encuentran el cambio climático, una mayor actividad volcánica y la competencia con los primeros perros. Otros investigadores consideran que esa ausencia podría deberse a un registro fósil incompleto y no a una desaparición real de todos los gatos del continente.

Los felinos volvieron a aparecer en el registro norteamericano hace unos 18,5 millones de años con Pseudaelurus. Este género se extendió por Europa, Asia y América del Norte y estuvo relacionado con linajes posteriores, incluidos los felinos dientes de sable y los grupos de los que proceden los gatos actuales.

De aquellas ramas evolutivas surgieron Felinae, que engloba a numerosos felinos pequeños y a especies como el guepardo o el puma, y Pantherinae, donde se encuentran los leones, tigres, leopardos y jaguares. Todos ellos conservan una conexión evolutiva con aquellos primeros depredadores que vivieron en los bosques hace decenas de millones de años.

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