Una joven ganadera explica por qué prefiere el campo al trabajo de 7 a 15 como un funcionario

Regresó a Valderrodrigo tras la pandemia para continuar con la explotación familiar, en un sector marcado por la falta de relevo generacional.

Ana Hernández regresó a Valderrodrigo, en Salamanca, después de haber vivido una temporada en Sevilla para ponerse al frente de la explotación ganadera de su familia. Su decisión resulta poco habitual dentro de un sector envejecido: solo el 8,9% de los titulares de explotaciones agrarias en España tiene menos de 41 años, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación recogidos en la información de partida.

La joven defiende una forma de entender el éxito profesional alejada de los horarios de oficina y de la búsqueda de estabilidad mediante un empleo público. Aunque reconoce la exigencia de trabajar con animales y depender de numerosos factores externos, asegura que prefiere dedicar su tiempo a una actividad que le gusta y le permite continuar con el proyecto familiar.

Su trayectoria guarda relación con la de otros jóvenes que han optado por regresar al medio rural. Es el caso de un agricultor de 23 años que dejó sus estudios de Mecatrónica Industrial para incorporarse a la explotación familiar y que también ha advertido de la dificultad para encontrar trabajadores jóvenes.

De Sevilla a Valderrodrigo para continuar con el negocio familiar

La historia de Ana con la ganadería está vinculada a la actividad desarrollada durante años por su padre. Su regreso al pueblo durante la pandemia le hizo plantearse la posibilidad de quedarse definitivamente y asumir la explotación.

La incorporación no partía de una situación sencilla. En 2016, la explotación familiar había sufrido un importante revés por un brote de tuberculosis entre las reses. La familia tuvo que comenzar de nuevo y adquirir vacas procedentes de Francia.

El esfuerzo realizado para recuperar el negocio influyó en la decisión de Ana de ponerse al frente de la explotación en 2020. «No me sentía muy a gusto que, con todo el esfuerzo que le ha costado y todas las trabas que hemos tenido, se dejase perder la explotación o verla en manos de otra persona», explica sobre el trabajo desarrollado por su padre.

Su decisión se encuadra en un fenómeno protagonizado por jóvenes que abandonan las ciudades para desarrollar proyectos personales en pueblos pequeños. Algunas experiencias muestran cómo empezar una vida en el campo puede estar relacionado con la agricultura, la autosuficiencia o la recuperación de viviendas y actividades rurales.

Un trabajo sin horarios fijos que le permite hacer algo propio

Uno de los aspectos que Ana valora especialmente es la posibilidad de gestionar una actividad propia y enfrentarse cada jornada a situaciones diferentes. «El hecho de que sea algo tuyo, que cada día es diferente, no es una oficina, no es algo metódico», señala durante el reportaje.

La ganadera también cuestiona la idea de que el éxito profesional tenga que estar necesariamente relacionado con un empleo público y un horario estable. «Todo el mundo piensa que triunfar es hacerte funcionario y trabajar de 7 a 15 horas, yo prefiero trabajar todo el día y dedicarme a algo que de verdad me gusta y me llene», afirma.

Su jornada puede extenderse durante todo el día y está condicionada por las necesidades de los animales. Aun así, la autonomía y la satisfacción de conservar la explotación familiar pesan más para ella que las ventajas asociadas a un horario fijo.

El relevo generacional continúa siendo uno de los principales desafíos del sector. El Ministerio de Agricultura mantiene iniciativas como el Programa Cultiva para facilitar estancias formativas de jóvenes agricultores y ganaderos en explotaciones modelo. Las convocatorias priorizan, entre otros perfiles, a quienes se han incorporado recientemente y a las mujeres profesionales del sector.

Las mujeres continúan siendo minoría al frente de las explotaciones

El caso de Ana también refleja la menor presencia femenina en la titularidad de las explotaciones. El Censo Agrario de 2020 contabilizaba 252.415 mujeres entre las 789.103 personas titulares, alrededor del 32% del total.

El propio Ministerio de Agricultura reconoce que numerosas mujeres trabajan en explotaciones familiares sin aparecer oficialmente como titulares. Para mejorar su reconocimiento profesional se aprobó la Ley 35/2011, de 4 de octubre, sobre titularidad compartida de las explotaciones agrarias.

La continuidad de las explotaciones familiares también puede tener efectos sobre el mantenimiento del territorio. En Santiago-Pontones, por ejemplo, el pastoreo de 70.000 ovejas se utiliza para reducir la vegetación combustible, mejorar la viabilidad de las ganaderías y favorecer la permanencia de población joven en el municipio.

La tuberculosis bovina mantiene la incertidumbre en la explotación

La tuberculosis bovina continúa siendo una de las principales preocupaciones para la familia. Ana explica que una explotación puede tener planificadas sus cuentas, inversiones y necesidades, pero un problema sanitario puede alterar todas las previsiones.

«Lo puedes tener todo planificado, tú haces tus cuentas y dices “hasta aquí puedo llegar, de esto tengo que quitar, de esto tengo que ampliar”, pero que venga un mosquito volando… eso es como las tormentas o el pedrisco para los agricultores, te toca y te toca», lamenta.

El Ministerio de Agricultura publica los informes técnicos anuales, los datos epidemiológicos y el Programa Nacional de Erradicación de la Tuberculosis Bovina. Este programa establece las actuaciones de vigilancia, control y erradicación de la enfermedad en España.

La historia de Ana muestra las dificultades que rodean al relevo generacional agrario, pero también la decisión de una joven de mantener una actividad familiar. Para ella, triunfar no depende únicamente del horario o de la estabilidad laboral, sino de poder trabajar en algo que considera propio y satisfactorio.

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