El agricultor compró el terreno hace más de una década en Bustarviejo. Allí dirige un proyecto de agricultura orgánica que conserva miles de variedades y ha abastecido a restaurantes con estrella Michelin.
Christian González Aceña, agricultor de 46 años e ingeniero técnico agrícola, asegura que rechazó una oferta de 700.000 euros por la finca de Bustarviejo que había comprado por unos 38.000 euros hace más de una década. La propuesta multiplicaba por más de 18 el desembolso inicial, pero decidió conservar el terreno para mantener su proyecto agrícola y dejar un legado familiar.
Su historia ha ganado visibilidad a través de un documental publicado por Goly, en el que explica cómo ha levantado una explotación agrícola a gran altitud en la Sierra Norte de Madrid. En la presentación oficial de La Huerta de Abril, González Aceña se identifica como ingeniero técnico agrícola especializado en agricultura orgánica y señala que el proyecto recibió el nombre de su hija mayor.
La finca se encuentra en Bustarviejo, en una zona situada a más de 1.200 metros de altitud, una ubicación poco habitual para producir tomates, lechugas, pepinos, calabazas, repollos, lombardas, frutos rojos y plantas aromáticas. El frío nocturno, las granizadas y las plagas condicionan un trabajo centrado también en conservar semillas y variedades vegetales.
Por qué rechazó una oferta de 700.000 euros por la finca
Según el relato del agricultor, fue un amigo quien le ofreció 700.000 euros por el terreno. González Aceña decidió no venderlo pese a que la cantidad equivalía aproximadamente a 18,4 veces los 38.000 euros que había pagado inicialmente.
“Yo lo que hago es para dejar un legado a mi familia y a la humanidad”, explica en el vídeo. Su intención es que siga existiendo gente dedicada a cultivar hortalizas y mantener colecciones de semillas. El precio de compra y la oferta proceden de su testimonio y no se ha localizado documentación pública que permita comprobar de manera independiente ambas cantidades.
Su proyecto se enmarca en una agricultura que intenta recuperar variedades locales y acercar los productos directamente al consumidor. Otros cultivos tradicionales también han convertido sus productos en un reclamo gastronómico, como sucede con la ruta del Tomate Huevo de Toro, que conecta a agricultores y restaurantes durante la temporada del tomate malagueño.
La iniciativa de Bustarviejo ha evolucionado desde La Huerta de Abril hasta un proyecto más amplio denominado Nuestras Huertas. Su página oficial sobre la explotación señala que produce más de 210 variedades de verduras y hortalizas libres de agroquímicos y que conserva una colección formada por más de 3.000 variedades vegetales. También desarrolla actividades de formación, venta directa y divulgación agrícola.
Estas cifras no contradicen necesariamente las más de 80 variedades mencionadas por el agricultor en el documental. Pueden referirse a magnitudes distintas, como los cultivos presentes simultáneamente en una parcela, las variedades producidas durante una temporada o el catálogo total de semillas conservadas. La información disponible no permite establecer una equivalencia exacta entre esos recuentos.
Cómo una huerta de montaña abastece a la alta cocina madrileña
Entre los productos cultivados se encuentran tomates gourmet, uno de los principales distintivos de la huerta, además de fresones, moras castellanas, verduras de hoja, coles y plantas aromáticas. La explotación combina una producción diversificada con la conservación de semillas y el cultivo sin agroquímicos, según explica el propio proyecto.
Parte de esa producción ha llegado a establecimientos de alta cocina como Pabú, en Madrid. González Aceña relata que vivió la concesión de la estrella Michelin al restaurante con especial emoción por la relación existente entre su trabajo agrícola y los productos empleados en la cocina.
La conexión entre el campo y la restauración permite que variedades cultivadas a pequeña escala alcancen una visibilidad difícil de conseguir únicamente mediante los canales de distribución convencionales. El agricultor vende además directamente a familias, grupos de consumo, tiendas y visitantes de los mercados organizados en la propia finca.
Nuestras Huertas presenta actualmente el espacio como huerta, mercado, escuela y experiencia para visitantes. La explotación distribuye alimentos directamente a los hogares y mantiene una red de productores ecológicos para complementar su oferta durante las épocas en las que el clima de montaña limita la producción.
El apoyo a la agricultura ecológica también aparece en programas públicos como la Política Agraria Común. Los agricultores pueden encontrar distintos compromisos y líneas económicas, aunque dependen de cada comunidad autónoma, como muestra la información sobre las ayudas para agricultura ecológica incluidas en la solicitud única de la PAC de Extremadura.
Qué aporta la altitud y cuáles son sus límites científicos
El agricultor atribuye parte de las características de sus productos a la elevada altitud y al descenso de las temperaturas durante la noche. Estas condiciones pueden ralentizar determinados procesos de maduración y modificar la composición de algunos cultivos, aunque los efectos dependen de la especie, la variedad, el suelo, el agua disponible y las condiciones de cada campaña.
Una revisión publicada en OENO One estudió cómo la altitud y las condiciones climáticas asociadas afectan a la composición química de las uvas y del vino. Los investigadores analizaron posibles cambios en polifenoles, compuestos aromáticos y otras características, pero advirtieron de la dificultad para separar el efecto de la altitud de factores como la temperatura, la radiación ultravioleta, el agua disponible o el suelo.
Otro estudio sobre radiación UV-B analizó vides cultivadas a gran altura. Sus resultados mostraron que una mayor exposición podía reducir la fotosíntesis, el intercambio de gases, el área foliar, la fijación de carbono y el crecimiento de las plantas estudiadas. Por tanto, una radiación más intensa no genera únicamente beneficios y también puede provocar estrés vegetal.
Ambas investigaciones se centran en uvas y vides. No permiten asegurar por sí solas que todos los tomates, lechugas o frutos rojos cultivados a más de 1.200 metros tengan mejor sabor o una concentración superior de antioxidantes. Sí respaldan que la altitud puede alterar el desarrollo y la composición de las plantas, aunque cada especie necesita una evaluación específica.
Las granizadas y las nuevas plagas que amenazan el proyecto
La continuidad de la explotación ha estado en riesgo en varias ocasiones. González Aceña asegura que dos granizadas sufridas en un periodo de seis años golpearon gravemente la producción y que tuvo que recurrir a una campaña de financiación colectiva para seguir trabajando.
La campaña Asegura una cosecha infinita, publicada en la plataforma Goteo, explicaba que una granizada había destruido aproximadamente el 85% de la cosecha anual. La iniciativa buscaba financiar una estructura de protección con red antigranizo para preservar tanto la producción como la colección de semillas de la huerta.
La propia explotación informó posteriormente del final de la campaña y de las actuaciones emprendidas tras el episodio meteorológico mediante una actualización de La Huerta de Abril.
El agricultor también relaciona el aumento de las temperaturas con temporadas de cultivo más largas y con la aparición de plagas que antes no observaba en Bustarviejo, como la araña roja. Al no emplear agroquímicos convencionales, la prevención, la diversidad de cultivos y el equilibrio entre especies tienen un peso especial en su sistema de producción.
Tras las granizadas y la campaña de financiación, la huerta continúa activa. El reto es proteger los cultivos frente a episodios meteorológicos extremos y nuevas plagas sin abandonar el modelo de agricultura orgánica, venta directa y conservación de semillas que llevó a su propietario a rechazar la venta del terreno.
