España pone en marcha una planta pionera capaz de extraer oro y plata de la chatarra electrónica como móviles y ordenadores

Todos tenemos algún móvil viejo en un cajón, un cargador olvidado o un ordenador que ya no da más de sí. Parece chatarra sin importancia, pero dentro puede haber cobre, plata, oro o platino. Y claro, tirar eso sin recuperarlo es casi como dejar dinero en la basura, solo que con menos glamour y más cables enredados.

Cada año, en España se tiran casi 930.000 toneladas de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, los conocidos RAEE, que son los residuos procedentes de móviles, ordenadores y otros dispositivos eléctricos. Europa, además, es la región que más basura electrónica genera por habitante y una de las que peor aprovecha ese filón. Ahora, una planta piloto del CSIC en Madrid ha dado un paso importante: fundir esos residuos para recuperar metales valiosos.

¿Qué ha puesto en marcha el CSIC en Madrid para tratar la basura electrónica?

El Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas del CSIC ha inaugurado en Madrid la primera planta piloto europea capaz de recuperar metales críticos de residuos electrónicos mediante un horno de lanza sumergida. Dicho de forma sencilla, es un horno que introduce una lanza metálica dentro del material fundido para inyectar oxígeno y combustible, en lugar de calentar solo desde fuera.

Este sistema supera los 1.200 °C y permite fundir residuos electrónicos para separar metales como cobre, oro, plata y platino. La inauguración se formalizó con la primera colada experimental de metales obtenidos directamente de basura electrónica, un hito que busca demostrar que estos materiales pueden recuperarse de forma limpia y eficiente.

La clave está en que la lanza genera una turbulencia intensa dentro del baño fundido. Eso mezcla mejor el material, acelera las reacciones químicas y mejora la eficiencia energética, que en estos procesos no es precisamente un detalle menor.

¿Por qué España tiene un papel importante en los RAEE?

España tira cada año casi 930.000 toneladas de RAEE, según datos del E-waste Monitor de la ONU para 2024. Esa cifra sitúa al país como el sexto estado del continente en generación de este tipo de residuos.

El problema es que menos de la mitad de esos residuos están documentados y reciclados. En otras palabras: una parte importante de móviles, ordenadores y pequeños dispositivos no llega a los circuitos adecuados de reciclaje, y ahí empieza el despilfarro.

Dato claveCifra aportada
RAEE generados cada año en EspañaCasi 930.000 toneladas
Posición de España en EuropaSexto estado del continente
Temperatura del horno del CSICMás de 1.200 °C
RAEE generados en el mundo en 202262 millones de toneladas
Estimación mundial para 203082 millones de toneladas
RAEE por habitante en Europa en 202217,6 kg por persona
RAEE recuperados por habitante en Europa7,3 kg por persona

Estos números explican por qué la recuperación de metales no es una cuestión menor. Si la basura electrónica no se recoge bien, los metales críticos se pierden antes incluso de llegar a cualquier planta de reciclaje.

¿Cómo funciona el horno de lanza sumergida del CSIC?

El horno se basa en el proceso ISASMELT. La ventaja es que los materiales en bruto solo necesitan mezclarse previamente, sin molienda fina ni secado, algo útil cuando se trabaja con residuos tan variados como los RAEE.

Una vez fundido el residuo, la separación se produce por diferencia de densidades. El cobre y los metales preciosos, como el oro o la plata, tienden a hundirse en el fondo del reactor porque son más densos. La escoria, que es la parte no metálica del material fundido, flota en la superficie.

Esto facilita la extracción de los metales. En vez de tratar cada pieza como un rompecabezas imposible, el proceso aprovecha la física básica: lo más pesado baja y lo menos metálico queda arriba. No suena tan vistoso como buscar oro en un río, pero para Europa puede ser bastante más útil.

¿Cuánto dinero se pierde por no aprovechar estos residuos?

La ONU cuantifica el valor económico de los 62 millones de toneladas de basura electrónica generadas en el mundo en 2022 en 91.000 millones de dólares al año. De ese total global, 13 millones de toneladas anuales pertenecen a Europa.

Calculado de forma proporcional, eso equivale a perder unos 19.000 millones de dólares anuales por gestionar mal estos materiales. En euros, la cifra aportada es de unos 16.340 millones. Vamos, que no hablamos de calderilla olvidada en el bolsillo del pantalón.

Además, estos residuos contienen metales estratégicos necesarios para la transición energética y la digitalización. Si no se recuperan en Europa, se pierden o se aprovechan fuera del continente, con el valor económico marchándose también por la puerta.

¿Qué relación tiene este avance con las materias primas críticas de la UE?

Este proyecto conecta con la Ley de Materias Primas Críticas de la Unión Europea, que fija que al menos el 25% de las materias primas críticas que consuma la UE en 2030 deberán proceder del reciclaje. Las materias primas críticas son materiales esenciales para sectores estratégicos, pero difíciles de conseguir o demasiado dependientes de importaciones.

La UE depende en gran medida de importaciones de estas materias primas, a menudo de un único proveedor. Eso supone un riesgo geopolítico grave para sectores como las energías renovables, la digitalización y la defensa.

Por eso, recuperar cobre, oro, plata, platino y otros minerales estratégicos dentro del continente tiene una lectura clara: menos dependencia exterior y más capacidad para reincorporar esos materiales a la cadena productiva europea.

¿Qué problemas siguen pendientes antes de llevarlo a escala industrial?

La instalación del CENIM-CSIC es una planta piloto, no una planta industrial. Y ese salto no es pequeño: todavía hay que resolver cuestiones de ingeniería como la gestión de los gases emitidos durante el proceso o la vida útil de los materiales refractarios del horno, que son los materiales resistentes al calor extremo.

El proyecto cuenta con la colaboración público-privada entre el CENIM-CSIC, Atlantic Copper y Glencore Technology. Aun así, la propia tecnología no resuelve por sí sola el gran atasco del sistema.

El principal problema sigue estando en la recogida. El 46% de los RAEE y de los materiales críticos que contienen se pierden antes de llegar a cualquier instalación de reciclaje porque la recogida es deficiente. Dicho claro: de poco sirve tener un horno avanzado si el móvil viejo acaba mezclado con residuos orgánicos en el contenedor marrón o exportado fuera de Europa.

¿Qué puede hacer el ciudadano con sus aparatos electrónicos viejos?

Para el lector, la parte práctica es sencilla: la basura electrónica no debería acabar mezclada con otros residuos. Un móvil, un ordenador o un pequeño dispositivo eléctrico pueden contener materiales valiosos, y tirarlos sin control implica perder recursos que podrían recuperarse. Estos son los pasos básicos que se desprenden del problema planteado:

  • Separar móviles, ordenadores y pequeños dispositivos eléctricos del resto de residuos domésticos.
  • Evitar que los RAEE acaben mezclados con residuos orgánicos, especialmente en el contenedor marrón.
  • Dar prioridad a los canales de recogida específicos para residuos eléctricos y electrónicos.
  • No guardar indefinidamente aparatos viejos en cajones si ya no se van a usar.
  • Entender que estos residuos contienen cobre, plata, oro, platino y otros materiales con valor.

El gran cuello de botella no está solo en fundir mejor los residuos, sino en conseguir que lleguen al lugar adecuado. Por tanto, la tecnología del CSIC abre una puerta importante, pero la recogida sigue siendo la pieza que decide si esa mina urbana se aprovecha o se pierde.

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