Vincent Parasie analiza el uso de papel de aluminio en las ventanas durante la ola de calor en París y explica qué medidas son más eficaces para evitar que una vivienda se sobrecaliente.
Las ventanas cubiertas con papel de aluminio y mantas térmicas se han convertido en una imagen llamativa en París durante los últimos episodios de calor extremo. La medida, extendida entre vecinos que buscan bajar la temperatura interior de sus casas, ha sido analizada por el arquitecto francés Vincent Parasie, afincado en Barcelona y al frente de Atelier Parasie Arquitectes SLP, que la considera una respuesta urgente, barata y temporal.
El contexto explica parte del fenómeno. Météo-France calificó junio de 2026 como el mes de junio más cálido registrado en Francia, con una temperatura media de 22,7 grados y una anomalía de 3,8 grados sobre la normal 1991-2020.
Por qué el papel de aluminio en las ventanas solo funciona como medida temporal
Parasie explica que el papel de aluminio puede actuar como una especie de espejo térmico cuando se coloca en la parte exterior del cristal. Al reflejar parte de la radiación solar antes de que entre en la vivienda, puede ayudar a reducir el calentamiento de las estancias más expuestas.
Aun así, el arquitecto rebaja las expectativas. Lo define como una solución de emergencia, “económica y superficial”, porque no modifica la vivienda ni supone una mejora real del edificio. También advierte de que el material no está pensado para permanecer a la intemperie, por lo que puede despegarse o deteriorarse con facilidad.
Este tipo de protección tiene además un coste en confort. Al cubrir los cristales, reduce la entrada de luz natural y limita la visión hacia el exterior, dos factores importantes en el bienestar dentro de una casa.
Las soluciones que sí protegen la vivienda frente a olas de calor extremas
Para Parasie, el problema no está solo en las ventanas, sino en la preparación general de las viviendas frente al calor. La envolvente del edificio, formada por fachadas, cubiertas y cerramientos, determina en buena parte cuánto tarda una casa en calentarse y cuánto conserva la temperatura interior.
Entre las medidas más eficaces, el arquitecto señala el cambio de ventanas antiguas por carpinterías con rotura de puente térmico y vidrios con cámara, bajo emisivos y con control solar. Estos sistemas filtran la radiación y reducen la entrada de calor sin impedir por completo el paso de la luz.
También funcionan soluciones tradicionales, como persianas exteriores, mallorquinas o brise-soleil, siempre que se coloquen antes del vidrio. El motivo es sencillo: frenar el sol fuera de la vivienda resulta más eficaz que intentar enfriar la estancia cuando el calor ya ha atravesado el cristal.
Qué puede hacer un inquilino para bajar la temperatura sin hacer obras
La situación cambia cuando se vive de alquiler o no se pueden acometer reformas. En esos casos, Parasie recomienda aprovechar la ventilación natural antes de recurrir únicamente a sistemas de aire frío.
Una medida sencilla es ventilar durante la noche, cuando la temperatura exterior baja. Para que funcione, no basta con abrir una sola ventana. Es necesario crear corriente, abriendo huecos en fachadas opuestas o ayudándose de un ventilador para mover el aire acumulado durante el día.
Las imágenes de París muestran una realidad cada vez más frecuente: muchas viviendas no están preparadas para soportar olas de calor intensas. El papel de aluminio puede ayudar de forma puntual, pero no sustituye a un buen aislamiento, a protecciones solares exteriores ni a ventanas diseñadas para mejorar el confort térmico.
