Inés Rosales tarda seis meses en formar a cada trabajadora que hace 10.000 tortas al día

Juan Carlos Espinosa explica que dominar el movimiento requiere medio año y una destreza que no todas las aspirantes consiguen desarrollar. Las pantallas del obrador permiten corregir el grosor, el color y la forma mientras avanza la producción.

Las labradoras de Inés Rosales pueden dar forma a 10.000 tortas de aceite por persona y jornada en la fábrica de Huévar del Aljarafe. Juan Carlos Espinosa, director general de la compañía, detalló este oficio en una entrevista difundida el 2 de agosto de 2026. La formación dura normalmente seis meses y empieza con una prueba de habilidad manual. El dato convierte una tarea artesanal en uno de los puntos más exigentes de la producción industrial. Cada pieza llega al horno después de pasar por las manos de una labradora. La información facilitada no anuncia vacantes ni un proceso de contratación abierto.

Una destreza manual que la empresa tarda seis meses en desarrollar

El aprendizaje comienza antes de entrar plenamente en la línea. La empresa intenta detectar sensibilidad en las manos, coordinación y capacidad para repetir el mismo gesto con precisión. «Lo primero que identificamos es si tiene la habilidad», explica Espinosa. El directivo sostiene que existe un componente innato y que no todas las candidatas que desean aprender consiguen alcanzar el ritmo requerido. Esa criba inicial evita prolongar una formación que exige seguimiento diario.

Quienes superan esa primera fase se entrenan durante unos seis meses junto a trabajadoras experimentadas. Algunas avanzan antes, mientras otras dejan de progresar después de tres meses, según el responsable. La meta consiste en desarrollar memoria muscular hasta elaborar la torta sin mirar constantemente las manos. Este aprendizaje interno muestra el peso de la formación en industria alimentaria. Aquí se trata, sin embargo, de una técnica propia y no de una titulación reglada.

Por qué las labradoras siguen siendo decisivas dentro de la fábrica

El trabajo manual no es un acabado decorativo. Inés Rosales señala en su web que las labradoras elaboran a mano cada Torta de Aceite Original. El pliego oficial del producto explica que una máquina divide la masa en porciones iguales, pero el extendido final sigue siendo manual. El documento añade que otro sistema podría exprimir el aceite y modificar las características del producto. El gesto forma parte del propio método de elaboración.

Un reportaje publicado en 2025 describía 16 labradoras por turno y unas 300.000 tortas envasadas cada día. También situaba en seis meses la formación y en el 10% la tasa de éxito del aprendizaje. Esa escala explica por qué la destreza manual puede condicionar la capacidad productiva. El volumen depende de que las trabajadoras mantengan un ritmo elevado sin alterar el tamaño, el grosor o la colocación de las piezas.

Las pantallas corrigen el grosor, el color y la forma de cada torta

A ese ritmo, pequeñas variaciones importan. La línea dispone de pantallas donde las trabajadoras ven el producto y detectan piezas demasiado alargadas. Espinosa explica que las tortas más oscuras suelen corresponder a zonas finas y más caramelizadas. Las más blancas pueden indicar que la masa no se ha extendido suficientemente. La descripción oficial coincide en que las áreas más tostadas corresponden a las partes de menor grosor.

La información visual permite que cada trabajadora corrija su propio gesto sin sustituirlo. La compañía afirma que su control sigue un sistema de Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico, conocido como APPCC, e incluye trazabilidad. Este equilibrio entre técnica y seguimiento también aparece en negocios que mantienen una formación constante en obrador, aunque el sistema de Inés Rosales opera a otra escala.

Un oficio femenino según la experiencia interna de Inés Rosales

El puesto está ocupado exclusivamente por mujeres. Preguntado por esa circunstancia, Espinosa afirma que la empresa no ha encontrado hasta ahora esa habilidad en ningún hombre. La declaración describe la experiencia interna de la compañía y no permite establecer una conclusión general sobre hombres y mujeres. La empresa sitúa el inicio de su historia en 1910, cuando Inés Rosales Cabello comenzó a trabajar con mujeres de Castilleja de la Cuesta. La fábrica se trasladó a Huévar en 1991.

El oficio tiene además un reconocimiento que supera el relato de la marca. La denominación «Tortas de Aceite de Castilleja de la Cuesta» fue registrada en 2013 como Especialidad Tradicional Garantizada en la Unión Europea. El pliego identifica la elaboración manual y el aceite de oliva como sus dos principales elementos diferenciadores.

Los seis meses de formación protegen así un ritmo industrial y un método reconocido cuya calidad final depende de cada mano.

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