Shimabara convirtió en 1978 un cauce de Shinmachi en la llamada Ciudad de las carpas nadadoras. El conjunto turístico del área recibió unas 94.000 visitas entre abril de 2025 y marzo de 2026.
Shimabara, en la prefectura de Nagasaki, conserva un canal de 100 metros donde carpas koi nadan junto a viviendas y pequeños comercios. El Ayuntamiento de Shimabara sitúa el origen de esta escena en julio de 1978. Vecinos del barrio de Shinmachi soltaron entonces los primeros peces en un cauce alimentado por manantiales. El último informe turístico cifra en unas 94.000 las visitas a las instalaciones del área durante el ejercicio 2025-2026.
Los vecinos soltaron las primeras carpas koi en julio de 1978
Shinmachi dispone de abundante agua de manantial y de un canal urbano que atraviesa una zona residencial. La web turística oficial señala que en algunos puntos basta excavar unos 50 centímetros para encontrar agua. La asociación vecinal aprovechó ese cauce para impulsar el barrio y fomentar el cuidado del entorno entre los niños. Después, otros residentes colaboraron en nuevas sueltas. Con el tiempo, el lugar recibió el nombre de Koi no Oyogu Machi, traducido como Ciudad de las carpas nadadoras. Las fuentes oficiales hablan de un cauce concreto de 100 metros, no de toda la red de alcantarillado.
El proyecto no nació como una gran obra turística, sino como una intervención comunitaria sobre una infraestructura cotidiana. El agua, los muros de piedra y los peces de varios colores terminaron formando una imagen reconocible de Shimabara. La página municipal considera el enclave uno de los lugares representativos de la denominada ciudad del agua. Esa relación entre un espacio creado por personas y un hábitat vivo también aparece en un lago convertido en ecosistema. En la ciudad japonesa, sin embargo, el atractivo depende del flujo natural que ya atravesaba el barrio.
El desastre de 1792 cambió el terreno y abrió nuevos manantiales
La historia geológica del agua se remonta mucho más atrás. El 21 de mayo de 1792, tras meses de terremotos y actividad volcánica, una parte del monte Mayuyama se desplomó. El alud de escombros destruyó zonas de Shimabara y alcanzó el mar de Ariake. Allí generó un tsunami que golpeó también la actual prefectura de Kumamoto. Más de 15.000 personas murieron en el conjunto de la catástrofe. Las simulaciones citadas por la Agencia de Turismo japonesa indican que la secuencia pudo desarrollarse en apenas tres minutos.
El suceso pasó a conocerse como la catástrofe de Shimabara y la calamidad de Higo. Los documentos oficiales explican que también modificó la costa y el subsuelo. Nuevos manantiales brotaron por las grietas abiertas en el terreno, mientras el relieve submarino creó hábitats para la vida marina. La relación entre estructuras físicas y biodiversidad aparece asimismo en otros hábitats costeros recuperados. Esto no convierte la tragedia en una historia positiva, pero ayuda a comprender el paisaje actual. La suelta de carpas llegó 186 años después, por lo que ambos hechos no fueron consecutivos.
El agua de Shimabara sostiene jardines, canales y una ruta turística
Shimabara es conocida como ciudad del agua por la presencia de numerosos manantiales. El sistema de surgencias fue incluido en 1985 entre las Cien Aguas Famosas de Japón, según el consistorio. Cerca del canal se encuentra Shimei-so, una villa construida sobre un manantial a finales del siglo XIX. La Organización Nacional de Turismo de Japón indica que allí afloran más de 3.000 toneladas de agua cada día. Sus estanques albergan carpas ornamentales y el conjunto está reconocido como monumento y bien cultural de Japón.
El interés continúa en la actualidad. El informe de la Oficina de Turismo, correspondiente al periodo entre abril de 2025 y marzo de 2026, registra unas 94.000 visitas al conjunto. La cifra aumentó alrededor de un 10% frente al ejercicio anterior. El Koi Café Yusuikan recibió 20.503 clientes, incluidos 1.898 extranjeros, y alcanzó una facturación récord de 12.476.000 yenes. Esos datos corresponden al café y al área turística, no al número exacto de personas que recorrieron el canal.
La presencia de carpas simboliza agua cuidada, pero no certifica su potabilidad
Las fuentes oficiales consultadas describen el cauce como limpio y alimentado por manantiales. También relacionan la suelta con la educación ambiental y la conservación del barrio. Sin embargo, no presentan la presencia de carpas como una certificación sanitaria del agua. Por ese motivo, el fenómeno debe explicarse como símbolo del cuidado local, no como prueba de potabilidad. Esas fuentes tampoco respaldan que estas carpas solo sobrevivan en aguas de calidad extrema.
El valor del lugar reside en otra combinación. Una infraestructura urbana sencilla mantiene visible el agua de manantial, mientras los vecinos cuidan una escena integrada en la vida diaria. Ese modelo de convivencia también inspira soluciones como los ladrillos para proteger abejas y vencejos en edificios. En Shimabara, la singularidad está en que el cauce sigue formando parte de la calle, no de un acuario aislado.
El resultado combina memoria geológica, iniciativa vecinal y una imagen turística que sigue atrayendo visitantes.
