La calefacción de toda la vida empieza a quedarse un poco anticuada. Sí, esa imagen del radiador ardiendo en invierno mientras uno busca el punto exacto entre no pasar frío y no temer la factura. Jordi Martí, arquitecto y divulgador especializado en eficiencia energética, sostiene que los radiadores tradicionales están perdiendo sentido en muchas viviendas actuales. Su explicación no va de modas ni de estética, sino de cómo se construyen y aíslan ahora los edificios.
Según plantea, mantener calderas de gas y radiadores muy calientes deja de encajar en edificios nuevos o rehabilitados energéticamente. Y, como suele pasar con la casa, el confort no depende solo de encender más fuerte, sino de que el edificio acompañe.
¿Por qué Jordi Martí dice que los radiadores tienen los días contados?
Jordi Martí lo resume con una frase clara: “Los radiadores tienen los días contados; es una tecnología ineficiente y obsoleta”. Su argumento parte de una idea sencilla: los radiadores fueron útiles durante años porque muchas viviendas tenían paredes y ventanas muy frías.
En ese tipo de casas, el radiador calentaba a alta temperatura e irradiaba calor hacia el cuerpo. Eso ayudaba a generar sensación de confort aunque el aislamiento fuera deficiente. Dicho de forma más de andar por casa: el radiador compensaba lo que la vivienda no hacía bien.
Pero el escenario ha cambiado. En viviendas modernas o rehabilitadas energéticamente, la envolvente térmica, es decir, el conjunto de paredes, ventanas y elementos que separan el interior del exterior, funciona mejor. Por eso, según Martí, ya no hace falta depender de superficies extremadamente calientes para estar cómodo.
¿Qué cambia en una casa bien aislada frente a una vivienda antigua?
El arquitecto recuerda que la sensación de frío no depende solo del termómetro. Cuando una vivienda está mal aislada, el cuerpo humano, que está más caliente, irradia calor hacia las superficies frías. Ese intercambio aumenta la incomodidad y hace que uno sienta frío aunque la temperatura interior no parezca tan baja.
En una casa bien aislada, ese fenómeno se reduce de forma notable. Martí lo explica así: “Si tu casa está bien aislada, las paredes estarán calientes aunque la temperatura interior sea la misma”. En otras palabras, no se trata solo de subir grados, sino de evitar que las paredes y ventanas se comporten como una especie de nevera discreta.
Por eso, mantener sistemas basados en calderas de gas y radiadores muy calientes deja de tener sentido en edificios nuevos o rehabilitados energéticamente. El propio arquitecto insiste en que “Ahora ya no tiene sentido tener una caldera de gas y radiadores que se calientan muchísimo”.
¿Qué sistemas de calefacción pueden sustituir a los radiadores tradicionales?
Según Jordi Martí, el futuro de la climatización pasa por soluciones que trabajan a temperaturas más bajas y con mayor eficiencia. Entre las alternativas que menciona están la aerotermia, el suelo radiante y los sistemas de climatización por aire.
La clave está en que estos sistemas son más compatibles con edificios bien aislados y con el uso de electricidad como fuente principal. Por tanto, el cambio no afecta solo al aparato que calienta la casa, sino a la manera completa de entender la vivienda.
Martí resume la tendencia con otra frase directa: “Cada vez verás menos radiadores”. Además, señala que no se trata de algo puntual, sino estructural, impulsado por la normativa energética y por el encarecimiento de los combustibles fósiles.
¿Qué pasa con las chimeneas y la calefacción con leña?
Jordi Martí también pone el foco en otro clásico de muchas casas: las chimeneas. En otro de sus análisis, advierte de su impacto sobre la salud y la calidad del aire. Según explica, “Cuando quemamos leña se desprenden gases, partículas finas y contaminantes nocivos”.
El arquitecto recuerda que ese impacto no afecta solo a quien usa la chimenea, sino también al entorno. Aun así, matiza que no todas son iguales, ya que las chimeneas cerradas o de gas reducen parte del impacto.
Desde el punto de vista técnico, su postura es clara: “la idea es que no necesites quemar nada para calentar tu vivienda”. Es decir, una casa eficiente debería poder mantener el confort sin depender de quemar combustibles dentro del hogar.
Qué puede hacer el lector si tiene radiadores, caldera o chimenea en casa
Antes de lanzarse a cambiar nada, conviene mirar la vivienda con calma. La idea central que plantea Martí es que el aislamiento importa tanto como el sistema de calefacción. De poco sirve pensar solo en el aparato si la casa pierde calor por paredes y ventanas frías. Estos son los pasos prácticos que se pueden extraer de su explicación:
- Revisar si la vivienda está bien aislada, especialmente paredes y ventanas.
- Valorar si el sistema actual depende de caldera de gas y radiadores muy calientes.
- Tener en cuenta alternativas como aerotermia, suelo radiante o climatización por aire en edificios nuevos o rehabilitados.
- Analizar el uso de chimeneas, sobre todo por su impacto en la calidad del aire.
- Priorizar soluciones que no necesiten quemar nada para calentar la vivienda.
En consecuencia, la recomendación no pasa solo por quitar radiadores porque sí. El punto está en entender si la casa necesita todavía ese tipo de calor intenso o si, por su aislamiento, puede funcionar mejor con sistemas más eficientes y de baja temperatura.
¿La eficiencia lo es todo en el confort de una vivienda?
Aunque Jordi Martí mantiene una postura crítica con radiadores y chimeneas tradicionales, también reconoce un matiz importante. No todo en una casa se mide únicamente en eficiencia energética. El confort también tiene una parte emocional, subjetiva y muy ligada a la experiencia de cada persona.
Por eso admite que una chimenea tradicional puede seguir teniendo valor para muchas personas. Su frase lo resume bien: “No todo tiene que ser eficiencia”. Vamos, que una cosa es entender hacia dónde va la calefacción moderna y otra negar que ver una chimenea encendida tiene su aquel.
La conclusión es clara: los radiadores tradicionales pierden terreno en viviendas bien aisladas, mientras ganan peso los sistemas de baja temperatura y mayor eficiencia. Pero el cambio no va solo de tecnología, sino de cómo se construyen las casas y de qué entendemos por estar realmente cómodos dentro de ellas.
