El análisis de 889 mamíferos no predice la próxima pandemia ni identifica un único portador. Señala linajes concretos para priorizar los controles.
Un estudio publicado en Communications Biology el 30 de octubre de 2025 analizó 889 especies de mamíferos, entre ellas 202 de murciélagos. La familia Rhinolophidae, conocida como murciélagos de herradura, destacó por la carga de mortalidad humana asociada a los virus registrados en especies de ese grupo. El murciélago grande de herradura, uno de sus representantes europeos, mide entre 5,7 y 7,1 centímetros y pesa entre 17 y 34 gramos. El trabajo no afirma que esta especie vaya a causar la próxima pandemia. Su interés reside en orientar una vigilancia sanitaria más selectiva.
El estudio no encontró un único animal capaz de causar una pandemia
El equipo dirigido por Caroline A. Cummings reunió 2.637 asociaciones conocidas entre mamíferos y virus. Después evaluó 112 especies virales pertenecientes a 23 familias. Los investigadores estudiaron tres variables: letalidad, transmisión posterior entre humanos y número de muertes atribuidas desde 1950. Con estos datos buscaron ramas evolutivas con valores mayores o menores de lo esperado. El análisis también corrigió las diferencias causadas por especies más estudiadas que otras. Este enfoque masivo también ha permitido examinar 80 millones de interacciones de abejorros.
La conclusión principal desmonta una simplificación frecuente. Los murciélagos no aparecieron como un único grupo de alto riesgo en ninguna de las medidas analizadas. Los valores más elevados se concentraron en determinados linajes. También surgieron grupos de otros mamíferos. Los primates catarrinos, por ejemplo, destacaron en la transmisión posterior entre personas. Los autores señalan que el mayor esfuerzo de muestreo podría influir en ese resultado. Por tanto, el estudio no permite presentar a todos los murciélagos como una amenaza equivalente.
Por qué destacaron los murciélagos de herradura
La familia Rhinolophidae apareció asociada con una carga media de mortalidad mayor que la registrada en otras ramas del árbol estudiado. Dentro del análisis de flavivirus, Rhinolophidae e Hipposideridae también formaron un grupo con mayor tasa media de letalidad. Los autores relacionan el resultado con asociaciones ya descritas entre murciélagos de herradura y virus de gran impacto. Entre ellos figuran coronavirus relacionados con el SARS y algunos lisavirus.
El dato físico más llamativo procede del murciélago grande de herradura, Rhinolophus ferrumequinum, un miembro europeo de esa familia. Su cuerpo mide entre 57 y 71 milímetros, con un peso de 17 a 34 gramos. Habita desde el norte de África y el sur de Europa hasta amplias zonas de Asia. También está presente en España. Su pertenencia a Rhinolophidae ayuda a dimensionar el tamaño del animal. No significa que el estudio lo señale como causante de una futura pandemia.
Las zonas prioritarias no se concentran solo en Europa
Los investigadores combinaron la distribución de los linajes destacados con datos sobre la huella humana. Así localizaron áreas donde coinciden una mayor riqueza de esos murciélagos y una intensa transformación del territorio. Los principales puntos aparecen en Centroamérica, la costa de Sudamérica, África ecuatorial y el sudeste asiático. El patrón cambia según la familia viral. Para los flavivirus, los focos principales se situaron en el sudeste asiático y África subsahariana.
Estos mapas sirven para decidir dónde puede ser más útil recoger muestras y estudiar nuevos patógenos. La vigilancia de animales capaces de actuar como vectores o reservorios también resulta fundamental frente a amenazas conocidas, como ocurre con el virus del Nilo, cuya prevención exige controlar la presencia de mosquitos transmisores.
Qué aporta el hallazgo a la prevención de futuras crisis sanitarias
Existen alrededor de 1.500 especies de murciélagos y muchas viven en refugios difíciles de estudiar. Vigilar todas con la misma intensidad exigiría demasiado tiempo, personal y presupuesto. El trabajo propone concentrar los esfuerzos en linajes concretos y en regiones donde la presión humana aumenta las oportunidades de contacto. Esa selección podría facilitar la detección temprana de virus desconocidos y mejorar la preparación ante posibles saltos entre especies.
Los propios investigadores señalan límites importantes. Una asociación entre un virus y un huésped no demuestra que ese animal transmita el patógeno a personas. El 38% de las asociaciones se apoyaba únicamente en pruebas serológicas, que pueden reflejar infección o exposición reciente. La PCR tampoco confirma por sí sola que el huésped pueda contagiar a otro organismo. Por ello, el estudio ofrece prioridades para investigar, no el nombre del animal que provocará la próxima pandemia.
