Heidelberg Materials ya ha iniciado los primeros trámites en Arrigorriaga para levantar una instalación pionera en España. El objetivo es retener hasta 300.000 toneladas de dióxido de carbono al año y, si la tecnología lo permite, transformarlo en combustible sintético para barcos y aviones.
El proyecto todavía está en una fase inicial, pero ya se mueve en los despachos. La cementera de Arrigorriaga ha solicitado cambios en el planeamiento urbanístico al Ayuntamiento y busca apoyo económico europeo para una inversión que, en su primera etapa, podría superar los 400 millones de euros.
La planta de captura de CO2 de Arrigorriaga ya inicia sus primeros trámites
Si sale adelante, la futura instalación podría retener 300.000 toneladas anuales de CO2, una cifra que equivale al 1,89% de todas las emisiones que genera el País Vasco en un año, situadas en 15,8 millones de toneladas.
Por eso, el movimiento de Heidelberg Materials va más allá de una simple ampliación industrial. La empresa quiere poner en marcha una planta pionera junto a su cementera, en una parcela próxima a Mendikosolo. Antes, eso sí, deberá superar trámites urbanísticos y otras gestiones ya iniciadas ante el área de Minas del Gobierno vasco por la situación de los terrenos.
No es poca cosa. Además de la complejidad técnica, el proyecto necesitará socios de peso para poder comercializar el CO2 capturado o darle una salida industrial.
Cómo funcionará la captura de CO2 para fabricar combustible sintético en Euskadi
¿Y cómo se haría? La referencia más clara está en Brevik, en Noruega, donde la propia Heidelberg ya abrió una instalación similar. Allí, el CO2 que generan los hornos cementeros se absorbe mediante un proceso químico con aminas y después se separa usando el calor residual de la propia fábrica.
En Arrigorriaga, sin embargo, la intención no pasa por almacenar el gas bajo tierra, como ocurre en el modelo noruego. El plan inicial es aprovecharlo para producir hidrocarburos sintéticos a través de procesos ligados a la electrólisis y al hidrógeno.
Ese es, precisamente, el gran atractivo del proyecto. La parcela elegida está cerca de dos recursos clave para hacerlo viable: agua y electricidad. Se encuentra bajo Venta Alta, la planta de suministro del Consorcio de Aguas, y junto a la línea de alta tensión Güeñes-Itsaso.
A partir de ahí, la operación dependerá también de alianzas con empresas con capacidad financiera y tecnológica. En ese escenario aparece el grupo impulsado por el Gobierno vasco para fomentar la captura y recuperación de CO2, donde ya coinciden firmas como Petronor o Enagás.
