La planta que se sembró para proteger el suelo ahora es una invasora que devora, crece 90 centímetros al año y transforma las costas del mundo

Carpobrotus edulis llegó desde Sudáfrica para estabilizar terrenos junto a vías y carreteras. Ahora desplaza vegetación autóctona y obliga a vigilar la costa mediante imágenes aéreas y satélites.

California introdujo Carpobrotus edulis, conocida como planta de hielo, a comienzos del siglo XX para estabilizar terrenos junto a las vías ferroviarias. Más de cien años después, la especie ocupa dunas, acantilados, pastizales y matorrales costeros. Sus tallos pueden avanzar más de tres pies, alrededor de 90 centímetros, durante un año y formar mantos de decenas de metros.

La expansión de esta suculenta altera los ecosistemas que originalmente debía proteger. Sus alfombras desplazan plantas nativas, modifican la composición del suelo y frenan el movimiento natural de la arena. El problema ha llevado a investigadores estadounidenses a desarrollar herramientas que combinan fotografías aéreas, imágenes satelitales y aprendizaje automático para localizar nuevas colonias.

La planta de hielo también invade dunas y acantilados de las costas españolas

Carpobrotus edulis se ha extendido por numerosos enclaves del litoral español, donde recibe nombres como uña de gato, uña de león o hierba del cuchillo. Su presencia resulta especialmente problemática en dunas, arenales y acantilados, ya que forma mantos compactos que desplazan la vegetación autóctona y modifican las condiciones del suelo. España la mantiene incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras por la amenaza que representa para los hábitats y ecosistemas naturales.

Esta catalogación implica restricciones sobre su posesión, transporte, tráfico y comercio, además de justificar campañas de retirada en espacios costeros protegidos. La eliminación debe realizarse con cuidado porque los fragmentos abandonados pueden volver a enraizar y originar nuevos focos. Tras arrancarla, suele ser necesario retirar los restos y favorecer la recuperación de las plantas nativas para evitar que la superficie vuelva a quedar ocupada por esta especie.

Una solución contra la erosión que acabó extendiéndose por la costa de California

La planta de hielo procede de Sudáfrica, una región con condiciones climáticas similares a las del litoral californiano. Sus hojas almacenan agua, toleran el aire salino y resisten largos periodos secos. Estas características hicieron que se considerara una cubierta vegetal adecuada para sujetar terrenos expuestos y evitar que la tierra se desplazara.

El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos sitúa su llegada a California a comienzos del siglo XX para estabilizar el suelo junto a las vías del tren. Posteriormente, también fue plantada por Caltrans en márgenes de carreteras y taludes. Durante décadas se utilizó como ornamental por sus flores vistosas y su facilidad para cubrir grandes superficies.

La facilidad para extenderse terminó convirtiéndose en su principal amenaza. La planta se reproduce mediante semillas y también de forma vegetativa. Los tallos que reptan por el suelo desarrollan raíces en sus nudos, mientras que pequeños fragmentos pueden originar ejemplares nuevos si quedan sobre un terreno húmedo.

Cada fruto contiene numerosas semillas que pueden ser dispersadas por conejos, ciervos y otros mamíferos. Una vez que varias plantas se encuentran, sus ramas se entrelazan y crean alfombras densas. Este patrón recuerda a otros casos de especies invasoras retiradas, cuyo control exige actuar antes de que formen poblaciones difíciles de contener.

Sus alfombras desplazan vegetación autóctona y modifican el suelo

El California Invasive Plant Council clasifica Carpobrotus edulis como una especie invasora de impacto alto. La organización señala que aparece en playas, dunas, acantilados, matorrales, chaparrales y pastizales de la costa californiana. En estos espacios forma capas compactas que ocupan la superficie disponible y limitan el crecimiento de otras plantas.

La vegetación que queda debajo recibe menos luz y encuentra mayores dificultades para acceder al agua y a los nutrientes. La planta también desarrolla una red densa de raíces superficiales. Su capacidad competitiva puede afectar tanto a plántulas como a arbustos autóctonos que ya se encontraban establecidos antes de la invasión.

El efecto continúa cuando las hojas y los tallos se descomponen. Los restos vegetales aumentan progresivamente la materia orgánica del suelo, que normalmente es escasa en los arenales costeros. El California Invasive Plant Council advierte de que este cambio puede crear condiciones favorables para que se instalen otras especies no autóctonas.

Un estudio publicado en Biological Conservation analizó los efectos que permanecen después de eliminar Carpobrotus edulis. Los investigadores observaron que los suelos invadidos conservaban alteraciones capaces de limitar el establecimiento de plantas dunares autóctonas. También detectaron que especies oportunistas podían aprovechar las nuevas condiciones y desplazar a la vegetación propia de estos ecosistemas.

La estabilización de la arena perjudica la dinámica natural de las dunas

Las dunas costeras no son estructuras inmóviles. El viento desplaza continuamente la arena y modifica su forma, mientras el oleaje y los temporales alteran la primera línea del litoral. Numerosas plantas y animales dependen de esos cambios y están adaptados a vivir en zonas con poca vegetación y arena en movimiento.

Las alfombras de planta de hielo retienen la arena y reducen ese desplazamiento. El Servicio de Parques Nacionales explica que especies invasoras como Carpobrotus edulis estabilizan las dunas hasta impedir que sigan moviéndose con el viento. El resultado es un hábitat diferente al que necesitan las especies adaptadas a dunas abiertas y dinámicas.

Este tipo de transformación no afecta únicamente a las plantas. Las modificaciones en la cubierta vegetal pueden reducir áreas de nidificación, alimentación o refugio. En Point Reyes, el Servicio de Parques Nacionales relaciona la proliferación de plantas invasoras con la pérdida de espacios abiertos utilizados por aves amenazadas y otros animales costeros.

Los programas de restauración deben tener en cuenta estas relaciones entre vegetación, fauna y estructura del terreno. Otros proyectos destinados a recuperar hábitats naturales también combinan la eliminación de especies invasoras con medidas para favorecer la recolonización de especies autóctonas.

California emplea imágenes satelitales para localizar los rebrotes

Retirar la parte visible de la planta no garantiza su desaparición. El Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California advierte de que cualquier fragmento de tallo que permanezca en el terreno puede volver a enraizar. Además, las zonas desnudas tras la retirada quedan expuestas a una nueva invasión si no se recupera rápidamente la vegetación nativa.

El control manual exige levantar las alfombras, retirar los fragmentos y trasladar los restos a un lugar donde no puedan volver a crecer. Después es necesario replantar especies locales y revisar el terreno durante varios años. La extensión de las colonias hace que este procedimiento resulte costoso y difícil de aplicar en toda la costa.

El National Center for Ecological Analysis and Synthesis, vinculado a la Universidad de California en Santa Bárbara, presentó el 24 de febrero de 2026 un proyecto para seguir la expansión de la planta mediante teledetección. La iniciativa combina imágenes de satélite, vuelos sobre la costa y modelos informáticos capaces de distinguir las alfombras invasoras de otras coberturas vegetales.

La herramienta se está utilizando en la reserva Jack and Laura Dangermond, gestionada por The Nature Conservancy. El proyecto debe ayudar a localizar y controlar al menos 300 acres de planta de hielo, equivalentes a unas 121 hectáreas. Los mapas permitirán comprobar qué zonas responden a los trabajos de retirada y dónde aparecen nuevos rebrotes.

Los responsables consideran que el método podría aplicarse posteriormente en otras partes de California. Las imágenes no sustituyen los trabajos sobre el terreno, pero permiten dirigir los equipos hacia los focos más urgentes y comparar la evolución de las colonias entre distintos años.

La experiencia californiana muestra cómo una especie elegida para resolver un problema concreto puede alterar el ecosistema cuando se introduce fuera de su hábitat natural. La planta que debía inmovilizar el suelo ha terminado modificando las dunas, desplazando vegetación autóctona y obligando a vigilar desde el espacio los terrenos donde continúa avanzando.

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