El propietario de 105 hectáreas en Pensilvania priorizó la conservación de la finca familiar y firmó un acuerdo que impedirá urbanizarla en el futuro.
Mervin Raudabaugh, un agricultor de 86 años del condado de Cumberland, en Pensilvania, rechazó una oferta superior a 15 millones de dólares, cerca de 13 millones de euros, por dos fincas contiguas. Los promotores pretendían utilizar sus 261 acres de terreno para construir un centro de datos vinculado al crecimiento de la inteligencia artificial.
En vez de vender la propiedad, Raudabaugh aceptó cerca de 1,9 millones de dólares por sus derechos de desarrollo. El acuerdo permite que continúe siendo dueño de la finca, pero impide que el suelo pueda destinarse a proyectos urbanísticos o industriales.
Por qué este agricultor rechazó 13 millones para conservar sus tierras
Los promotores llegaron a ofrecerle 60.000 dólares por acre. Aplicada a toda la superficie, la propuesta ascendía a unos 15,66 millones de dólares. Pese a la diferencia económica, el agricultor explicó a la cadena local FOX43 que no estaba dispuesto a permitir la desaparición de sus granjas.
La presión se prolongó durante meses. Raudabaugh aseguró que los intermediarios insistieron repetidamente y que continuó recibiendo llamadas de agentes inmobiliarios incluso después de quedar formalizada la protección de las parcelas el 30 de diciembre.
Una finca ligada a su familia desde que era adolescente
La decisión está estrechamente relacionada con la historia familiar del propietario. Su madre murió en sus brazos en el antiguo granero donde ordeñaban las vacas. Raudabaugh todavía estudiaba en el instituto y tuvo que asumir buena parte del trabajo agrícola antes de acudir cada mañana a clase.
Años después, el mismo lugar se convirtió en el hogar donde crio a sus hijos junto a Anna Mae, su esposa. El agricultor trabajó durante 51 años con ganado lechero, mantuvo vacas para carne hasta 2022 y ha seguido cultivando maíz y soja. “Amo esta tierra. Ha sido mi vida”, declaró al explicar su negativa.
El acuerdo legal garantiza que las 105 hectáreas seguirán siendo agrícolas
Raudabaugh no vendió la finca a la organización conservacionista. Lo que cedió fueron los derechos de desarrollo mediante una servidumbre de conservación. La propiedad podrá heredarse o venderse, pero cualquier futuro titular tendrá que mantener su uso agrícola y no podrá convertirla en una zona industrial.
La operación fue financiada por el Programa de Preservación de Tierras de Silver Spring Township. Lancaster Farmland Trust será la entidad encargada de custodiar y hacer cumplir el acuerdo. El fondo local nació después de que los vecinos aprobaran en 2013 dedicar parte del impuesto sobre la renta a conservar terrenos agrícolas, bosques y espacios abiertos.
La presión de los centros de datos aumenta sobre el campo estadounidense
El agricultor ha reconocido que no todas las familias pueden rechazar propuestas de esta magnitud. Los mayores costes de la maquinaria y de la actividad agraria, unidos a las elevadas ofertas por el suelo, dificultan que muchas explotaciones familiares permanezcan activas.
Raudabaugh espera que otras familias puedan cultivar sus terrenos cuando él ya no esté. También confía en que las próximas generaciones valoren la decisión de conservar un espacio que sirve como explotación agrícola y refugio para animales como ciervos y tortugas.
