Àlex Torío, profesor, abandona su vocación tras 27 años y explica qué terminó rompiendo sus ganas de enseñar

El físico explicó su decisión en 2025. El estudio citado junto a su historia no afirma que el 47 % quiera abandonar.

Àlex Torío dejó la enseñanza después de aproximadamente 27 años porque sentía que ya no podía trabajar conforme a sus convicciones. El físico anunció su decisión en ARA el 11 de julio de 2025, donde su historia permite revisar el malestar docente y una confusión: aquel 47 % no equivalía a profesores decididos a abandonar.

Una excedencia después de casi tres décadas dedicadas a enseñar

Cuando relató su situación en septiembre de 2025, Torío había solicitado un año de excedencia. No hablaba de la jubilación de un profesor que termina su carrera, sino de apartarse de una actividad que seguía considerando vocacional. Contó que se había trasladado al campo y que estaba dispuesto a buscar otro empleo, incluso como ayudante de cocina. Aquella entrevista describía sus planes de entonces. No permite asegurar qué trabajo desempeña actualmente ni si ha regresado después a las aulas.

Licenciado en Física por la Universidad Autónoma de Barcelona, había trabajado principalmente con Matemáticas y Física en Secundaria. Su descontento no surgió de una única clase difícil. Según explicó, había acumulado discrepancias sobre los contenidos, la evaluación, los recursos y el uso de ordenadores. En su artículo de ARA recordó que suspender asignaturas universitarias y tener que recuperarlas le había enseñado a esforzarse. Desde esa experiencia defendía que equivocarse también podía formar parte del aprendizaje, sin convertir el suspenso en un fracaso irreversible.

La exigencia académica y los suspensos estaban en el centro de sus críticas

Torío situaba la reducción de la exigencia entre sus principales motivos para marcharse. «Ahora se ha demonizado suspender a los alumnos», manifestó a El Español. A su juicio, cuando los estudiantes perciben que aprobarán independientemente del esfuerzo, disminuyen los incentivos para estudiar. También comparó contenidos que recordaba de la antigua EGB con los impartidos al terminar la ESO. Mencionó ecuaciones, problemas y trigonometría para expresar su impresión de que determinados conocimientos se estaban trabajando más tarde que antes.

Su comparación más contundente fue esta: «Un alumno de la ESO de ahora es como uno de Primaria de antes». Se trataba de su valoración como docente, no de una equivalencia oficial entre etapas educativas. La entrevista tampoco aportaba una investigación que permitiera extender ese diagnóstico a todos los estudiantes españoles. Torío vinculaba esa percepción con una sobreprotección que, según él, dificultaba aceptar las malas notas. Su crítica describía cómo vivió la evaluación durante su trayectoria, no una regla que obligara a aprobar a cualquier alumno.

Treinta alumnos y materias fuera de su especialidad aumentaron su desgaste

Otro problema era impartir asignaturas alejadas de su especialización. Aunque se sentía preparado para Matemáticas y Física, contó que también había tenido que enseñar Biología y Tecnología. Aseguró que preparaba las lecciones, pero defendía que cada materia de Secundaria estuviera en manos de especialistas. A ello sumaba grupos de 30 alumnos con necesidades diferentes. Su reclamación no era dejar de atender a quienes necesitaban ayuda, sino disponer de suficientes profesionales para hacerlo sin desatender al resto de la clase.

Los ordenadores terminaron de agravar su frustración. Relató que algunos alumnos utilizaban las pantallas para ver vídeos, escuchar música o comunicarse mientras él explicaba. No cuestionaba únicamente la presencia de dispositivos, sino que su uso compitiera con la atención durante las clases. Pese al desencanto, conservaba recuerdos positivos de su carrera. Entre ellos estaban los mensajes de antiguos estudiantes que agradecían su influencia en su formación. Ese reconocimiento convivía con la sensación de que ya no encontraba las condiciones necesarias para seguir enseñando como deseaba.

El 47 % del estudio no equivale a profesores decididos a marcharse

El informe de EsadeEcPol de marzo de 2025 permite precisar una cifra que acompañó a su historia. Su gráfico recoge respuestas de 2023 a la posibilidad de dejar la docencia si se encontrara otro trabajo similar. El 47 % respondió con indiferencia, el 42 % estaba en desacuerdo y el 11 % estaba de acuerdo. Por tanto, no resulta correcto convertir aquel 47 % en profesores que querían abandonar. Además, eran respuestas sobre una situación hipotética, no dimisiones registradas ni una medición de 2026.

Tampoco todas las trayectorias reflejan el mismo desgaste, como muestra el caso del profesor que seguía enseñando a los 87 años. La investigación ofrece además otras vías para entender qué ayuda a los centros. Un estudio de EsadeEcPol publicado el 27 de enero de 2026 analizó escuelas de Canarias y Cataluña en contextos vulnerables. Entre sus rasgos compartidos identificó estabilidad de los equipos, acompañamiento docente y colaboración con las familias. Ese análisis aporta un contraste al testimonio de Torío: examina las condiciones que favorecen el progreso del alumnado.

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